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Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.
Para los que son de Cristo y conocen su amor y su poder, hay una ruta para la pareja: el varón está llamado a ser como Cristo para su esposa, y ella, sabiéndose así amada, hará bien en rendirse al amor.
Homilía o302008a, predicada en 20201027, con 25 min. y 8 seg. 
Transcripción:
Mis hermanos, la carta a los Efesios es todo un tratado de la vida cristiana. Para ser cristiano uno necesita dos cosas; profundizar en lo que Cristo hizo y después ver qué quiere decir eso en mi vida. Se lo digo tal vez un poquito más sencillo. Ser cristiano es aprender y aplicar. Aprendemos cuando nos sumergimos en el misterio inagotable, bellísimo de Cristo, que a su vez nos revela quién es Dios, quién es el hombre, para qué es la creación. Eso es aprender. Pero el que se queda solo aprendiendo no es todavía verdadero cristiano. Es necesario aplicar. ¿Aplicar qué es? ver eso que Dios me muestra en Cristo, que tiene que ver con mi vida, que debe cambiar en mi vida y cambiarlo, pero ya no solos, sino precisamente con la presencia y con la gracia del mismo Cristo. Ser cristiano es aprender y aplicar, ¿y cuantas veces hay que aprender y aplicar? pues toda la vida. Cada circunstancia en la que vamos entrando nos invita otra vez a levantar los ojos y aprender de Cristo, y después volver nuestra mirada hacia nuestro propio corazón y aplicar eso que Cristo nos ha dado. Por eso ser cristiano no es algo que uno termine. Por ejemplo, cuando ya recibió la primera comunión o recibió la confirmación, no. Ser cristiano es algo que vamos aprendiendo y realizando, aprendiendo y aplicando todos los días.
Por ejemplo, si alguna vez me encuentro en una grave enfermedad, algo que no me había pasado nunca, pues voy a necesitar aprender de Cristo, cómo vivir ese momento y voy a necesitar aplicar a partir de Cristo en mi vida lo que Él me muestra. Otro ejemplo, una persona que yo quería mucho me decepcionó. Tengo que aprender de Cristo, cómo se vive una decepción y tengo que aplicar en mi vida lo que Cristo me enseña. O relacionado con la primera lectura de hoy. Una persona siente amor. Una persona se enamora y esta persona enamorada ¿qué tiene que hacer si es cristiano? Pues tiene que volver sus ojos hacia Cristo para saber qué es enamorarse en cristiano, qué es enamorarse según Cristo, según la enseñanza que Él como Palabra de Dios nos trae a nuestra vida.
¿Y por qué le tenemos tanta confianza a Cristo como para hacer comparecer ante Cristo todas las dimensiones de nuestra vida? ¿Por qué eso? Porque hemos conocido a Cristo. Hemos conocido de su amor, hemos conocido de su poder, hemos conocido de su bondad, hemos conocido de su pureza. Precisamente por ser Él quien es, por todo lo que ha hecho por nosotros, por eso nosotros hacemos comparecer ante Cristo todo lo que nosotros somos y tenemos. Si Cristo no fuera quien es, nosotros no le presentaríamos así nuestra vida. Pero como Él se ha manifestado fuente de toda gracia, amor purísimo que nos salva, nosotros tenemos nuestra plena confianza en Él. ¿Sabes cómo se llama eso? Eso se llama proclamar el Señorío de Cristo. Empecé a ganar dinero, tengo un buen trabajo. Mi dinero lo hago comparecer ante Cristo. Conoces bien ese verbo comparecer. Lo hago comparecer ante Cristo, aquí está este dinero ¿qué debo hacer yo con este dinero?
Una persona me ama. Yo amo a alguna persona. Tengo que poner ante Dios esa relación. Eso es lo que nos está diciendo la primera carta. La primera lectura de hoy de la Carta a los Efesios. Por supuesto, si una persona no conoce a Cristo. Si una persona no ha proclamado a Cristo en su corazón como su verdadero Rey y Señor. Si la persona no tiene a Cristo como su verdadero Señor. Cuando lee estas palabras, empieza a burlarse y a blasfemar y a decir estupideces, porque no tiene a Cristo como Señor, porque no lo conoce. Pero el que conoce a Cristo como su Señor, el que reconoce a Cristo como Señor, mira estas palabras y encuentra en ellas una luz muy grande, porque son palabras que nos hablan de cómo ha de ser la relación de amor entre el hombre y la mujer. Y partamos de esa base, es una relación de amor entre hombre y mujer, porque así está originalmente en el plan de Dios.
Bueno, ¿y qué pasa con las personas que tienen otro tipo de deseo, otro tipo de gusto? Hoy se habla mucho de orientaciones sexuales. Pues es que cuando uno hace comparecer ante Cristo, lo que uno es, uno tiene que estar perfectamente dispuesto a que no todo lo que a mí me parece, no todo lo que a mí me gusta, Cristo tiene que admitirlo. Hay cosas que a mí me pueden gustar y que sin embargo, no son del agrado de Dios. Por favor, no nos concentremos solo en el tema sexual. Hay gente que entroniza la sexualidad como diciendo lo que es sexo es intocable. Nuestra sociedad ha convertido la sexualidad en un nuevo sagrado intocable. Se habla mucho de que tal tema es tabú, pero tabú quiere decir que no se puede tocar ni alterar ni nombrar. Y así estamos prácticamente con la orientación sexual. Eso no se puede tocar, eso es así, eso se queda así para siempre. ¿Por qué? Es un deseo que la persona tiene y ese deseo, como todos los deseos, tiene que comparecer ante Dios.
Le hago esta comparación. Imaginémonos un hombre que está casado y este hombre en su trabajo, o en su barrio o donde sea, conoce una mujer y esa mujer le parece extraordinariamente bella, dulce, atractiva y después ya le parece bella, atractiva y después le parece atractiva, pero muy atractiva, pero requete atractiva. Y empieza a obsesionarse con esa mujer. Si ese hombre pone ante Dios ese deseo que tiene por esa mujer, que le tiene que decir Cristo a este hombre casado. Eso es lo que sucede cuando uno pone sus deseos ante Cristo. No todo lo que a mí me guste, Cristo me lo tiene que aprobar. Y pueden ser deseos muy profundos. Hay personas que tienen un deseo de venganza muy grande. Hay una zona de Colombia. Prefiero no nombrarla, pero yo he estado ahí, he hecho misión. Ahí hay una zona de Colombia que se caracteriza por la venganza, las venganzas entre familias. Es una cosa terrible, terrible. Si alguien de otra familia atacó a mi familia, es mi deber ir allá. Mi deber es ir allá y matar a otro. Aquí nos mataron a uno. Allá vamos y matamos a otro. Y en esa región de Colombia se han presentado casos de familias donde ya llevan veinte y veinticinco muertos de cada lado. Y tiene que seguir la sangre, tiene que correr porque yo tengo ese deseo de venganza. No todos los deseos del corazón tiene que aprobarlos Dios. Precisamente, si yo he conocido a Cristo, yo tengo la certeza de que sólo Cristo es el que puede decir cuáles de mis deseos, finalmente son gratos al Señor y cuáles no son gratos. No todo lo que yo desee.
No sé si ustedes han conversado alguna vez con una persona que tenga una inclinación de pedofilia, de pederastia. La persona siente un tremendo deseo sexual hacia los menores de edad, lo siente y le preguntas tú y dice no, es que yo esto lo he sentido toda la vida. Entonces Cristo le tiene que aprobar eso. Entonces date cuenta los deseos de nuestro corazón, hayan llegado de donde hayan llegado, pueden venir de la genética, la familia, ponlo como quieras. La historia de la persona, venga de donde venga el deseo, todo deseo debe comparecer ante Dios. Y todo deseo es todo deseo. Deseo económico, deseo de reconocimiento, deseo de dinero, deseo de poder o deseo sexual o el que sea. Todo deseo debe comparecer ante Dios. Si usted no tiene ese criterio, si usted no tiene esa manera de ver las cosas, que no es otra cosa, sino proclamar a Jesús como Señor, si usted no tiene ese criterio, usted no entiende esta palabra de San Pablo en la carta a los Efesios, Capítulo Quinto, no lo entiende.
Quizás con un poco de análisis racional antropológico, usted puede llegar a comprender un poquito algunas cosas, pero la verdadera comprensión de este pensamiento requiere que usted, en primer lugar, haya encontrado a Jesús como su Señor. ¿Y qué pasa cuando se encuentra a Cristo como Señor? Pues usted descubre dos cosas. Usted descubre que Cristo lo dio todo, todo, absolutamente todo, hasta la última gota de su sangre lo dio todo. ¿Por quién? por todos nosotros. Todos nosotros ¿quiénes? la Iglesia. Porque no trabajó Cristo únicamente por éste o por éste o por éste, sino para que nosotros nos pudiéramos reunir como los hijos de Dios dispersos. Por eso dice San Pablo amó a la Iglesia y se entregó por ella.
Entonces, si usted conoce a Cristo, usted conoce ese nivel de entrega de Cristo ¿y sabe qué fue lo que nos dijo San Pablo en la lectura de hoy? Si puso cuidado, si se dio cuenta lo que dijo Pablo con respecto a Cristo. Dijo así, como Cristo se entrega, así tiene que entregarse el hombre a su esposa. Dígame si eso es fácil o es difícil. Dígame qué le queda al hombre si él tiene que darlo todo por su mujer, si tiene que darlo todo por su familia. Ese es el mensaje de Pablo. Ahora dime tú cómo se entiende eso sin Cristo, no se entiende. A lo que llega el mundo, ¿sabes a qué es? a lo que el mundo llega es al cincuenta cincuenta. Entonces tú haces una parte, yo hago otra parte. Tú y yo. Y yo y tú. No, nuestra fe cristiana es mucho más audaz. Nuestra fe cristiana le apuesta al todo. Nuestra fe cristiana le dice al varón, dentro de la relación usted lo entrega todo, todo lo tiene que entregar como Cristo.
Le leo nada más una o dos frasecitas de lo que nos dijo San Pablo para que usted vea. Él se entregó a sí mismo por ella para consagrarla, purificándola con el baño del agua y la palabra, y para colocarla ante si gloriosa, la iglesia sin mancha ni arruga. Imagínese ese grado de entrega que debe tener el esposo para con la esposa. Imagínese ese grado de entrega. A mí me llama mucho la atención ese verbo de consagrarla y purificarla. Evidentemente toda mujer, lo mismo que todo ser humano, tiene realidades de su pasado, realidades que pesan en su conciencia, dolores o heridas que trae de su casa paterna. Toda mujer, lo mismo que todo ser humano, trae cosas de su pasado. Entonces un buen esposo, un esposo, según la mente de San Pablo, ¿cómo debe ser? el esposo según la mente de San Pablo debe pensar, la mujer que me ha llegado no es perfecta. Yo debo ayudar a que aquello que viene del pasado, de ella y que pesa sobre ella en su conciencia, en su salud, en su corazón. Que eso que viene del pasado de ella, se desprenda para que ella sea libre, para que ella quede sin esas manchas o arrugas. Hoy la gente se obsesiona con las manchas y las arrugas de la cara del cuerpo. Viven untándose cremas, haciéndose masajes, echándose menjurjes grandes y pesadas capas. Pero Pablo aquí no nos está hablando de las grandes y pesadas capas para tener un cutis inmaculado, sino para tener un corazón realmente limpio.
Eso es lo que tiene que entender un cristiano cuando lee esto. Por eso, cuando un muchacho dice no, yo me quiero casar. Piénselo, hermano. Piénselo. Piénselo bien. Tiene que pensarlo. ¿Por qué lo tiene que pensar tanto? Pues piénselo. Piénselo muy bien, porque a usted le toca hacer Cristo, hermanito, usted le toca ser Cristo y la persona que va a llegar, esa persona, esa dama que va a llegar, no llega perfecta. A usted le toca trabajar, hermanito. Fíjese que aquí no estoy hablando de ninguna región de la mujer, simplemente estoy diciendo venga de donde venga le va a tocar, usted va a tener tarea, eso sí, le va a tocar. Usted tiene tarea porque tiene que purificarla y tiene que consagrarla.
Y ahora sigo. Supongamos que un muchacho, vamos a pensar, un muchacho debe existir algún muchacho así tiene que existir en la tierra. Supongamos un muchacho que toma en serio la fe cristiana. Y el muchacho dice sí, yo quiero eso, yo quiero entregarme. Fíjate, se entregó a sí mismo, amó a su Iglesia. Imaginémonos un muchacho que sea de verdad cristiano, pero un tipo cristiano, como se dice, pero de verdad cristiano. Ese muchacho qué tiene que decir, tiene que decir yo me voy a entregar totalmente a ella, porque yo quiero lo mejor para ella, porque yo quiero que ella brille, porque yo quiero que toda la belleza que hay en ella, que todo lo que Dios quiso para ella florezca. Eso es enamorarse, en cristiano es eso, enamorarse no es yo la deseo, estoy obsesionado por ella. No, eso no es así. Enamorarse es yo quiero que ella brille, yo quiero que todo lo que Dios quiso para ella, que todo lo que Dios quiso para ella florezca, eso es enamorarse. Pero el que no conoce a Cristo, qué va a entender de esto. No entiende nada.
Supongamos que existe un sujeto de esos. Vamos a suponer, pongámoslo como hipótesis, que existe un sujeto de esos. Y supongamos que una mujer se encuentra con un sujeto que la ama así. Yo sé que esto puede parecer casi un cuento de hadas. O sea, imagínese que usted se encuentra con un hombre así, que usted es mujer y se encuentra con un hombre que la ama. De tal manera que usted dice este señor realmente me ama y me ama tanto, pero tantísimo que se parece a la manera como Cristo me ha amado y me ama tantísimo que lo que más quiere él conmigo es que pueda yo florecer, que todo lo que hay en mi corazón, que todo lo que hay en mí pueda brillar, eso es lo que él quiere. Pregúntele usted a una mujer, una mujer, así que sea de cierta confianza, que se sincere. Pregúntele a una mujer si ella le puede pedir algo más a la vida. Pues hablando en el plano natural, si ella le puede pedir algo más a la vida que un hombre que la ame así. Y ahora pregúntele a esa mujer si esa mujer sentiría ganas de independizarse de ese hombre. Me voy a independizar del hombre que más me ha amado, del hombre que me ama. Mejor dicho, es que entre el amor de Cristo y el amor de este caballero hay poca diferencia. Y es que yo siento que me ama con amor de Cristo. Usted cree que esa mujer quiere independizarse de ese hombre. Usted cree que esa mujer dice yo haré mi vida y cuando necesite veré que hago con él. Esa mujer siente, si llega a encontrar a un hombre así, que es posible que exista. Si esa mujer llega a encontrar ese hombre así, esa mujer no quiere otra cosa sino estar junto a él. Descubre de tal manera amor en él, que eso es lo que nos dice San Pablo. Ríndete al amor. Eso es lo que dice San Pablo. A ver cómo se dice rendirse. Eso se entiende mejor en la lengua árabe. Pero no sé las palabras en árabe. Yo lo que sé es que la palabra musulmán quiere decir precisamente eso el que se ha rendido, el sumiso. La sumisión y el rendirse son una misma cosa, en la lengua árabe. Pues bien, de eso es de lo que se trata aquí sin ser musulmanes. Ríndete al amor. Si encuentras un amor así, ríndete a ese amor. Esa es la explicación de la frase de San Pablo cuando le dice a la mujer sean sumisos.
Entonces de una vez salen las feministas, que no sé por qué hay tanta feminista fea. Bueno, ese es un misterio que no vamos a aclarar hoy. Sale de una vez la feminista puño en alto, la Biblia contra la mujer. Nosotras contra la Biblia. Si una mujer de esas llegara a encontrar, si una mujer de esas llegara a encontrar de verdad un amor de estos. Primero el amor de Cristo, es que sin Cristo te repito, nada de esto se entiende. Si una mujer de esas llega a encontrar el amor de Cristo, y si una mujer de esas llegara a encontrar un hombre que la ama así, yo estoy seguro de que ella se rinde al amor. Hay una frase y con esto termino y una frase del Cantar de los Cantares que me fascina. Me parece lo más romántico que he oído, con perdón de los poetas. Gustavo Adolfo Bécquer se quedó cortico. Me hace el favor. Lo más romántico que he leído lo he leído en la Biblia. Mire esta frase que dice la novia en el Cantar de los Cantares defiéndanme, dice ella, defiéndanme porque me atacan con flechas de amor. Eso es lo más bello, eso es lo más hermoso en términos de romance, de romanticismo. Eso es lo más hermoso y está en la Biblia. Búsquelo, no lo va a encontrar tan fácil porque no es cita textual, pero usted seguramente con diligencia lo puede encontrar. Y en otra parte dice desfallezco de amor. Es que eso es lo que tiene el amor. El amor hace que uno se rinda.
Entonces lo que está diciendo San Pablo no es tan raro. Lo que está diciendo es cuando usted encuentre amor pero amor, amor. Amor, como el de Cristo, que es el diccionario y la referencia de amor. Cuando usted encuentre amor de esos, ríndase. Eso es lo que está diciendo Pablo, ríndase. Y bueno, pues a lo largo de los años de vida religiosa y de sacerdocio y los años de vida que tengo, he conocido, por supuesto, muchas mujeres de distintas edades y condiciones. Y yo puedo decir me atrevo a hablar en nombre de la mujer. No puede haber algo más bello para una mujer que encontrar verdadero amor y decir ahora sí me puedo rendir a este amor. Porque el día que la mujer se rinde al amor es el día que dice no me tengo que defender. Cuando una mujer no se rinde al amor, en el fondo lo que está diciendo es cuidado, cuidado, cuidado. Todavía no se puede. Este tipo puede ser peligroso. Cuidado con esto. No hay nada más bello que sentir uno, ya no tengo que cuidarme. Ya no tengo que protegerme. Estoy ante la presencia misma del amor. Me rindo. Ese es el sentido de Pablo. Es algo demasiado hermoso.
Entonces, ¿qué necesitamos? que más hombres y más mujeres se encuentren con Cristo. Y muy particularmente necesitamos que esos hombres así rendidos ante Cristo, hagan comparecer todo lo que tienen en su corazón frente a Él. Hacer comparecer ante Cristo todo lo que tienen en su corazón, implica, por supuesto, aceptar todo lo que Cristo dijo. Por eso yo veo muy difícil una relación de una mujer con un hombre que no tenga todo lo que Cristo dijo e hizo en su corazón. Y eso incluye, por supuesto, la Iglesia misma, los sacramentos. Pero bueno, uno respeta a todo el mundo. Yo lo que digo es que una relación con un hombre que no tenga Cristo entero así en su corazón, yo realmente no garantizo nada ahí. Si es cristiano y no tiene a Cristo entero en su corazón en términos de sacramentos, en términos de Eucaristía, en términos de confesión, en términos de Iglesia, quiere decir que la mentira ha tenido mucho poder en el corazón de ese hombre, y es posible que sea un buen protestante. Pero la mentira ha tenido mucho poder en ese corazón. Y para mí ese es un ingrediente muy preocupante. Pero bueno, en todo caso, mi Dios va haciendo su obra. La gran invitación es conocer y amar a Cristo. Que Cristo se convierta en el criterio de nuestra vida y que apliquemos lo que Cristo nos da en cada área de nuestra existencia. Amén.

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