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Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.
Jesús nos enseña que la fe misma, así como la obra de la gracia, es un proceso donde hay un comienzo, un recorrido y una meta; y en ese recorrido debemos perseverar, levantarnos si caemos.
Homilía o302010a, predicada en 20241029, con 6 min. y 41 seg. 
Transcripción:
Podemos decir que el título de esta homilía es Confianza en el proceso. Proceso indica esto que estoy haciendo ahora. Por eso también se utiliza la palabra procesión, proceso, avance, camino paso a paso. Confianza en el proceso. Hago referencia al Evangelio de hoy. Cristo nos habla del proceso que se da, por ejemplo, cuando una semilla empieza a crecer y se va convirtiendo en una planta, en un arbusto, después quizás en un árbol gigantesco. O el proceso también muy humilde, que empieza con un poquito de levadura que se va mezclando con la masa y se va amasando, amasando y luego eso empieza a crecer y es la oportunidad para que tengas delicioso pan, un proceso.
Básicamente, lo que Cristo nos está enseñando hoy es que la fe misma, la obra de la gracia, es un proceso. Ese proceso lo menciona la Biblia con varias comparaciones que quiero recordar junto con ustedes. Por ejemplo, en el libro del Deuteronomio encontramos una imagen llena de ternura. Dice Moisés, bueno se atribuyen a Moisés estos libros de la Biblia. Dice el autor sagrado, Dios te ha llevado por el camino. Como un papá lleva a su hijo. Es un camino, es un proceso. Otro ejemplo cuando Cristo llamó a sus apóstoles y en general cuando llamó a los discípulos, utilizó también un verbo de movimiento. Y ese verbo es seguir. La gran invitación de Cristo a sus discípulos siempre fue sígueme. Y sígueme es camina conmigo. Haz camino conmigo. No significa que ya llegaste. No significa todo está resuelto, no. Significa hay que caminar. Pero para llegar hay que empezar. Y ese es el proceso. El proceso requiere que entendamos que hay un comienzo, que hay un recorrido, que hay una meta. Es un proceso.
Ese proceso muchas veces nosotros lo miramos con impaciencia. Muchas veces nosotros quisiéramos que las cosas se dieran ya. Que todo funcionara ya. Amamos esos relatos de conversión, como el de San Pablo, que parece que fue algo instantáneo. El hombre quedó totalmente transformado cuando iba en ese camino hacia Damasco. Pero fíjate que el mismo Pablo, cuando escribe a los Gálatas, dice que él, después de unos primeros días en que estuvo compartiendo su testimonio, él tuvo que retirarse al desierto. De alguna manera, tuvo que recomponer toda su vida. Tuvo que rehacer todos sus esquemas porque llevaba muchos años pensando en clave no solamente judía, sino farisea. Su mente estaba entrenada para atacar la fe, para atacar la fe cristiana. Entonces él tuvo que hacer un proceso. Eso se nos olvida. Nos fijamos mucho en la escena de Damasco, pero se nos olvida que el mismo Pablo también tuvo que vivir todo ese proceso de cambio.
A veces no tenemos paciencia con nosotros mismos. A veces no tenemos paciencia con los demás. Y el grave peligro de la persona que pierde la paciencia es que abandona el proceso. Hay personas que dicen pero yo para qué me confieso, si siempre estoy repitiendo lo mismo. Hay personas que dicen he intentado leer la Biblia cuatro o cinco veces. Ay no, luego me cansa, no entiendo y lo dejo. Hay personas que dicen yo he tratado de entrar a las comunidades, a los grupos de mi parroquia, pero siempre llego y me empiezo a encontrar con gente hipócrita y me empiezo a encontrar con gente que no me convence y entonces me retiro. Estás arruinando el proceso.
¿Y cuál es entonces el secreto? El secreto está en una palabra que Cristo también dice y que también está en San Lucas. Ya que estamos leyendo a Lucas en estas semanas finales del tiempo ordinario. Dice Cristo en el Evangelio de Lucas. El que persevere hasta el final se salvará. Hay una frase que se atribuye a san Josemaría Escrivá que dice: Un santo es el que lo siguió intentando. Tú crees que los santos no tenían caídas, problemas, contradicciones, retrasos. Muchas veces avanzaban y retrocedían. Tenían sus retrocesos, pero hay que seguir el proceso. Y en ese proceso, en ese aprender, en ese volver a levantarse, en ese perseverar, está el secreto del Dios que te va dando la mano y que así como te levanta, te enseña. Porque muchas veces en las caídas aprendemos cosas maravillosas. En las caídas aprendemos los secretos de la humildad, los secretos de la misericordia, no solo con nosotros, sino con los demás. Confía en el proceso. Es decir, no te detengas. Confiar en el proceso no es estacionarse uno y decir pues aquí me quedo. Eso es abandonar el proceso. Sigue, sigue caminando, sigue levantándote, sigue orando, sigue batallando, sigue dando testimonio, sigue siendo una página de Dios por los caminos de esta tierra. Amén.

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