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Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.
Las cosas que nombramos adquieren una forma particular de existencia y por consiguiente un cierto poder sobre nosotros por lo que debemos cuidar las palabras ya que aumentan las conexiones cerebrales y nos preparan para la acción pecaminosa.
Homilía o301011a, predicada en 20221024, con 6 min. y 42 seg. 
Transcripción:
La primera lectura está tomada hoy del Capítulo Quinto de la Carta a los Efesios. Y yo quisiera centrar mi atención en el Versículo Tercero, porque es una de esas advertencias que tan fácilmente se olvidan. Lo que dice este versículo es de inmoralidad, concretamente inmoralidad sexual, fornicación. De inmoralidad sexual, vulgaridad que a veces se traduce también por inmundicia o de codicia, ni se hable entre ustedes. Efesios Cinco, Tres. De inmoralidad sexual, de vulgaridad o de codicia ni se hable entre ustedes. ¿Por qué considero que es una advertencia muy oportuna? Porque en nuestro tiempo se ha convertido casi en una moda el estar soltando palabrotas, groserías, tacos los llaman en alguna parte, palabras malsonantes, vulgaridades, alusiones a los órganos genitales, alusiones de doble sentido, blasfemias incluso.
Qué está pasando en nuestro tiempo. Realmente tenemos que abordar dos preguntas. La primera es ¿Por qué es tan dañino esto? que mucha gente no lo tiene claro, número uno. Y número dos ¿Por qué la advertencia, por qué la severa advertencia del apóstol? Por supuesto, la respuesta o las respuestas a estas dos preguntas están profundamente conectadas. Empecemos por la primera. ¿Qué es lo grave de que se estén mencionando estas cosas? El apóstol no está en este momento.
En este Versículo Tercero, Efesios Cinco, Tres. No está diciendo no forniquen, él da por hecho que no hay que fornicar, que la inmoralidad sexual está por fuera. Pero es que aquí dice, ni siquiera se menciona entre ustedes, ni siquiera se nombra entre ustedes.
¿Cuál es el problema de nombrarlo? Y aquí es donde nos acercamos a un mensaje realmente muy profundo, mis hermanos. Y es que las cosas que nombramos adquieren una forma particular de existencia y, por consiguiente, un cierto poder sobre nosotros. Has oído ese refrán o ese dicho. La palabra tiene poder ¿has oído eso? Y aunque es un lenguaje muy de la Nueva Era, ¿has escuchado también aquello de que con los pensamientos o con las palabras atraemos cosas? Algunos hablan incluso de una ley de atracción. Y no es verdad que todos conocemos personas que tienen un lenguaje, por ejemplo, pesimista. Y de verdad les pasan una cantidad de cosas malas. Hablar de la Ley de atracción como una especie de ley cósmica, una ley del universo, una ley de la vida, yo creo que nos introduce en la lógica de la Nueva Era. Pero hay algo cierto ahí y se puede explicar y se puede explicar científicamente.
Mira nuestros pensamientos, básicamente lo que hacen es conectar áreas de nuestro cerebro. Y las cosas en las que más pensamos que son, por consiguiente, las cosas que más repetimos, son las cosas que permanecen más vivas dentro de nuestro cerebro. Eso significa que una persona que, por ejemplo, está hablando de dinero, abre puertas en su cerebro. No estoy hablando de nada mágico aquí ni nueva Era. Abre puertas en su cerebro para agilizar los procesos mentales, los razonamientos, los planes que le llevan al dinero. O sea que oye esta frase que puede ser el resumen de esta homilía. Nuestras palabras son los escultores de nuestro cerebro. Ese es el problema. A medida que vamos hablando vamos esculpiendo nuestro cerebro. Entonces el que habla con burla, con desprecio de los genitales, por ejemplo, está esculpiendo su cerebro, preparándolo, entrenándolo para la impureza. Y de hecho es de eso, es de lo que se trata cuando se riega ese lenguaje, especialmente entre los jóvenes, y aún en mayor porcentaje, entre las jóvenes. Lo que se quiere es eso, lo que se quiere con las letras asquerosas de música vulgar. Lo que se quiere es eso, trabajarte el cerebro. Es el poder de la palabra. No es algo mágico, es el aumento de las sinapsis, es el aumento de las conexiones en tu cerebro que te prepara para la acción sucia, para la acción pecaminosa. Y yo creo que ahí entendemos porqué el apóstol San Pablo dice de eso ni hablar. Eso no cabe entre ustedes. Pues que se cumpla la advertencia del Apóstol entre nosotros.

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