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Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.
Maestro, médico y santísimo exorcista: ¡alabado sea Jesucristo!
Homilía o301006a, predicada en 20141027, con 17 min. y 45 seg. 
Transcripción:
El Evangelio que acabamos de escuchar es muy especial porque sintetiza tres de las obras más continuas de Cristo en su ministerio público. Vemos que está enseñando en la sinagoga. Vemos que está curando de una enfermedad. Vemos que está exorcizando, está liberando del poder del demonio a esta persona. Esos tres verbos son importantes enseñar, curar, exorcizar, porque esos tres verbos nos enseñan a contemplar a Cristo y nos enseñan qué es lo que podemos esperar de Cristo. Podemos esperar luz de sus enseñanzas. Podemos esperar sanación en nuestro corazón. Podemos esperar liberación del poder de las tinieblas. No olvidar esas tres acciones, esos tres verbos de Cristo. Enseñar, Curar, Exorcizar.
Tener también presentes esos verbos, porque son los verbos de la Iglesia. Lo primero que tiene que hacer la Iglesia en su tarea evangelizadora es exactamente esto tiene que enseñar. Enseñar la verdad sobre Dios y sobre el hombre, enseñar la verdad sobre el pecado y sobre la santidad, enseñar la verdad sobre la pareja, la familia y las distintas vocaciones. Enseñar la dignidad de la vida, enseñar la dignidad de toda vida humana. Entonces, esa es una línea de acción de la Iglesia, enseñar.
La Iglesia también tiene que curar, acercarse con ternura al que está caído, al que está golpeado, al que ha sido despojado de sus derechos, al que es frágil, al que no es tomado en cuenta. El curar es muy importante. Muchas obras de la Iglesia han nacido de este deseo de curar. En particular, tenemos, por supuesto, tantos hospitales, clínicas, sanatorios que han sido fundados por la Iglesia.
La Iglesia también tiene que exorcizar, tiene que hacer retroceder el poder de las tinieblas. Esta labor sucede de un modo oficial, en un ritual que tiene la Iglesia, ritual del exorcismo. Pero podemos decir que siempre que nosotros levantamos la luz de Jesucristo, y siempre que nosotros anunciamos con nuestras obras y palabras el Reino de Dios, el enemigo tiene que retroceder. En ese sentido, la Iglesia también exorciza. Ese es un primer punto, una primera enseñanza del Evangelio de hoy. Las labores de Cristo, los verbos de Cristo, que son también los verbos de la Iglesia.
En segundo lugar, observemos la combinación que se da en esta mujer. A veces se le llama enferma y a veces se le llama atada por el demonio. Esto ha llevado a que algunos exégetas se confundan y confundan a la gente, haciéndo creer que en los evangelios estar enfermo o estar poseso es lo mismo. No, el texto es claro y el texto muestra la diferencia entre una cosa y otra. Lo que sí sucede es que con alguna frecuencia, o mejor dicho, en más de una ocasión, la misma persona que está enferma en su cuerpo está también enferma en su psiquis, está también enferma en sus emociones y está también lastimada en su libertad porque está poseída o bajo acción del demonio. O sea, no se opone. El hecho de que una persona esté enferma no quiere decir que no pueda estar también posesa o lo contrario.
Otro ejemplo notable en los evangelios es el de aquel muchacho que tiene lo que nosotros diagnosticaríamos hoy como una epilepsia. Un muchacho que se cae, se queda tieso, echa espumarajos. Esas son las características de la epilepsia. Entonces ya salen algunos biblistas a decir ahí está la prueba de que ellos interpretaban las enfermedades mentales como posesión diabólica. No, porque el mismo texto muestra cómo esta era una epilepsia muy rara, porque era una epilepsia que trataba de llevar a la muerte a ese niño. Lo llevaba hacia el agua, lo llevaba hacia el fuego. Y es una epilepsia muy rara porque siendo Jesús el espejo mismo de la mansedumbre, apenas aparece el muchacho cerca de Jesús le da su ataque ese. Entonces es importante que nosotros sepamos que los males, lamentablemente se pueden sumar y de hecho se suman. Entonces, no hay que creer que porque hay enfermedades mentales, las enfermedades mentales van a explicar todo sobre las posesiones diabólicas. Ni hay que creer tampoco que porque hay acción del demonio, entonces todas las enfermedades son acción del demonio. Son dos niveles distintos de aflicción que tiene el ser humano. Y es bellísimo ver que Jesucristo viene en respuesta, viene en auxilio de esas dos necesidades distintas. Esta es la segunda enseñanza del día de hoy.
Primera. Los tres verbos. Segunda enseñanza. Aprender a distinguir estos niveles de aflicción. Entre otras cosas es importante que en las actuales circunstancias y con tantos asuntos en los que andan metidos nuestros jóvenes. Nosotros oremos también, quizás no hay que hacerlo muy públicamente, salvo razón pastoral o yo no sé, pero si es conveniente que nosotros, al interceder por estos jóvenes, les pidamos siempre a Cristo que los libere del poder del demonio, porque hay un retorno de lo satánico. Hay un retorno de lo diabólico. Hay un interés morboso por el espiritismo. Y resulta que por cualquier rincón intenta meterse. Hace poco me escribía una persona que es una persona consagrada, tiene una consagración seglar. Y entonces me contaba la historia de su vida porque quiere que le ayuden algunas cosas y me pide algunas asesorías. Entonces me escribió pues su vida, una cantidad de páginas que voy leyendo como capítulo a capítulo, porque es larga, una vida humana. Y me cuenta, es una persona relativamente joven, con lo cual estoy diciendo más joven que yo. Y esa persona me cuenta que resulta que con sus amigas del colegio, edades catorce y quince años, les parecía de lo más simpático jugar con esa tabla que tiene letras, la tabla Ouija, que es una tabla de invocación de espíritus. Eso es espiritismo físico, real, gravísimo, porque usted sabe que en el espiritismo nada bueno va a llegar ahí. Ningún espíritu bueno, ningún ángel de Dios, ningún santo de Dios va a llegar ahí. Entonces, ¿qué es lo que produce esos fenómenos? Claramente es jugar con el demonio. Entonces es importante que nosotros sepamos que esta dimensión de nuestra tarea no se puede descuidar. Bueno, ahí llevamos dos puntos.
Tercer punto. Algo que es un detalle pero que es muy bonito porque es como una especie de mensaje profético. La mujer dice el texto de San Lucas estaba enferma por causa de un espíritu, andaba encorvada sin poderse enderezar. Esa era la dolencia particular que tenía esta mujer. Pero es como un ejemplo de lo que siempre quiere hacer el pecado en nosotros. Y sobre esto, con el favor de Dios, vamos a hablar varias veces en el retiro. Como lo que pretende el pecado es fundamentalmente que nosotros seamos incapaces de ver el cielo. Estar encorvado es estar obligado a ver la tierra, es estar obligado a verse a sí mismo, es estar encarcelado en sí mismo y encarcelado en los bienes de esta tierra. Y el pecado en sus diversas expresiones. El enemigo malo en su ataque a nosotros, lo que quiere sobre todo es que no veamos el cielo, que no sepamos que estamos hechos para la plena amistad con Dios, que no sepamos que ya el precio de nuestra libertad está pagado, que nosotros hemos sido liberados por el amor de Jesucristo, que nosotros somos libres en el Señor. El demonio no quiere que sepamos eso. Quiere mantenernos encorvados, esclavos de las cosas de esta tierra.
A veces, por vía de idolatría, nos convertimos en idólatras de las cosas de esta tierra. Cuando los placeres de este mundo, cuando el dinero, cuando el poder, cuando el afecto nos atrapan. Y entonces estamos como esta pobre mujer, encorvados, encorvados todo el tiempo, prisioneros de nosotros mismos y todo el tiempo incapaces de elevar la mirada al cielo. ¿Qué hace Cristo? Cristo llega y te sana y te libera. Cristo llega y te enseña, te sana y te libera para que tú puedas levantar la mirada, para que tú veas que hay hermanos y para que tú veas que hay un Dios que te ama, que está cerca de ti, que tiene preciosas promesas para ti y para la gente que tú tienes alrededor. La mujer encorvada no tiene mundo. Su mundo es su propio pensamiento. Vive metida en su cárcel de pensamientos, vive metida en la cárcel de sus dolencias. Hay gente que solo tiene cabeza para sus dolencias. Son esclavos de su cuerpo. Entonces su cuerpo es su único objeto de atención. Hoy me duele aquí y mañana me duele allá. Ahora me duele aquí. Ahora creo que se me pasó para atrás. Son esclavos de su cuerpo. Otras personas son esclavos de sus recuerdos. Lo que me hicieron. Y esos también están como esta mujer. Están encorvados y son esclavos de su recuerdo. Lo que me hizo la madre aquella, lo que me hizo el padre aquél, lo que mi papá nunca me dio. Son esclavos y no tienen cabeza para una cosa distinta. Son prisioneros. Lo que hace Cristo es liberar, romper esa cadena, abrir ese cepo, reventar esa cárcel, que experimentemos libertad. Ese es el tercer punto.
Y nos vamos al cuarto y último punto de este santo Evangelio para quien quiera volver a meditarlo, está en el Capítulo Trece de San Lucas. Cuarto y último punto. Observemos la actitud del jefe de la sinagoga. De esto hemos hablado en alguna otra ocasión. El jefe dice seis días tienen para trabajar. Vengan en esos días. Esa frase tiene varias contradicciones, varias. Primera. Observemos que para este hombre curar es un trabajo. Cosa que es muy importante cuando uno la relaciona con la vocación del sacerdote o la vocación de la religiosa. ¿Aliviar al hermano, amar es para ti un trabajo que te desgasta, del cual llevas cuentas, que tiene horario? Una de las cosas simpáticas del Papa Francisco es la manera como él critica al religioso, al sacerdote funcionario que es esclavo, le pone horarios al amor. Y eso es lo que está haciendo este señor de la sinagoga. El momento para curarse, el momento para experimentar que Dios es bueno es los Sábados de siete a doce y de dos a siete. Ese es el momento. El amor tiene horarios para este señor. Yo creo que es bueno preguntarse eso. Si nuestro amor tiene horarios, si nuestras vocaciones tienen horarios, si nuestro servicio tiene horario. Por supuesto que en cuanto a seres humanos, también necesitamos un descanso. No me aparto de ahí. Pero una cosa es el descanso necesario por nuestra condición física y otra cosa es el descanso de la vocación. Porque yo también he oído por lo menos a sacerdotes que descansan de la vocación, que descansan de su ministerio, descansan de su vocación. En muchas parroquias hay un día libre, apenas natural. El Sacerdote necesita descansar. Pero entonces, ¿el día libre no hay Misa, no se celebra Misa? ¿Por qué? Porque estoy descansando de la Misa. Fíjate la lógica que hay ahí. Ojo con eso. Estoy descansando de la Misa. Entonces ¿eso qué quiere decir? ¿que la Misa es qué? Es una carga. Es un trabajo. Estoy de vacaciones.
Sabes lo que hacían unos padres de un convento de mi provincia. En aquella época la gente era muy celosa con aquello y la liturgia de las horas, pero a la vez querían descansar bien. Entonces ¿ahí qué hacían? Ay, esto es tan chistoso. El día Viernes, porque iban a salir de paseo Sábado y Domingo. Entonces el día Viernes rezaban lo del Viernes y rezaban el Oficio de lecturas del Sábado, Laudes del Sábado y Vísperas del Sábado, Oficio del Domingo, Laudes del Domingo, Vísperas del Domingo. O sea, se demoraban hora y veinte, hora y media en la capilla hasta que ya salieron. Ya, ya salió todo lo del fin de semana. Ahora sí, vámonos al paseo. Fíjate la idea que hay ahí. ¿Qué es la oración para ti? Es un trabajo que tiene horario y que miras a ver en qué momento te puedes quitar de encima. ¿Qué es la Misa para ti? Es una carga. Entonces este señor ve las cosas así. Amar, darle culto a Dios, curar, expresar la bondad del Señor, todo eso es carga para él.
Pero además es muy contradictorio porque fíjate la propuesta que tiene en medio de su egoísmo dice sandeces de este tipo. Mira, seis días tenéis para trabajar, venid esos días a que os curen. Cualquiera sabe que la sinagoga es el lugar de reunión los Sábados. Entonces fíjate lo que les está diciendo. Venid los otros días, ¿Venid a encontrar a quién? Venid a encontrar una puerta cerrada. Venid a encontrar vacío. Entonces es bueno que nos preguntemos ¿Qué significa para nosotros servir a Dios? ¿Qué significa para nosotros amar? ¿Qué significa para nosotros abrir o cerrar puertas de bondad, de misericordia? Bueno, son pensamientos. Son pensamientos que, sin embargo, no deben destruir la alegría de lo primero que dijimos.
En Jesús hay enseñanza, hay sanación y hay liberación. Y gracias a Él no somos esclavos de un Dios contrario. Más bien, como dice hermosamente, un himno de Completas basado en un texto de Jeremías, Dios es como el almendro que no cierra su flor de noche, nunca duerme. El Dios que nunca duerme, el Dios que no tiene horario, el Dios que está esperando que sea de mañana, de tarde o de noche. Nosotros soltemos ese sí quiero. Porque Él está a la puerta llamando. Este es el Dios que nunca duerme y está a la puerta llamando. Y parece que solo aguarda, que no importa el lugar donde estés, no importa si es de día o de noche. Que tú abras esa puerta y digas Señor, sí quiero. Y en ese instante se desatan los torrentes de su bondad y de su misericordia. Es mi esperanza que en este retiro espiritual nosotros podamos abrir esa puerta. Ya de parte de Dios está abierta. Solo falta que tú le digas al Señor yo sé que tú quieres, Señor, yo también quiero. Abre para mí el torrente de tu amor y de tu gracia. Y entonces Jesús nos levanta. Que no estemos encorvados. Nos levanta, nos devuelve nuestra dignidad y nos devuelve el cielo que habíamos perdido.

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