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Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.

Ser católico quiere decir que después de recibir el amor de Dios tenemos el deber de amar, de realizar las buenas obras a las que nos ha destinado el Señor.

Homilía o291008a, predicada en 20221017, con 7 min. y 37 seg.

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Transcripción:

La primera lectura de hoy es una perfecta oportunidad para volver a un tema que hay que explicarlo más de una vez. Y es el tema de la fe y las obras. Para mi opinión es bien difícil encontrar un texto que aclare más esta situación de la fe y las obras en San Pablo. Es bien difícil encontrar algo mejor que Efesios Capítulo Dos, de donde ha sido tomada esa primera lectura. Vamos a ver de qué se trata. Se trata básicamente de si nosotros adquirimos la salvación, nos ganamos la amistad con Dios por las cosas que nosotros hacemos, o si por el contrario, la salvación es algo absolutamente gratuito, es un regalo completo de Dios, que es lo que se incluye en la palabra gracia.

Cuando se dio esta polémica, cuando se dieron las discusiones en el Siglo Dieciséis entre Martín Lutero y la Iglesia Católica, discusiones que acabaron mal, lamentablemente, porque de ahí vino la gran separación entre los protestantes y los católicos. En esas discusiones, la postura de Lutero era que la Iglesia estaba prácticamente vendiendo, oiga, estaba vendiendo la salvación. Porque por ejemplo, al pedir los estipendios en la Misa, o al recoger limosnas por las oraciones, por los difuntos, o de hecho, al sostener a los sacerdotes, por el ejercicio, por el ministerio de los sacramentos, la Iglesia Católica estaba vendiendo la salvación. Algo así como lo que se llama el pecado de simonía y por consiguiente la Iglesia Católica era infiel a la Biblia, porque la Biblia, en pasajes tan claros como el de hoy, Efesios Capítulo Dos dice: Estáis salvados por gracia y mediante la fe y no se debe a las obras. Por lo tanto, así argumentaban los protestantes de aquella época y muchos de este tiempo. Por consiguiente, todo eso de estar celebrando Misas y toda esa clase de cosas, eso es puro negocio, esa es una traición a la Sagrada Escritura, es una traición al mensaje del Evangelio.

Pero vamos a ver lo que nos dice San Pablo en este pasaje. Repito Efesios Capítulo Dos. Son los primeros versículos. Puedes mirar, por ejemplo, del Uno al Diez, o todavía más centrado, del Ocho al Diez. Mira exactamente ese pasaje y verás lo impresionante que es esto. Porque lo que sucede es que Pablo dice hemos sido salvados por gracia y mediante la fe, y no se debe a las obras. ¿A qué obra se refiere Pablo cuando dice no se debe a las obras? Se refiere a las obras de la ley de Moisés. Es decir, se refiere a las prescripciones que estaban en la ley de Moisés. Por ejemplo, para pedirle perdón a Dios por los pecados. Y lo que está diciendo Pablo es, esas obras, las obras de la ley, que de hecho así aparecen enunciadas en muchos textos de San Pablo. Las obras de la ley son insuficientes para llegar a una auténtica reconciliación con Dios, es decir, para estar a paz y salvo con Dios. Las obras de la ley son insuficientes y esto lo conocía muy bien Pablo, porque Pablo Conocía muy bien su religión, porque Pablo, de hecho, pertenecía al grupo más intenso, casi diríamos más fanático de aquella época, es decir, los fariseos. Antes de su conversión, Pablo estaba de lleno en el grupo de los fariseos. Entonces, cuando Pablo dice que las obras no nos pueden dar la salvación, se está refiriendo a las obras de la ley de Moisés.

Pero fíjate lo que sigue después hacia el versículo Décimo. Efesios Dos al Diez. Fíjate lo que dice nos ha salvado Dios. ¿Para qué? Para que nos dediquemos ¿a qué? A las buenas obras. Vuelve a aparecer la palabra obra. Y ahora las buenas obras. ¿A qué se refieren? ¿Se referirán acaso de nuevo a la ley de Moisés? ¡Por supuesto que no! Pablo no está diciendo que nos ha rescatado Dios por pura gracia, para que ahora sí practiquemos las obras de la ley de Moisés. De hecho, prácticamente toda la carta a los Gálatas es un largo alegato de San Pablo en contra de esa idea de que la ley de Moisés es útil para la salvación. Entonces la confusión de Lutero y de muchos protestantes. Y no faltan algunos católicos.

La confusión de Lutero está en que Pablo utiliza la palabra obras en dos sentidos. Las obras de la ley, que son incapaces de darnos la reconciliación, la justificación, el paz y salvo con Dios, las obras de la ley, y esas son las que él dice son inútiles. Pero luego están las obras después de la obra de la gracia, después de que Dios nos ha regalado, porque en efecto, es un regalo, la salvación es un regalo, la justificación. Después de que Dios ha hecho su obra en nosotros, nosotros mismos que somos obra de Él, nos convertimos en obreros. Obreros de buenas obras, es decir, en testigos en nuestra vida por medio particularmente de la caridad y de la misericordia, testigos de cuál es el Dios bueno que nos ha transformado. ¿Cómo se aplica esto a la Iglesia Católica? Si nosotros estamos mirando las cosas que hacemos como católicos, si las estamos mirando como una manera de comprar a Dios, es decir, de convencer a Dios o de poner a Dios favorable hacia nosotros, pues créeme que Lutero tiene toda la razón del mundo. Pero si nosotros como católicos entendemos lo que dice Efesios Dos, que hemos sido salvados por gracia y mediante la fe, que todo es regalo del amor de Él, y que después de recibir ese regalo, el regalo de su amor, después de eso tenemos el deber de amor, de realizar las buenas obras a las que nos ha destinado Dios. Eso es ser católico.

Santo Tomás lo resumió hablando de la gracia operante y la gracia cooperante. La gracia operante que opera, que obra en nosotros, pero no por obra de nuestra voluntad, sino por la sola gratuidad de Dios. Esa es la justificación. Pero una vez transformados por Dios, viene la gracia cooperante, es decir, la acción de Dios a través de nuestra voluntad, en nuestra voluntad y a través de nuestra voluntad, para que podamos ser testigos con nuestra vida, con nuestras obras, testigos de lo que hemos recibido. Yo espero que con la bondad de Dios y con esta breve explicación las cosas queden un poco más claras, porque es muy triste, muy, muy triste, esa división que se presentó entre protestantes y católicos. Y ya ves que era un asunto que se podía explicar en pocos minutos.

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