Esta es tu casa!

Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.

Jesús no da una descripción detallada ni tampoco una serie de instrucciones precisas sobre el Reino de Dios. ¿Por qué?

Homilía o302003a, predicada en 20121030, con 23 min. y 52 seg.

Click derecho para descargar versión MP3

Transcripción:

Hay días en que la continuidad o parecido entre las lecturas permite seguir fácilmente un tema. Pero hoy estamos en la situación contraria. La lectura primera, tomada de la Carta a los Efesios, nos habla de la unión entre el hombre y la mujer y la unión entre Cristo y la Iglesia. Y la primera lectura y el Evangelio, me corrijo, nos habla de un par de comparaciones sobre el Reino de Dios. Entonces no parece que haya demasiado en común. Pero sí hay algo que se encuentra en común. En el Evangelio me llama la atención que Jesús hable de a qué se parece. A qué se parece. No dice qué es, sino dice a qué se parece. Es una aproximación. Es un boceto. ¿Por qué el Reino de Dios tiene que ser descrito con aproximaciones, con parábolas, con enigmas, con bocetos? ¿Por qué Jesús dice tantas veces el reino se parece? Y nunca dice Mire, el reino consiste en esto, esto y esto. ¿Cuál es la diferencia entre esos dos modos de lenguaje? El modo del ser y el modo del parecerse.

¿Qué clase de cosas se describen a través de comparaciones y qué clase de cosas pueden describirse en términos de características y de cómo son? Uno utiliza comparaciones cuando tiene que hablar de una realidad que es lejana a la persona que escucha. Vamos a suponer alguien que ha vivido siempre en su lugar, en su pueblo y ese pueblo, como es el caso de Castilla, pues tiene agua, hay ríos, quizás alguna laguna, pero no el mar. Supongamos que tuviéramos que describir a una persona que no ha visto ni fotografías ni videos del mar. Tenemos que describirle lo que es el mar. Entonces, como hay una parte de esa experiencia que es ajena a lo que la persona ha vivido, tenemos que tomar lo que sí ha vivido y extenderlo, o como se dice más técnicamente, extrapolarlo. Quizás hablaríamos de una laguna que la persona conoce y diríamos mira, es como eso, pero pero más grande se parece pero es mucho mayor. O tal vez apelaríamos al agua del río. Un río grande que la persona haya conocido. Se parece a esto, pero es mayor. O sea que una razón por la que parece que Cristo utiliza el lenguaje de lo que se parece es porque nosotros no tenemos una experiencia directa, inmediata del Reino. Eso parece ser una causa.

Es decir, nosotros no tenemos un acceso directo a lo que es el Reino de Dios. Y a través de estas comparaciones entonces vamos descubriendo de qué se trata. Pero también hay otro modo de examinar este asunto, y es que cuando se describe cómo es algo y se describe qué se espera de uno en ese algo. Es decir, las instrucciones están claras y el control queda en uno. Míralo de esta manera. Cuando a uno le dan instrucciones, cuando a uno le explican lo que esperan de uno, pues hay que ser precisos. ¿Es el Reino de Dios algo que se pueda describir con esa precisión y algo que reclame de nosotros esa clase de instrucciones precisas? Pues parece que no, no es tan preciso lo que dice Cristo de lo que se espera de nosotros. Por ejemplo, en el Evangelio de Juan, capítulo sexto le hicieron una pregunta muy concreta Bueno, ¿cuál es la obra que tenemos que hacer para agradar a Dios? ¿Qué es lo que hay que hacer? Y responde a Jesús. Lo que hay que hacer es que ustedes crean en el enviado. Queda uno como un poco en la penumbra. Bueno, hay que creer en el enviado.

Pero no tiene la precisión que en cambio sí tiene otra parte de la Biblia, en concreto la ley. La ley sí que es muy precisa. Por ejemplo, en la descripción de cómo tiene que ser el culto. Agarras el animal que será una vaca roja para más señas. Tomas una vaca roja y entonces la matas. La sangre no la revuelvas. La sangre va aparte. Luego cortas, luego quemas una parte, luego comes otra, luego te sientas luego. Son instrucciones precisas. Y a uno le gusta escuchar instrucciones precisas. ¿Qué es lo que se espera de mí? Pues que una vez al año, como soy el sumo sacerdote, tengo que entrar. Y entonces derramo unas gotas de sangre sobre el propiciatorio. Digo estas oraciones. Ofrezco el incienso. Salgo eso instrucciones. Pero ¿cuál es el precio de lo preciso? ¿Cuál es el precio de dar instrucciones precisas? ¿Cuál es el precio de la ley? La ley de Moisés. Resulta que cuando las instrucciones son precisas. Como las de la ley de Moisés. Y aquí aparece con toda claridad en la ley Esto está lista. Lo bueno está lista lo malo. Haga esta lista, la de lo bueno. No haga esta lista, la de lo malo. Eso parece muy bueno, muy saludable, muy practicable. Pero no sirvió. Lo preciso no sirvió porque el problema de lo preciso es que deja finalmente todo el peso y la posibilidad de éxito en el querer humano.

Una vez que está claro ¿qué es lo que yo debo hacer? entonces el resultado depende de mi, yo lo controlo, queda en mi poder. Y el problema está en que lo más enfermo del corazón es el querer, el decidir y el actuar. Como lo más enfermo del corazón humano es la voluntad, y como las leyes precisas terminan dejando todo en manos de la voluntad, pues ahí vamos a tener problemas. Si se puede dejar todo bien claro, bien clarito, clarito, con la claridad, por ejemplo, de los diez Mandamientos. No mientas, no envidies, no forniques, no calumnies. Honra a tu padre y a tu madre. Es decir, si se da toda la lista precisa. Pero una vez que la lista está precisa, todo el peso del bien queda sobre los hombros de aquél que tiene que obrar ese bien. Y entonces todo termina dependiendo de un corazón que tiene que desear el bien de un corazón, que tiene que apasionarse por el bien de un corazón que tiene que vencer todo obstáculo para alcanzar ese bien. De un corazón que no debe rendirse hasta llegar a ese bien. Eso es pedirle demasiado al corazón humano que está herido por el pecado, el corazón que se cansa, el corazón que es inconsecuente. No dice la Escritura: nada más falso y enfermo que el corazón. ¿Quién lo entenderá? No dice la Escritura: Maldito quien confía en el hombre y pone en la carne su confianza.

Entonces, si vamos a poner toda la práctica del bien en que el corazón humano pueda tener suficiente ardor y amor por el bien como para vencer todo obstáculo. Y sí que hay que vencer obstáculos para ser bueno, pues estamos diciendo realmente, realmente esa estrategia no va a funcionar y no funcionó. La ley no funcionó, digámoslo así, bien claro y bien preciso. La ley precisa no funcionó. Entonces volvamos a esa extraña respuesta que Jesús da en el capítulo sexto de San Juan. La gente le oía que decía cosas bonitas. Era como un poeta predicando. Jesús dice unas cosas hermosísimas, hace unos milagros maravillosos, pero van a concretarlo. ¿A ver, dinos, a ver qué es lo que hay que hacer? ¿qué en concreto? ¿qué, qué? Y responde Jesús: Pues lo que hay que hacer es que crean. ¡Ah! ¿Qué tiene de particular esa respuesta? Hasta cierto punto es precisa hasta cierto punto, porque denota un acto específico. Pero si nos damos cuenta en esa respuesta, ahí hay mucha miga. En esa respuesta hay mucho, porque realmente lo que está diciendo Jesús es esto mira, lo que se necesita es que tu centro no esté en ti, sino en Dios y en mí. Esta es la vida eterna que te conozcan a ti, Padre, y a tu enviado, Jesucristo. Esta es la oración que hace Jesús en el capítulo diecisiete de San Juan.

Entonces ahí entendemos cuál es el límite de lo preciso. A nosotros nos gustan las cosas precisas porque nos dan el control. Aquí lo que yo tengo que hacer es esto y no más que esto. No me pidas más que esto y estoy haciendo lo que me piden. Eso le fascina al ser humano, porque ahí yo tengo el control. En cambio, en la respuesta que da Cristo lo que Dios quiere es que creas. El creer no es algo que esté en mi control y de hecho, si llego a creer lo que estoy haciendo es entregar el control. Bueno, entonces ya creo que entendemos cuál es el límite del lenguaje preciso y entonces también entendemos qué hubiera sucedido si Jesús dice de un modo concreto, específico. El Reino de Dios. El Reino de Dios consiste en que ninguna familia reciba menos de mil cien euros. Concreto. Preciso. El Reino de Dios consiste en que la gente no dure más de dos horas y media con un disgusto. Máximo tiempo para un disgusto ciento cincuenta minutos. Ese es el Reino de Dios. El Reino de Dios consiste en que usted no tenga más de tres pensamientos impuros en el día y ningún pensamiento dure más de tres segundos y medio preciso. Qué pasa que cuando se describe el reino de Dios de esa manera, Pues estamos en el mismo régimen de la ley de Moisés. Una vez más. el peso, la fuerza le queda al corazón humano. Y no hay nada más falso ni más enfermo que el corazón. Entonces, ¿qué es lo que aportan parábolas como éstas? ¿A qué se parece el Reino de Dios?

Tratemos de imaginarnos la imagen. Tratemos de traer a nuestra mente la imagen de esta predicación, la de hoy. Gente sentada, tal vez alrededor de Cristo. Y Cristo, me lo imagino yo, como con los ojos levantados, diciendo ¿Con qué comparo yo el Reino de Dios? Y alguien le podría decir Pues no lo compares, dinos qué es. De hecho, ha habido Muchas tentaciones a lo largo de la historia de gente que ha dicho Mira, el reino de Dios es esto. Es decir, le han dado un rostro definido específico. El reino de Dios consiste en que la gente mejore sus condiciones de vida, todo el mundo tenga vivienda, educación, alfabetización. El Reino de Dios es eso: El Reino de Dios es que nadie pase hambre, que todo el mundo tenga abrigo, que todos hablen dos idiomas. Se le puede dar un rostro específico al Reino de Dios. Pero el problema está en que eso nos devuelve a la situación de Moisés, con todos los problemas y con el fracaso que ya tuvo la ley de Moisés.

Cuando Jesús utiliza comparaciones está logrando muchas cosas al tiempo. Primero nos está mostrando que cuando se trata del Reino de Dios no tenemos control nosotros. O como decíamos en otra predicación, el Reino de Dios es de Dios. El Reino de Dios es Dios reinando. Eso es el Reino de Dios. Y si es Dios reinando, es su voluntad, es su poder el que nos interesa. O sea que yo lo que te puedo contar a ti no es qué tienes que hacer tú para que suceda el Reino de Dios. Lo que yo te puedo contar a ti es qué es lo que no tienes que hacer, cuáles son los obstáculos que no debes poner. De manera que Dios pueda hacer lo que Él quiere. O sea que lo que te voy a contar es no tanto qué es lo que tienes que hacer, sino más bien cómo puedes disponerte. ¿Cómo puedes abrir la puerta? ¿Qué clase de bienvenida tienes que darle? ¿En qué consiste el Reino de Dios? Pues eso lo sabe Dios y eso lo hace Dios. Pero lo que a ti te toca es disponerte a abrir la puerta, no poner obstáculo, confiar, entregar el control. Al fin y al cabo, de lo que se trata es de que reine él, no de que reines tú. Entonces, para que llegue el Reino de Dios, lo que se necesita es que tú no estorbes.

¿Qué es lo que tengo que hacer yo para el Reino de Dios? En primer lugar, no estorbe. Ah, bueno, entonces no estorbo, pues eso es que la llegada del Reino de Dios no estorbe, no estorbe y entregue el control, no estorbe, Reciba, acoja, confíe. Esos son los actos propios para que llegue el Reino de Dios. Y eso es lo que logran estas parábolas, mostrarnos que el control lo tiene Él, no lo tenemos nosotros. Además, estas parábolas nos están mostrando que ninguno de nosotros tiene experiencia directa del Reino de Dios. Ninguno. Lo que podemos experimentar son comienzos y eso es lo que habla el texto de hoy Comienzos. El Reino de Dios lo experimentamos en sus comienzos semillas, pero entre la semilla y el árbol, cuando hay. Levadura, pero entre la levadura y el efecto que causa, ¿cuánto hay? Entonces, el lenguaje de parábolas y el lenguaje de comparaciones sirve primero para que entendamos que nuestra principal tarea es no estorbar, acoger, confiar, obedecer, entregar el control.

Segundo, el lenguaje de comparaciones sirve para que sepamos que experiencia directa y perfecta no tenemos, solo tenemos barruntos, inicios, comienzos, incubaciones. Eso es lo que tenemos del Reino de Dios. Y no pensemos que tenemos más porque no lo tenemos. El hecho de que conozcamos nuestros charcos y lagunas no significa que conozcamos el gran océano del amor de Dios y del poder de Dios. Y en tercer lugar, Las parábolas sirven para que veamos que hay señales del reino donde menos se piensa. Por eso Jesús utiliza cosas tan humildes tomadas del mundo de la agricultura, de la vida cotidiana, de los rebaños. Ahí nos está mostrando el Señor cómo de las cosas más sencillas se puede construir un lenguaje. Vuelvo a resumir Mire, hablar en comparaciones tiene tres objetivos por lo menos. Primero, que entendamos cuál es nuestra tarea y nuestra tarea es no le pongas obstáculos a Dios, no estorbes. Acoge, escucha, entrega el control, Confía, obedece. Eso es lo tuyo. Segundo, el lenguaje de parábolas sirve para que nosotros nos demos cuenta cómo esa realidad está más allá de nuestra experiencia inmediata. Nosotros lo que tenemos, por grande que parezca, por grande y hermoso que parezca, lo que tenemos son solo indicios, barruntos, incubaciones, semillas. No creas que tienes demasiado.

Y tercero, este lenguaje sirve para que nosotros leamos nuestra vida en las cosas más sencillas, ya como un comienzo de esa vida nueva que él trae. Entonces el Reino de Dios es misterio y esa es la palabra que enlaza con la primera lectura. Porque resulta que Pablo, de un modo magistral, tan profundo que sería objeto de otra predicación y no de esta. Lo que hace es tomar dos misterios. El misterio del amor humano y el misterio del amor de Cristo y la Iglesia. Y ambos son misterios, y ambos están más allá de nuestra completa comprensión. Y Él pone estos dos misterios a que se iluminen el uno al otro. Es una manera tan hermosa, una manera dialéctica, profunda de hacer que de dos realidades infinitas. Hasta cierto punto impenetrables, salga a luz para nosotros. La vida es misterio. El plan de Dios es misterio. Y en realidad no poseemos. Y lo grande no es poseer, lo grande es recibir, lo grande es agradecer y lo grande es confiar.

Publícalo en Facebook! Cuéntalo en Twitter!

Derechos Reservados © 1997-2025

La reproduccion de estos textos y archivos de audio, para uso privado o publico,
está permitida, aunque solamente sin fines de lucro y citando la fuente:
http://fraynelson.com/.

 

Volver a las homilías de hoy.

Página de entrada a FRAYNELSON.COM