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Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.
La fe y la gracia tienen la fuente en Dios mismo, que a través del llamado de su amor te convoca para que estés con Él y para que seas suyo.
Homilía o291006a, predicada en 20181022, con 6 min. y 20 seg. 
Transcripción:
La primera lectura de hoy está tomada del Capítulo Segundo de la Carta de San Pablo a los Efesios. En este pasaje se encuentra una hermosa contraposición entre la propuesta de las tinieblas y el regalo del amor de Dios. Vamos a mirarlo con un poco de detenimiento. Lo que está haciendo San Pablo es el contraste entre lo que aquella comunidad, lo que aquellos cristianos eran antes y lo que han llegado a ser ahora. La diferencia entre antes y ahora. El motivo por el que Pablo hace esta comparación es para que ellos descubran cuál es el regalo que han recibido. Es decir, para que lleguen a apreciar verdaderamente todo lo que Dios ha hecho por ellos.
Este ejercicio que Pablo hace con aquella comunidad de Éfeso. También tenemos que hacerlo nosotros, porque aprendiendo a valorar nuestra fe, aprendiendo a valorar el regalo del amor de Dios en nuestra vida, no solamente tendremos mayor paz o mayor alegría, sino que también tendremos un llamado más fuerte a ser coherentes con tanta ternura, con tanta bondad, que Dios nos ha concedido. Entonces, ¿Cuál es el orden del pensamiento de Pablo? Por una parte, nos está mostrando el antes, el tiempo de las tinieblas. ¿Y qué nos dice? Nos dice que nos dejábamos llevar por la corriente del mundo y nos dice que éramos esclavos de los deseos de la carne. El mundo y la carne. Pero sobre todo nos da un dato importante que tanto esa corriente del mundo que es tan potente y que arrastra tantas personas como los impulsos de la carne, que finalmente se adueñan de nosotros, de nuestro tiempo, de nuestras metas, de nuestros deseos.
Esas dos cosas, ese mundo y esa carne están bajo el imperio de lo que él llama el jefe de esta zona inferior. Es decir, es el espíritu del mal el que finalmente nos está manteniendo en esclavitud. Es el espíritu del mal el que finalmente está adueñándose de nosotros. O sea que fíjate que es un triángulo nefasto el que aparece ahí. Tienes la corriente del mundo, tienes los impulsos de la carne y tienes la opresión del demonio. Inmediatamente reconoces los tres enemigos del alma. Ésta, que es enseñanza tradicional en la Iglesia Católica, no sale de la nada, sale de la Palabra de Dios. Y lo tienes específicamente en este pasaje el demonio, el mundo y la carne. El mundo manifestado como una corriente en la que todos nos vemos envueltos. Es decir, cuesta mucho trabajo separarse de lo que todo el mundo piensa, de lo que todo el mundo dice, de lo que se ha vuelto la norma, de lo que se ha vuelto la moda. Cuesta mucho trabajo separarse de eso. Esto es lo que significa el mundo. Luego, los impulsos de la carne que en medio de su fragilidad y su continuo pedir y reclamar atención y reclamar placer, nos esclaviza. Pero por encima de ese mundo y de esa carne, el jefe, es decir, el demonio. Estos son los enemigos del alma. Y esta es la situación que tenían los Efesios antes.
Pero ahora vamos a ver qué es lo que Dios ha hecho, cuál es el ahora. Y entonces aparecen tres expresiones: aparece la fe, aparece sobre todo la gracia y aparece Dios. Dios que nos regala la fe. Dios que nos concede la gracia. Dios que se ofrece como meta y como causa de nosotros los creyentes. Entonces, fíjate la contraposición que hay aquí solamente mediante la luz de la fe y mediante la fuerza de la fe, nosotros llegamos a superar esa corriente del mundo. Porque cuando todo el mundo te está diciendo que una cosa es buena, darte cuenta de que eso es una trampa y de que eso es malo. No es fácil. Si todo el mundo, por ejemplo, te dice que la diversidad sexual es una maravilla y que eso es ser moderno y que eso es ser progresista. Oponerse a eso, ver el engaño que hay ahí, descubrir la trampa y vencerla requiere una luz especial y requiere una fuerza especial. Eso te lo da la fe, vencer los impulsos de la carne que está reclamando recompensa, consuelo y placer ya mismo. Es prácticamente imposible si no entra en juego ese otro elemento, la gracia de Dios. Bendita gracia de Dios, que hace que cuando tú estés así fortalecido, consolado por esa gracia, logras vencer las apetencias de la carne.
Y si el mundo y la carne tienen su jefe, que es el enemigo, que es el demonio, pues la fe y la gracia tienen su fuente, que es Dios mismo, y que a través del llamado de su amor te está convocando para que estés con Él, para que seas suyo, para que llegues a tu plenitud. ¡Catequesis tan preciosa! El triángulo de las tinieblas y el llamado la Tríada de la luz. Demonio, mundo y carne por una parte. La Fe, la Gracia y Dios nuestro Padre, para nuestra victoria en la otra parte.

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