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Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.

El mismo Dios que con tanta misericordia se ha compadecido de su pueblo por encima de tantas traiciones, ¿por qué no podría amar así a otros pueblos?

Homilía o293011a, predicada en 20241023, con 7 min. y 34 seg.

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Transcripción:

Nuestra Iglesia ha visto siempre en San Pablo un gran predicador y un gran maestro. Y cuando una persona ha enseñado tanto, como Dios le concedió a Pablo, una pregunta que uno puede hacerse es ¿hay una idea fundamental, hay una palabra fundamental?

Nosotros, los colombianos, tenemos un Premio Nobel de Literatura. Hace ya bastantes años, Gabriel García Márquez fue galardonado con el Premio Nobel de Literatura. Y si uno menciona a este escritor entre gente que lo conozca, muy pronto va a aparecer esta expresión: realismo mágico. En otro campo, si uno habla sobre Albert Einstein, lo más probable es que muy pronto aparezca la expresión: teoría de la relatividad. Y lo mismo podríamos decir de artistas, hay artistas que son conocidos por la escuela a la que pertenecieron o por la escuela que iniciaron. Si nos vamos a la filosofía y mencionamos, por ejemplo, a Edmund Husserl, inmediatamente viene la palabra: fenomenología.

En ese mismo estilo, preguntémonos si hay alguna palabra que sea absolutamente clave, absolutamente central dentro de toda la enseñanza del apóstol San Pablo. Creo que sí, creo que sí existe y esa palabra es la palabra gracia. Gracia que en griego se dice «cháris», de donde viene «eucharistía», la Eucaristía, de donde viene «chárisma», es decir, los carismas. La palabra gracia es una palabra tan profunda y tan bella, porque es al mismo tiempo algo intensamente interior, profundo, propio del sujeto, por ejemplo, cuando se dice que una persona halló gracia, halló gracia ante el rey. «Has encontrado gracia ante Dios», le dice el ángel a María Santísima. Ahí es algo interior, es algo que tiene que ver con el sujeto. Estoy evitando la palabra subjetivo, pero se podría utilizar, siempre que comprendamos que se trata de algo interior.

Pero al mismo tiempo, la palabra gracia supone una transformación exterior, porque la palabra gracia es un regalo que llega a nosotros, nosotros no nos lo podemos dar. Cuando Dios nos concede su gracia, por ejemplo, a través de los sacramentos, evidentemente Dios está haciendo de nosotros criaturas nuevas, y es algo que viene de fuera. Entonces, la gracia tiene una dimensión interior tan íntima como es la santificación, y una dimensión exterior, porque no es algo que nos demos desde nosotros mismos, sino algo que recibimos del Señor. La gracia, san Pablo es el gran predicador de la gracia. Título que de otra manera también se aplica al fundador de mi comunidad, Santo Domingo de Guzmán, a él también lo llamaban predicador de la gracia, y a San Agustín se le conoce como el doctor de la gracia. Pero el primero, entre todos estos que han enseñado de la gracia divina, indudablemente el primero es San Pablo.

Y cuando San Pablo nos dice en la primera lectura de hoy que a él se le ha concedido revelar un misterio que estaba escondido desde mucho tiempo atrás, y que ese misterio es que también los no judíos pueden ser acogidos y pueden ser abrazados en el misterio de la salvación, ese es fundamentalmente un misterio de la gracia divina, es la gracia de Dios obrando. El razonamiento de San Pablo, y yo creo que es bueno que nos quedemos con esta idea, el razonamiento de San Pablo es el siguiente: Puesto que Dios derramó su amor gratuito de perdón, de reconciliación y de restauración sobre los judíos. Y quiero destacar amor gratuito, es decir, amor de gracia, gracia que es amor. Si Dios perdonó a su pueblo simplemente por su inmensa, por su infinita bondad, la de Dios. Ese mismo amor, ¿por qué no podría llegar a otros?

Si la manera como Dios amó a su pueblo judío es un amor gratuito ¿quién le va a poner límites a ese amor gratuito? Un amor que no es pago por haberse portado bien, un amor que no es pago por las buenas obras, un amor que no es contraprestación o pago porque se hayan cumplido, por ejemplo, las prescripciones de Moisés, un amor que es así, gratuito y sobreabundante. ¿Por qué tendría que quedarse solamente en un pueblo? El Dios que pasa por encima de las transgresiones del pueblo elegido para darle un amor sin límites, ¿por qué no puede amar de esa manera a otros pueblos? Ese es el descubrimiento de Pablo.

Ese es el descubrimiento, el bellísimo descubrimiento de que el mismo Dios que con tanta misericordia se ha compadecido de su pueblo y ha pasado por alto tantas injusticias, transgresiones, traiciones de su pueblo judío, y simplemente ha amado para transformar a su pueblo, ¿por qué no podría amar así a otros pueblos? El problema no se lo plantea a Pablo, la pregunta no se la plantea Pablo únicamente de una manera teórica. No, él con gran conciencia sabe que eso está sucediendo, que eso está aconteciendo siempre que él predica. Y cuando él predica a los Gálatas, a los Efesios, a los Filipenses, a los Romanos, él es consciente de lo que Dios es capaz de hacer. Palabra gracia, la palabra fundamental en la predicación de Pablo.

Pues que nosotros renovemos esa experiencia de gracia para que crezca en nosotros la experiencia de la gratitud y del gozo, y del amor, y de la alabanza y del testimonio para también nosotros llevar el Evangelio a muchos más. Amén.

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