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Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.
Estar vigilantes es, entre otras cosas, no dejarnos adormecer por las seducciones de este mundo.
Homilía o292002a, predicada en 20121023, con 4 min. y 52 seg. 
Transcripción:
La palabra vigilia y la palabra vigilante están, desde luego, emparentadas. Ambas tienen que ver con estar despierto, estar en vigilia, que es lo mismo que estar vigilante, es permanecer despierto. Pero a ver, nosotros no decimos que estamos en vigilia en condiciones normales. Si por ejemplo son las once de la mañana. Utilizamos la palabra vigilia. Cuando una persona está despierta a las horas en que la mayor parte de la gente está dormida. Por cierto, eso es también lo que esperamos de los vigilantes. Se espera que el vigilante esté atento cuando todo el mundo está distraído y se espera que el vigilante esté despierto cuando casi todo el mundo está dormido. Esta característica de la vigilia es interesante porque vamos a encontrar en el evangelio de Lucas, sobre todo a partir de este capítulo doce que estamos reflexionando. Vamos a encontrar que Jesús, una y otra vez nos invita a estar vigilantes. No se trata simplemente de estar despiertos, no se trata simplemente de estar atentos. Se trata de estar despiertos, aunque sea tiempo de sueño. Y se trata de estar atentos, aunque sea tan fácil distraerse. Pero en esto, como en otras cosas, el sueño del que Cristo habla no es simplemente el sueño natural que la mayor parte de nosotros tenemos por la noche. Cuando Cristo habla de estar despiertos, cuando casi todo el mundo duerme, no se refiere a que nosotros los cristianos tenemos que tomar un horario de vida diferente. Por ejemplo, estando levantados y despiertos durante la medianoche y la madrugada, que es cuando la mayor parte de la gente duerme. Más bien, el sentido es descubrir que la mayor parte de la gente está como dormida. ¿Qué es lo que les adormece? Y la mayor parte de la gente está distraída. ¿Y qué es lo que les distrae? El mismo Evangelio nos da bastantes pistas de cómo sucede esta especie de sopor. Esta especie de sueño y esa especie de distracción. Por ejemplo, en la parábola del sembrador, Cristo nos cuenta que hay distintas clases de destino para la semilla. Hay una semilla que cae al borde del camino y que ni siquiera alcanza a echar raíz. Hay otra que cae en terreno pedregoso, hay otra que es la que en este caso nos interesa, que es la que alcanza a crecer. Pero luego Cristo dice los afanes de la vida, las zarzas ahogan la buena semilla que no alcanza a dar fruto. Y esas zarzas, esas matas que ahogan la buena semilla. Luego él explica que son las preocupaciones y los placeres de esta tierra. Entonces así entendemos qué es estar dormido o estar distraído. Estamos dormidos cuando vivimos únicamente para los placeres de esta tierra. Estamos distraídos cuando únicamente nos preocupan o nos interesan las cosas que se pueden comprar o vender que se pueden adquirir en esta tierra. Cuando nuestra atención, cuando nuestro corazón está atrapado únicamente por las cosas de esta tierra, entonces vivimos como dormidos y a veces cuesta trabajo despertar a la gente. A veces vivimos como dormidos porque estamos soñando que la vida va a consistir únicamente en ganar y consumir, en disfrutar y conseguir más dinero. Ese es un sueño, es un engaño. Hay que despertar de él, hay que permanecer vigilante, hay que descubrir dónde está el verdadero tesoro y hay que aguardar a Cristo. Sobre este tema el Señor va a volver una y otra vez. Estemos atentos, estemos vigilantes.

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