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Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.
Cuidado con el cansancio, el aburrimiento y la tristeza espiritual porque pueden hacer que tu esperanza se vaya al mínimo llevándote a que te pierdas la visita del amor y la gracia de Dios.
Homilía o292007a, predicada en 20201020, con 6 min. y 43 seg. 
Transcripción:
Cristo en el Evangelio de hoy nos invita a estar despiertos, estar vigilantes y quizás una manera interesante de acercarse a este Evangelio es preguntarnos qué significaría dormir, en el caso de este Evangelio. Puede ser útil preguntarnos ¿qué es lo que nos causa sueño? La respuesta obvia es el cansancio. Pero hay otras cosas que también nos adormilan. A veces uno tiene sueño por aburrimiento. Es uno de los peligros cuando alguien está conduciendo, va en su carro por una larga carretera y cuando es demasiado monótono el paisaje, aunque la persona no esté extremadamente cansada, la monotonía y el aburrimiento interior hacen que la persona fácilmente se adormile. Entonces uno puede sentir sueño y puede caer en el sueño por cansancio o puede ser por aburrimiento. Y hay otro caso que es muy dramático. Es el caso de la depresión. Uno de los síntomas preocupantes de la depresión es el desorden en el sueño y en un caso o en un porcentaje interesante de casos, este desorden se traduce en una especie de necesidad compulsiva de dormir y dormir, como un modo de distanciarse, supongo yo, de la realidad.
Entonces tomemos estas tres causas de sueño: El cansancio, el aburrimiento y la tristeza. Apliquémoslas de modo alegórico, apliquémoslas a la vida cristiana. Por supuesto que Cristo sabe que tenemos una necesidad natural del descanso nocturno, y Él nos está refiriendo a una prohibición de ese descanso. ¡Claro que no! Pero sí podemos aplicar lo que significa el cansancio espiritual, lo que significa el aburrimiento espiritual y lo que significa la tristeza o desánimo espiritual. Es decir, tal vez nos vamos a perder la visita de Dios. La visita de su gracia la vamos a perder si nosotros nos dejamos llevar por el cansancio o por el aburrimiento, o por el desánimo, la tristeza, de tal modo que hay que cuidarse, porque estos tres peligros son reales. Estos tres peligros llegan a nuestra vida cristiana, a nuestra vida espiritual.
Por ejemplo, el cansancio. Cuando uno trata de hacer algo, cuando uno quiere hacer algo, lo intenta de distintas maneras y sin embargo como que no hay fruto. Entonces uno puede sentir cansancio y uno se desentiende. Yo recuerdo, por ejemplo, algunas personas que hace años estaban muy, muy comprometidas en grupos de oración, en misiones, en convivencias, retiros para jóvenes, pero luego empezaron a cansarse. Empezaron a cansarse porque los frutos que esperaban ver, no los vieron. Ahí tenemos un caso de una persona espiritualmente cansada. Trabajé, no logré lo que quería. Yo dejo esto así, se cansó. Otras personas se cansan porque su mensaje es muy poco popular. Es muy difícil de recibir en nuestra época. Por ejemplo, cuando hay que hablar de temas como el aborto, como la defensa de la familia, ese tipo de temas son antipáticos y tú puedes sentir que estás arando en el mar, puedes sentir que estás perdiendo tu tiempo. Estuve en misión hace unos años, estuve en misión en un país y me decía uno de los fieles de la parroquia donde fui, padre siquiera que usted sigue hablando de estos temas, porque los padres en este país se cansaron, ya no hablan de eso. Ya consideran que sus homilías deben ser simplemente como una especie de entretención o una motivación muy genérica a que los demás sean buenas personas. Yo no soy ningún héroe, mis hermanos. Pero sí estoy invitando a que tengamos cuidado con ese cansancio espiritual.
El aburrimiento tiene que ver con la perseverancia. Muchas veces hemos escuchado la frase de Cristo: El que persevere hasta el final se salvará. Pero nos cuesta trabajo perseverar. Nos cuesta trabajo mantenernos en aquello que sabemos que es bueno, pero que a veces puede volverse tedioso, como por ejemplo tener un verdadero ritmo de oración. Nos cuesta trabajo, nos aburrimos, lo dejamos. Y qué decir del desánimo, cuando vemos tantas cosas, cuando vemos tanta incoherencia, cuando abundan los escándalos. Llega un momento en el que uno puede sentir no, esto no vale la pena. ¡Qué tristeza! Eso ha sucedido y es admirable que hombres como Santo Domingo de Guzmán, cuya imagen me acompaña en este caso, el fundador de nuestra comunidad, fue un hombre extraordinario. Y lo extraordinario en este caso, lo que quiero destacar en este caso es que con todos los problemas y escándalos y cosas terribles que había en la iglesia, el hombre no se desanimó. Él siguió adelante, él perseveró. Y cuánto bien ha hecho en más de ochocientos años la Orden Dominicana.
Entonces, cuidado con desanimarte por cosas que ves. Es que estos obispos, es que no me gusta esto del Papa, es que el sacerdote de mi parroquia. Y empiezas a desanimarte. Cuidado, porque el desánimo espiritual, el aburrimiento espiritual, el cansancio espiritual, pueden hacer que tu esperanza se vaya al mínimo, se vaya a cero. Y cuando la esperanza se va a cero, tienes un gravísimo problema y es que te vas a perder la visita del amor de Dios. Te vas a perder la visita de su gracia, que no te suceda. Hay que seguir adelante en el nombre del Señor, con su fuerza, con su amor. Amén.

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