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Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.
Con su actuar, Cristo denuncia que la falsa autoridad piensa primero en su propia conveniencia, y desde ahí interpreta la norma para su beneficio.
Homilía o301005a, predicada en 20141027, con 5 min. y 8 seg. 
Transcripción:
En el Evangelio del día de hoy, tomado del Capítulo Trece de San Lucas, encontramos lo que podemos llamar un conflicto de autoridades. Hay una autoridad, la del jefe de la sinagoga. Y hay otra autoridad, la del profeta de Nazaret, nuestro Señor Jesucristo. Hay un conflicto de autoridades. Jesús realiza una acción curativa sobre una pobre mujer que se encontraba doblegada. Se encontraba en pésima condición corporal. Jesús discierne que más allá del malestar corporal, hay una realidad espiritual que está perturbando a esa mujer que está perturbando su cuerpo. Entonces realiza a la vez un exorcismo y una curación. Esto no es extraño. En los Evangelios, con mucha frecuencia el mal espiritual va unido a otro tipo de males. Males psicológicos, males emocionales, males físicos. Jesús entonces, realiza esta curación y ahí es donde se produce el choque de autoridades. El jefe de la sinagoga no está de acuerdo con que se haga una curación el día Sábado. Y Jesús ha hecho la curación precisamente en Sábado.
Es interesante examinar este choque, porque no se trata simplemente de dos personas. Se trata de dos modos de entender la autoridad. El argumento que tiene el jefe de la sinagoga es, evidentemente, que el día Sábado es el día en el que no se debe trabajar. Y estar curando enfermos, según piensa él, es una forma de trabajo, es una forma de trabajar. O sea que estaríamos ante una desobediencia de la ley. Para este hombre, curar es trabajar. Liberar a esta mujer de ese espíritu maligno. Liberarla de ese malestar corporal de su espalda. Para él eso es un trabajo. Y él dice el Sábado no es para trabajar. Quedémonos con esa idea. Según el modelo de autoridad del jefe de la sinagoga, curar es trabajar. Cristo, en cambio, tiene un enfoque diferente. Esta curación, que es también una liberación, liberación del espíritu inmundo que acechaba aquella mujer. Esta curación es una señal de la presencia divina. Esta curación es un acto del poder de Dios. Y es una ocasión para la gloria de Dios. Es decir, que para Jesús curar es celebrar, es expresar y celebrar la gloria de Dios.
Fíjate cómo los dos modelos de autoridad ven la curación de dos modos tan distintos. Porque resulta que uno piensa curar es un trabajo como una carga que cae sobre mí. Mientras que Jesús ve que curar es quitar la carga del prójimo. Aquel jefe de la sinagoga piensa, curar es echarme yo una carga. Cristo piensa, curar es quitar una carga del otro. El jefe de la sinagoga piensa curar es trabajar. Jesús piensa curar es celebrar, es expresar y es celebrar la gloria, la gloria de Dios. Son dos modos distintos. Y cómo sabremos entonces qué tipo de autoridad hay en cada caso. Evidentemente, al jefe de la sinagoga lo que le preocupa es si viene más trabajo para él. Los defectos, las enfermedades, las dolencias, los problemas, los pecados de los demás son cargas para Jesús. Liberar de esas cargas es expresar la bondad de Dios y es realizar una verdadera vocación de servicio y de autoridad. O sea que la autoridad está para protegerse a sí mismo, para proteger su comodidad, como quiere el jefe de la sinagoga, o la autoridad está para darle la gloria a Dios, para servir al prójimo, para cambiar la historia de aquellos que tienen necesidad. ¿Qué tipo de autoridad tienes tú? ¿Qué tipo de autoridad quieres? ¿Qué tipo de autoridades conoces? Buenas preguntas para hacerlas en este día.

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