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Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.

Los gentiles tenemos derechos de hijos de Dios.

Homilía o293001a, predicada en 19981021, con 5 min. y 4 seg.

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Transcripción:

En la Biblia nos encontramos, a veces, con la expresión: los gentiles. Y uno se pregunta quiénes serán esos señores, porque uno sabe que los judíos son los que tienen que ver con el pueblo de Dios. Judío viene de Judá, que era uno de los hijos de Jacob. Los gentiles, es una manera de referirse a las gentes. Y ¿cuáles eran las gentes? Pues son simplemente todos los pueblos que no pertenecían al pueblo de Israel, por ejemplo, nosotros, nosotros somos descendientes de gentiles, es decir, de paganos.

Y dice el apóstol San Pablo que él se alegra y que él contempla el misterio escondido durante siglos. Y ese misterio, mira como lo resume él, diciendo: «También los gentiles son coherederos, miembros del mismo cuerpo y partícipes de la misma promesa en Jesucristo por el Evangelio». Esto es muy importante porque siempre que en la Biblia se hable de los gentiles, nos están hablando a nosotros, nos están diciendo algo a nosotros, o sea que estas palabras tenemos que aplicárnoslas a nosotros. Nosotros somos coherederos, somos miembros del cuerpo de Cristo y somos partícipes de la promesa. Esas promesas en la Biblia se referían, en primer lugar, al pueblo de Israel. Pero ahora, por la inmensa misericordia de Dios, esas mismas promesas son para nosotros.

Y entonces, así hemos adquirido una cantidad de derechos y de bienes, de esperanzas, de posibilidades que ni siquiera podíamos soñar. Dice aquí, por ejemplo: «Mediante la Iglesia, los principados y potestades en los cielos conocen ahora la multiforme sabiduría de Dios». Es un derroche del amor de Dios y de la sabiduría de Dios que nosotros podamos tener la misma herencia que el pueblo de la Alianza, es decir, el pueblo de Abrahán, Isaac y Jacob. Y ¿como qué derechos adquirimos? ¿Cómo qué cosas podemos recibir? Aquí dice, este es el capítulo tercero, el capítulo tercero de la Carta a los Efesios, y dice, por ejemplo, esto: «La riqueza insondable que es Cristo, la riqueza insondable que es Cristo según el designio eterno realizado en Cristo Jesús, por quien tenemos libre y confiado acceso a Dios por la fe en Él».

Entonces, de estas palabras y de toda la carta, podemos sacar cuáles son los derechos nuestros. Tenemos acceso a la riqueza insondable que es Cristo, y tenemos libre y confiado acceso a Dios por la fe en Jesucristo. O sea, que fundamentalmente, el Evangelio viene a traer para nosotros una manera nueva de relacionarnos con Dios, y nosotros debemos, bueno, es decir, podemos y por eso debemos orar así en nuestras necesidades, en nuestros agradecimientos, en nuestras esperanzas. Nosotros debemos invocar la cláusula de la Alianza, esta palabra de la carta a los Efesios y decirle a Dios: Yo tengo libre y confiado acceso a ti, porque yo tengo fe en Jesucristo. Y decirle: Señor, yo quiero que las riquezas insondables, que es algo insondable, pues es algo que no puede ser, algo que no puede ser abarcado por una sonda, es algo que no tiene fondo, como un abismo que no tiene fondo, la riqueza insondable que es Cristo.

Entonces uno puede orar así, uno le puede decir a Dios: Yo tengo libre y confiado acceso a ti, porque yo creo en tu Hijo Jesucristo. Y uno le puede decir a Dios: Yo quiero que tú me hagas participar de las riquezas insondables de tu Hijo. Yo quiero que tú me permitas experimentar cuáles son esas riquezas. Riquezas ¿de qué? Pues ahí nos ha dicho riquezas de sabiduría, riquezas de misericordia que dejan en admiración a los tronos, las dominaciones, las potestades que son coros de los santos ángeles en los cielos. Es muy bueno pasar por estas lecturas, a veces cuesta un poquito trabajo entenderlas. Es bueno pasar para que uno sepa los derechos que uno tiene, porque a veces uno lleva vida como de esclavo y resulta que nosotros somos hijos y tenemos derechos de hijos.

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