|
|

Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.
La vigilancia espiritual nos protege del mal y nos dispone a recibir los bienes que Dios quiere darnos. Reconocer cuánto valemos ante Dios nos ayuda a custodiar Su gracia y a no perder lo que Él ha obrado y quiere realizar en nuestra vida.
Homilía o292011a, predicada en 20261020, con 5 min. y 30 seg. 
Transcripción:
En el Evangelio de hoy, Cristo nos advierte que estemos vigilantes. Estar despiertos es una advertencia que escucharemos varias veces en el final de este año, porque aunque parezca que falta bastante, estamos a pocas semanas de que termine el año litúrgico y el año litúrgico termina con muchas invitaciones a la vigilancia, como la que escuchamos el día de hoy. Pero, por otra parte, hay otros textos de la escritura que siguen esa misma tónica y esa misma invitación siempre hacia la vigilancia. Me acuerdo, por ejemplo, un texto de San Pablo que se escucha varias veces, de hecho semanalmente, en la última oración del día, en la liturgia de las Horas nos advierte San Pablo: Nosotros no somos de la noche ni de las tinieblas, nosotros somos hijos de la luz, hijos del día. Y luego San Pedro también tiene otra advertencia parecida: Sed sobrios, están despiertos y nos da la razón. San Pedro nos da el motivo de esa exhortación cuando dice: Vuestro enemigo, el diablo, como león rugiente, ronda buscando a quien devorar, resistidle firmes en la fe. Bueno, ya en esas palabras de San Pedro entendemos una razón para estar despiertos. Nosotros tenemos que estar despiertos, porque hay alguien que no duerme y ese que no duerme, ese que busca nuestro daño, nuestra perdición y que está siempre atento a caer contra nosotros, pues es el enemigo malo, es el demonio. Por supuesto, estas advertencias no significan que no le demos espacio al descanso natural. Más bien se refiere a que tengamos una actitud de vigilancia espiritual, a que estemos realmente despiertos desde el punto de vista espiritual. Despiertos porque los ataques pueden venir de muchas partes. Hay que estar despiertos también porque hay buenas noticias que nos aguardan. Buenas noticias que nos perderíamos si estuviéramos dormidos. Por eso también vamos a escuchar en este final del año litúrgico, una parábola como la de aquellas vírgenes de las cuales algunas se durmieron y otras estaban despiertas y solo pudieron entrar al banquete de bodas, solo pudieron participar de la gran alegría las que estaban despiertas. O sea que el motivo para estar despiertos no es solamente para guardarnos del mal, sino también para prepararnos hacia aquellos o prepararnos para aquellos bienes que solo estarán disponibles para los que estén despiertos. Es algo parecido a lo que a veces sucedía cuando yo era niño y había comidas especiales que eran muy, muy tarde en la noche. Por ejemplo, di tú una comida de año nuevo o una comida de cena de Navidad. La cena de Navidad, por lo menos eso se acostumbraba cuando yo era niño. Nunca se iba a servir a las seis de la tarde. A las siete de la noche, la cena de Navidad se servía tardísimo después de las once o en torno a la medianoche. De manera que si te quedaste dormido, te perdiste la cena de Navidad. Para no perdernos de los grandes bienes y para estar alertas, y llegan aquellos males que pueden arruinarlo todo en nuestra vida. Para eso tenemos que estar espiritualmente despiertos. Estar despiertos entonces, requiere tener conciencia de lo que está en juego, como pueden llegar grandes males, pues nos pueden arrebatar lo que Dios nos ha dado y cómo nos esperan todavía grandes bienes, entonces tenemos que estar alerta para recibirlos. Fíjate que lo que tienen en común estas dos razones es la conciencia de el valor, el valor de lo que Dios ha hecho en nuestra vida y que no se debe perder, y el valor de lo que Dios quiere traer a nuestra vida y que tampoco se debe perder, es el valor inmenso, el valor inmenso que nosotros tenemos ante Dios y es el valor inmenso que todavía nos aguarda, que todavía va a llegar a nuestra vida. Es la conciencia de ese valor. Por eso solo aquella persona que se siente preciosa ante Dios sabrá guardarse. Solo aquella persona que se siente preciosa ante Dios sabrá proteger lo que ha recibido. Descubre entonces lo valioso que eres. Y en esto también nos enseña el apóstol San Pedro, porque dice en una de sus cartas: Ustedes no fueron comprados con bienes temporales con bienes de esta tierra. Ustedes fueron comprados con el precio de la sangre de Cristo. Descubre tu valor, descubre tu inmenso valor. Descubre lo precioso que eres ante Dios. Y entonces, estoy seguro, tendrás también la sensatez de estar despierto para que no te quiten eso que vale tanto y para que tampoco te pierdas de aquello inmenso que todavía el Señor tiene para darte. Amén.

Derechos Reservados © 1997-2025
La reproduccion de estos textos y archivos de audio, para uso privado o publico, está permitida, aunque solamente sin fines de lucro y citando la fuente: http://fraynelson.com/.
|