Esta es tu casa!

Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.

El verdadero descanso empieza por la liberación del poder del mal, del pecado, de la idolatría. Cristo nos muestra nuestra unidad profunda, el ataque masivo al alma termina produciendo consecuencias en el cuerpo.

Homilía o301010a, predicada en 20201026, con 6 min. y 17 seg.

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Transcripción:

El Evangelio de hoy del Capítulo número Trece de San Lucas tiene dos enseñanzas claves que no las vamos a dejar perder. La primera tiene que ver con el sentido del descanso y la segunda tiene que ver con la acción del maligno en nuestras vidas. Empecemos por esto segundo. Claramente la mujer que fue sanada y liberada por Cristo presentaba una situación física, estaba encorvada, tenía una limitación física severa, pero detrás de esa limitación física había una causa espiritual. Cristo dice abiertamente, satanás la tenía amarrada hacía dieciocho años. Como nosotros vivimos en la época de las especializaciones, estamos acostumbrados a que nuestros médicos son muy buenos. En general son muy, pero muy buenos y cada uno tiene su especialidad. Entonces, el que se especializa, por ejemplo, en pies, no nos va a dar el tratamiento para un problema de cadera. El que tiene experticia en asuntos de huesos seguramente no se mete en temas de músculos. Esta especialización tiene una cosa muy buena y es que nos ayuda a encontrar a aquella persona o aquellas personas que mejor conocen el problema que estamos sufriendo.

Pero hay un peligro y es que se nos puede perder de vista que el ser humano es una unidad. Por eso también hay médicos que tratan de reemplazar, reemplazar no, sino superar esa visión que puede volverse un poco miope cuando nos concentramos demasiado en un problema sin darnos cuenta que todo está conectado dentro del ser humano. Por eso hay médicos de gran conocimiento a los que llamamos internistas, que tratan precisamente de recuperar desde el punto de vista orgánico, esa unidad del ser humano. Y hay incluso otros médicos que van más allá y que se dan cuenta que los factores emocionales, sociales, afectivos, mentales, tienen una repercusión dentro de la persona. Así, por ejemplo, una persona sometida a continuo estrés es una persona que seguramente va a tener problemas con su sistema de defensa, su sistema inmunológico. Aparentemente el estrés es algo puramente emocional, que se yo, psicológico, pero ya ves que tiene repercusiones físicas. En esa línea va el comentario que estamos haciendo. Lo más profundo de nuestro ser tiene que ver con el hecho de que no somos solo materia. Nosotros somos también espíritu y en nuestro espíritu, en nuestra alma podemos ser atacados incluso severamente. Cristo nos está mostrando esta unidad profunda.

El ataque masivo al alma termina produciendo consecuencias también en el cuerpo. De modo que no debemos sucumbir a esa visión de que este problema es solo orgánico, este problema es solo mental, este problema es solo espiritual. Repito, todo está muy conectado y por eso en Jesucristo encontramos esa salud que es la propia del médico de cuerpos y almas. Es un dato muy importante. En otro pasaje de la Biblia encontramos a un muchacho, un niño que estaba poseído por un demonio, pero presentaba síntomas muy semejantes a los de la epilepsia. Entonces alguna gente incrédula que comenta sobre la Biblia, entre los cuales lamentablemente hay también algunos teólogos, dicen lo que sucede es que en aquella época cualquier enfermedad, como la epilepsia, era considerada como si fuera posesión diabólica. Es una perspectiva muy corta. Lo que habría que decir más bien es que en esa situación particular de ese niño, había ambas cosas. Y si uno lee atentamente ese pasaje del niño con epilepsia, uno se da cuenta que no es una epilepsia, llamémosla así, normal. Hay una serie de comportamientos que describe el papá del niño que uno se da cuenta no es solamente un tema orgánico. Esa es la primera gran lección.

Y la segunda lección, la que mencioné en primer lugar antes, es el sentido del descanso. Descansar. El verdadero descanso que Dios quiere de nosotros incluye que seamos liberados. Es decir, que el verdadero descanso empieza por la liberación del poder del mal, del poder del pecado, del poder de la idolatría en nuestras vidas. Ahí empieza el descanso. Muchas personas asocian descanso con no tener ninguna responsabilidad. Que nadie se meta conmigo, que pueda darle mucho placer a mi cuerpo. Pero la perspectiva bíblica es mucho más rica, mucho más sana y sanadora. El verdadero descanso empieza con que aquello perverso que ha tenido poder en ti ya no lo tenga. Que seas liberado de eso. Ese es el verdadero Sábado, el verdadero Sabbath. El verdadero descanso es ese. La victoria sobre el mal, la victoria sobre el pecado. Ahí empieza el verdadero triunfo de Jesucristo. Y empieza también tu verdadero descanso.

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