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Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.
Cristo quiere llevarnos por sendas extrañas a la mentalidad mundana: la gratitud y la conciencia del propio deber.
Homilía o293004a, predicada en 20141022, con 4 min. y 45 seg. 
Transcripción:
Para nuestra reflexión en esta oportunidad, quedémonos, hermanos, simplemente con la frase final del Evangelio de hoy, tomado, como los textos de los días anteriores, del texto del Evangelio de Lucas en el capítulo 12. Dice Jesús: «Al que mucho se le dio, mucho se le exigirá». ¿Qué nos enseña esa frase del Señor? Yo digo que nos enseña principalmente dos cosas. En primer lugar, el modo de hablar de Cristo nos invita a pensar en lo que hemos recibido. Fíjate que esto está en profundo contraste con lo que nos propone el mundo, porque el mundo más bien, y con mundo me refiero a la mentalidad individualista, capitalista que marca tantas historias, que marca a tanta gente.
¿Qué es lo que quiere el mundo? Que estemos todo el tiempo pensando en lo que no tenemos, para que después digamos, yo debería tener, y para que después digamos, yo me tengo que endeudar, pero yo tengo que adquirir, yo tengo que comprar, yo tengo que tener. Eso es lo que quiere la mentalidad mercantilista, eso es lo que quiere el mundo de nosotros, que nos concentremos en lo que no tenemos, que vivamos profundamente insatisfechos, como en una especie de frustración jadeante, permanente, para estar buscando otro placer más, otra compra más, otras vacaciones más, otro poco de descanso o de prestigio o de poder, eso es lo que el mundo quiere de nosotros.
Pero Jesús nos presenta una perspectiva completamente diferente. En vez de estarte obsesionando con lo que no tienes, qué tal si haces la cuenta de lo que sí tienes, qué tal si empiezas a hacer la lista de qué es lo que has recibido, qué es todo eso que ha llegado a tu vida. Y qué tal si empiezas a agradecer todo eso que ha llegado a tu vida. Y qué tal si empiezas a pensar cuáles son tus responsabilidades, dado que has recibido tanto. Y qué tal si empiezas a pensar, esto que yo he recibido es para que se quede solamente conmigo, es para que se pudra en mi bodega, en mi armario, en mi despensa, o es para que yo lo comparta, lo entregue, lo dé. Date cuenta, de inmediato cambia la perspectiva.
Lo segundo que hay que destacar es que Cristo dice: «Al que mucho se le dio, mucho se le exigirá». Se está hablando de una exigencia, podemos decir que se está hablando de los derechos de Dios, se está hablando de lo que Dios tiene derecho a esperar de ti, qué tal esa frase, Dios tiene derecho a esperar algo de ti. En más de una ocasión la Escritura nos presenta este enfoque, acuérdate, no hace mucho nos encontrábamos con el ejemplo de aquella viña en la que Dios ha derramado tanto cariño, ha puesto tanto esfuerzo y que, sin embargo, no da fruto. Él es el viñador, Él tiene derecho. Entonces, Cristo nos está recordando los derechos de Dios y nos está recordando que los derechos de Dios implican, para nosotros, unos ciertos deberes.
Y recordar nuestros deberes es toda una novedad, porque hoy solo se quiere hablar de derechos. Los derechos de los niños, los derechos de los homosexuales, los derechos de las parejas, los derechos de la mujer separada, los derechos del hombre que tiene, tiene derecho de ser feliz y ha fracasado en cuatro matrimonios, pero tiene derecho a ser feliz. La mentalidad de los derechos termina convirtiendo a cada uno de nosotros en una especie de tirano que, finalmente, espera de la sociedad encontrar servidores por todas partes, siervos que le hagan homenaje a mis necesidades. Qué cambio tan grande el que trae el Evangelio, se trata de recordar lo que hemos recibido, vivir en la gratitud y, por qué no decirlo, tener bien presentes nuestros deberes, no solo nuestros derechos.

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