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Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.
El camino por el cual Cristo ha traído la paz pasa por el conocimiento profundo de mi miseria, el arrepentimiento y por la dulce aceptación de su amor redentor en la cruz.
Homilía o292006a, predicada en 20181023, con 5 min. y 18 seg. 
Transcripción:
La primera lectura está tomada el día de hoy de la Carta de San Pablo a los Efesios en el Capítulo Segundo. Nos está contando Pablo la obra preciosa de la redención, pero no de una manera abstracta y general. Nos está mostrando más bien cómo esta obra ha hecho posible lo que parecía completamente imposible, es decir, la reconciliación entre judíos y gentiles, judíos y no judíos. Efectivamente, como él mismo lo dice, había un muro de odio, un muro de odio entre judíos y gentiles. ¿Por qué? Los judíos despreciaban a los gentiles, ante todo por idólatras pero además, por depravados. Las costumbres, particularmente las desordenadas costumbres sexuales de los gentiles, eran horror de los judíos. Y eso de verlos en el espectáculo ridículo de dar culto a dioses falsos creyendo que la piedra, por ejemplo, es un dios. Cosas como esas causaban desprecio y causaban horror en los judíos. Pero luego los gentiles tenían también una gran desconfianza, distancia y desprecio hacia los judíos. Les parecía que era gente extraña, violenta, impredecible, intratable. Experiencias como las que se habían dado en el tiempo de los Macabeos mostraban que esos judíos eran unos fanáticos, eran unos extremistas. Gente con la que ni siquiera se puede hablar. Así que los paganos despreciaban a los judíos y los judíos a los paganos.
Pablo toma la reconciliación entre judíos y gentiles. La toma como una muestra del poder de la redención de Jesucristo. Pero esto no lo plantea San Pablo de una manera general. Repito, lo plantea de este modo porque en las comunidades cristianas mismas, los que venían del judaísmo y los que venían del paganismo daban honra y gloria al Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo. Es decir, en Cristo, en la propuesta de Cristo, en la maravillosa gracia de Cristo, esta reconciliación es una realidad. La frase de San Pablo siempre me ha impresionado. Dice este apóstol que Cristo derribó el muro de odio que había entre judíos y paganos. Oye eso, el muro de odio. ¿Tú sabes lo que eso significa? ¿Tú sabes lo que significa derribar con el cuerpo un muro? Por supuesto que esto implica que Cristo ha despedazado, por así decirlo, su cuerpo, en esa dura batalla contra un muro. Y la comparación no es injusta, porque efectivamente sabemos lo que le sucedió al cuerpo de nuestro Señor en la cruz. Toda la devastación de su cuerpo, toda esa sangre derramada, que tal es su ornamento sacerdotal, todo el dolor que hay en Él, todo eso, todo eso solamente muestra una cosa, muestra la dureza de la batalla que Cristo ha sostenido.
Y ¿cómo ese sacrificio de la cruz ha quitado el odio? Porque el sacrificio de la cruz me ha revelado mi condición de pecador. Porque frente a la cruz, frente al infinito amor allí manifiesto, aparece quién soy yo. Y aparece también quién eres tú. Y allí donde aparece la verdad del corazón humano, allí donde aparece tanto, pero tanto amor que revela tanta pero tanta iniquidad, la soberbia se desinfla, agrieta y cae. Y allí donde nuestra soberbia, allí donde nuestro ego cae en pedazos, allí donde nuestra indigencia aparece con toda claridad, allí se hace posible la paz. Ese es el camino por el que Cristo ha traído la reconciliación y la paz. ¡Atención! La paz no es simplemente una negociación, no es un pulso de intereses. A ver qué vamos a lograr, a ver esto cómo se logra hacer. No, no es saber cuánto puedo conseguir yo en una mesa de negociaciones. La paz pasa por ese profundo conocimiento de mi propia miseria, pasa por el arrepentimiento y sobre todo por la dulce aceptación del amor redentor que Dios me da en la cruz de Cristo.

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