|
|

Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.
San Pablo nos interpela sobre cómo vivimos aquellas circunstancias que muchas veces contradicen nuestros anhelos de libertad o proyectos.
Homilía o293010a, predicada en 20221019, con 7 min. y 31 seg. 
Transcripción:
Mis hermanos, la primera lectura de hoy ha sido tomada del capítulo tercero de la Carta de San Pablo a los Efesios. Y lo primero que tenemos que recordar, creo yo, es que esta carta fue escrita por el apóstol Pablo cuando él mismo estaba preso. Esta carta a los Efesios, lo mismo que la carta a los Colosenses, pertenece al grupo de escritos de Pablo, que se conocen como las cartas de la cautividad, Pablo estaba preso.
Y esto a mí me impacta tanto porque pensemos cuál podría ser el estado de ánimo de este hombre que estaba entregado a la misión de la evangelización, que estaba compartiendo la Buena Noticia y que recibía como pago calumnias, azotes, condena y cárcel. No fue la única ocasión en que Pablo estuvo limitado en su movimiento, es decir, estuvo preso. De hecho, el final del libro de los Hechos de los Apóstoles nos cuenta que al llegar a Roma tuvo otro tipo de detención, lo que llamaríamos una detención domiciliaria. Pablo estuvo preso, estuvo preso en Roma también. O sea, hubo más de una cautividad, probablemente unas tres ocasiones en que Pablo estuvo preso, por lo menos tres.
Entonces Pablo, en medio de esa condena injusta y en medio de esa situación, ¿qué hace? Se hunde en la depresión, se deja arropar por el resentimiento, permite que crezca dentro de él una llama, una llama de ira ¿qué es lo que él hace? Y yo me hago estas preguntas no de una manera hipotética, sino que trato de pensar lo que yo mismo sentiría, lo que yo mismo haría en esas circunstancias. En medio de todas las imperfecciones que yo mismo tengo, me pongo a pensar cuál sería mi reacción y te invito a que tú pienses cuál sería tu reacción. Estás haciendo una obra buena, estás haciendo el bien y te pagan con calumnias, con azotes, con condenas, con cárcel. Teniendo en cuenta cómo funcionaba el sistema de aquella época, el sistema judicial de aquella época, piensa lo que esto implica.
Y lo que hace Pablo en esas circunstancias es algo tan admirable, es algo tan impresionante, porque lo que él hace es profundizar de un modo contemplativo, profundizar en el misterio de Cristo. Y por eso, tanto la carta a los Colosenses, que pertenece a esta misma época de la cautividad, como la carta a los Efesios, son monumentos teológicos que muestran una penetración inmensa del misterio de la salvación. De hecho, en el texto de hoy, que sabemos fue tomado del capítulo tercero de la Carta a los Efesios, en el texto de hoy Pablo: dice Miren ustedes, dense cuenta ustedes cómo entiendo, de qué manera entiendo el misterio de Cristo. O sea que lo que Él estaba haciendo en medio de su prisión, lo que él estaba haciendo era profundizando el misterio de Cristo.
Y por eso se dice que la carta a los Colosenses, que ya repito, es de la misma época y de la misma circunstancia existencial de Pablo, la carta a los Colosenses es el gran monumento a la cristología. Es el documento cristológico por excelencia, donde Pablo muestra, a partir del misterio de este profeta de Nazaret que muere y que resucita, muestra cómo ese, ese mismo Cristo, es el Cristo por quien fueron hechas todas las cosas. Es decir, es la conexión entre el misterio del ministerio público de Cristo y su realidad preexistente y eterna que preside toda la creación. Es decir, Pablo está conectando en la carta a los Colosenses el misterio de la redención que brilla en la Cruz con el misterio mismo de la creación que está ante nuestros ojos todos los días. Esa es una, tal vez la más importante, pero es una de las enseñanzas de la Carta a los Colosenses.
Y la carta a los Efesios es el gran documento de eclesiología. Así que la carta a los Colosenses es cristología, la carta a los Efesios es eclesiología, es decir, es la descripción misma, la descripción misma de cómo el misterio de Cristo se hace realidad en una comunidad. Una comunidad en la que es posible vencer hasta las barreras y los prejuicios más profundamente arraigados en el corazón humano. Así, por ejemplo, como aparece en el texto de hoy, esa división, esa tensión, esa oposición que había entre judíos y no judíos, es impresionante cómo Pablo, en medio de su prisión, en medio de su circunstancia, llega a esta hermosa conclusión, es que si la salvación es por la fe, y la fe es fe en Cristo, entonces lo más importante no es, lo más importante no es si uno viene del judaísmo o si uno no viene del judaísmo.
¿Qué podemos aprender de aquí? Pues qué bien que aprendamos un poco de cristología y qué bien que aprendamos un poco de eclesiología de la mano de San Pablo en estas preciosas cartas a los Colosenses y a los Efesios, respectivamente. Pero además, aprendamos para nuestra vida cómo vivimos aquellas circunstancias que muchas veces contradicen nuestros anhelos de libertad o nuestros propios proyectos. O es que acaso Pablo tenía en sus proyectos: Ah, qué bueno que dentro de dos años o dentro de tres años me encarcelen, qué bueno que sería, qué bueno que fuera. No, eso no estaba en los planes de Pablo, pero Pablo vive esta circunstancia absurda e injusta de un modo no solo sabio, sino estrictamente hablando, santo, como una profundización en el misterio insondable de Cristo y de su Iglesia. No sé si a todo el mundo le impacta lo mismo que a mí me impacta ver la grandeza de lo que Dios puede hacer en un corazón humano en circunstancias tan difíciles, la gloria sea para Dios.

Derechos Reservados © 1997-2025
La reproduccion de estos textos y archivos de audio, para uso privado o publico, está permitida, aunque solamente sin fines de lucro y citando la fuente: http://fraynelson.com/.
|