Esta es tu casa!

Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.

Cuidado con descuidar los tesoros de Dios: tendrás que verlos florecer en otras partes.

Homilía o312003a, predicada en 20121106, con 4 min. y 59 seg.

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Transcripción:

En la parábola que nos presenta San Lucas en este capítulo número catorce de su Evangelio, es decir, el texto que sirve para la Eucaristía de hoy, encontramos trenzadas como dos enseñanzas. La primera tiene que ver con esa ironía los que primero fueron invitados y los que tenían entonces ese lugar tan especial en la mesa del banquete, al final lo perdieron. Esa es una parte. Y la segunda parte es hay una variedad inmensa en la sala del banquete. Todo tipo de personas. Ese banquete alude al Reino de Dios y Jesús nos está enseñando sobre lo que significa el Reino. Así que debemos interpretar estas dos, estas dos enseñanzas desde ese ángulo. Primero, que hay gente que fue invitada para que ocupara ese lugar de honor. Unos que fueron los primeros invitados, rechazaron. Y esto tiene que ver dolorosamente con el mismo pueblo de Israel, con el mismo pueblo elegido.

Parece que debemos relacionar esta parte de la enseñanza con lo que dice por ejemplo, el capítulo primero del Evangelio según San Juan: vino a los suyos y los suyos no le recibieron. O también lo que nos enseña San Pablo en la Carta a los Gálatas, y especialmente en la Carta a los Romanos. Cuando muestra que en el pueblo mismo de Dios, en el pueblo que él se había escogido, se da como una semilla de rebeldía, de rechazo, y esa semilla de rechazo hace que los que debían entrar de primeros entren, según anuncia San Pablo prácticamente al final. De hecho, Pablo dice: que una de las señales de que llega el fin de los tiempos es la conversión masiva de los judíos hacia Cristo. Así que ese pasaje, esa parte, debemos relacionarla en primer lugar con el pueblo de Israel.

Pero cuidado, que lo mismo nos puede pasar a nosotros también nosotros podemos creernos muy dueños de los tesoros de Dios, los tesoros de su amor y luego resulta que empezamos a perder. Por ejemplo, no es verdad que nosotros católicos a menudo descuidamos nuestros tesoros por decir algo. La lectura de la Palabra de Dios es un tesoro que nos pertenece y lo tenemos descuidado. La predicación misma de la bondad de Dios y la predicación de su juicio. El segundo retorno de Cristo. Esto es propio de nuestra fe católica, pero nos vamos descuidando en una serie de temas. Y entonces, dolorosamente vemos que en otras confesiones cristianas no católicas con un mensaje incompleto, se pretende como despertar celos en nosotros. Yo creo que Dios está recordándonos ahí la parábola del Evangelio de hoy y nos está diciendo: No descuiden nada, no descuiden nada de mis tesoros, porque si no yo tendré que dárselo a otros, y ustedes tendrán que ver con celos y con tristeza que han perdido. Podrían recuperar, pero han perdido mucho. Y luego maravillarnos ante la abundancia, ante la variedad de gente que entra en el Reino de Dios, todo tipo de personas.

Pero en este segundo mensaje, lo esencial es darnos cuenta que Dios, cuando parece ser rechazado, arroja de manera más amplia, arroja más lejos la red, porque en verdad su amor es incomparable, su misericordia no tiene fronteras.

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