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Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.
Contexto histórico, cultural y de evangelización de la Carta a los Efesios.
Homilía o291004a, predicada en 20141020, con 28 min. y 14 seg. 
Transcripción:
Quienes tenemos la bendición de participar de la Eucaristía diariamente. Creo que junto con esa alegría adquirimos también un hermoso deber escuchar con mayor atención y buscar mayor fruto de esa palabra que a nosotros se nos da con más abundancia. La inmensa mayoría del pueblo cristiano católico, si asiste a la Misa es a la Misa del Domingo. Nosotros tenemos la oportunidad y la bendición de escuchar con mayor abundancia los tesoros de la Escritura. Y por eso, repito, tenemos también un hermoso deber de estar muy atentos y de buscar mayor fruto. Por ejemplo, nosotros empezamos la semana pasada a escuchar de la carta a los Efesios. Según este leccionario que tengo en mis manos, el Jueves de la semana pasada empezamos con la carta de San Pablo a los Efesios. Es buena idea para los que estamos así, cerca de la Misa diaria, tener esas referencias presentes. Estos son días que están marcados por la carta a los Efesios. Así como uno tiene que saber que el Evangelio en esta época del año va siguiendo a San Lucas. Después de haber tomado porciones amplísimas de San Marcos, luego textos de los grandes discursos de Cristo en San Mateo, ahora estamos en Lucas. Esa ubicación litúrgica realmente se debe esperar de quienes tenemos esta bendición tan grande, no la tiene todo el mundo.
Carta de San Pablo a los Efesios. Entonces yo quiero tomar esta oportunidad para brindar unas pequeñas claves, de manera que este texto nos resulte más cercano. Que nosotros no seamos oyentes distraídos o que no seamos como esas piedras. El ejemplo lo hemos oído varias veces, esas piedras del lecho del río a las que les pasa por encima toda el agua. Pero si tomas una de ellas y la partes y está reseca por dentro. A veces me parece temer que algunos de nosotros estamos en esa tentación. Tantas Misas, tantos retiros, tanta proclamación de la palabra y a veces resecos por dentro. Entonces vamos con unas claves de esta carta de Pablo a los Efesios, muy sencillas. No se trata de hacer una profunda y quizás demasiado especulativa ponencia sobre este documento. Simplemente ayudar a que la Palabra nos hable, nos hable un poquito más.
Empecemos por un sencillo detalle. Notamos en esta carta que todo el tiempo, sobre todo al principio, Pablo está hablando de nosotros y ustedes, ustedes y nosotros. Tomemos el pasaje de hoy. Como esta traducción está hecha con el español de España, puede ser más cómodo que sigamos ese mismo modo de conjugar los verbos para que resuene así también en nuestros oídos. Hubo un tiempo en que estabais muertos por vuestros delitos, cuando seguíais la corriente del mundo presente. Empieza diciendo Pablo en el pasaje de hoy, que es el Capítulo Segundo de Efesios. En la siguiente frase dice, antes procedíamos nosotros también así. ¿Ves? Ahí está el vosotros y el nosotros. Y uno dice Cuáles serán esos vosotros y cuáles serán esos nosotros. Dice aquí estábamos destinados a la reprobación, como los demás. Pero Dios, rico en misericordia, por el gran amor con que nos amó, estando nosotros muertos por los pecados, nos ha hecho vivir con Cristo. Y entonces agrega por pura gracia estáis salvados vosotros. Hay un nosotros, hay un un juego lingüístico de nosotros y vosotros.
Si uno retrocede un poquito al Capítulo Primero, seguramente se puede dar cuenta mejor de dónde viene ese modo de hablar. En el caso del Capítulo Primero de la carta a los Efesios encontramos lo siguiente. Dice Pablo al comienzo de ese cántico que lo tenemos en las vísperas de los Lunes. Bendito sea Dios, Padre de nuestro Señor Jesucristo, que nos ha bendecido en la persona de Cristo. Esa es la parte de nosotros. Nos ha destinado en la persona de Cristo a ser sus hijos. El tesoro de su gracia, sabiduría y prudencia ha sido un derroche para con nosotros. Todo eso es parte de nosotros. Pero en el versículo Once dice Por medio de Cristo hemos heredado también nosotros los israelitas, a esto estábamos... ¡ah nosotros los israelitas! Ahí apareció la clave. Y luego dice y también vosotros, que habéis escuchado la palabra de verdad, el Evangelio de vuestra salvación, en que creísteis. Habéis sido marcados por Cristo con el Espíritu Santo. Ah entonces toda la carta, sobre todo en su parte doctrinal, está montada sobre una meditación entre lo que le sucedió al pueblo elegido, es decir, los israelitas y lo que le sucede a los pueblos no judíos, es decir, los gentiles, los paganos. O sea que la carta a los Efesios es una meditación sobre cómo al mismo tiempo el pueblo elegido ha recibido la plenitud de lo que se le había prometido. Y los pueblos no judíos, que somos todos nosotros. Bueno, quizás haya alguna que sea judía por aquí de origen. Uno no sabe nunca. Quizás hay alguna judía, de origen judío quiero decir, eso puede ser. Hay algunas que yo les veo cara un poco judía. Entonces, la carta a los Efesios es una reflexión sobre cómo los judíos, el pueblo elegido, han recibido a través de Cristo todo lo que se les había prometido. Y los pueblos no judíos, es decir, nosotros, los gentiles, hemos sido salpicados, hemos sido bendecidos.
Pero a ver, aquí hay una palabra nueva que tiene que aparecer, porque cuando Dios promete algo, de alguna manera queda obligado a cumplirlo. Él es fiel ante todo. Entonces se puede decir que Dios tenía una especie de obligación. Una vez pronunciado el juramento, Dios queda obligado por su propia palabra. Entonces, en los judíos, evidentemente la dinámica va a ser promesa y cumplimiento. Pero, ¿y en nosotros? Es decir, nosotros los gentiles, nosotros los paganos, nosotros los no judíos, nosotros. Nosotros no estábamos esperando esa salvación. Dios no estaba ligado a ninguna obligación con nosotros, y sin embargo nosotros hemos recibido una enorme bendición. Entonces, ¿cómo nos ha llegado esa bendición? No ha sido por una deuda que Dios tuviera, ni siquiera en el sentido de que se había obligado por una promesa previa. Es pura misericordia. Aquí, parece que estuviéramos haciendo la introducción para nuestra predicación de mañana. La palabra misericordia aparece aquí con toda su fuerza. Los pueblos paganos, esos son nuestros pueblos. Los pueblos gentiles no tenían razón alguna para esperar. Eran, de hecho, pueblos sin esperanza. Pero a nosotros los gentiles, nos ha llegado esa salvación. Esta es la primera clave para la Carta a los Efesios.
Es una reflexión sobre cómo la salvación es, al mismo tiempo, cumplimiento de la promesa divina para los judíos y sobreabundancia de misericordia para los no judíos. Esa reflexión ¿qué nombre tiene en la teología de Pablo? Cómo ve él esa maravilla, ese extenderse la bondad de Dios a los pueblos no judíos. Eso es lo que él llama el misterio escondido por siglos infinitos. Es lo mismo que él llama en ese cántico que todos decimos las vísperas de los Lunes. Este es el plan. Plan que había proyectado realizar por Cristo cuando llegase el momento culminante. Recapitular en Cristo todas las cosas. Entonces, ¿cuál es el primer sentido que tiene recapitular? Recapitular quiere decir que todo tenga su cabeza en Cristo, hacer que todas las cosas tengan su cabeza en Cristo. ¿Cuál es el primer sentido que tiene el recapitular, es decir, el darle a todo su cabeza en Cristo? El primer sentido es precisamente que la misma salvación que recibe el judío la recibo yo, que soy de origen pagano. Es decir, Cristo se convierte así en cabeza del judío. Cristo se convierte en cabeza del pagano en Cristo. Judíos y no judíos tenemos nuestra cabeza. Eso es lo que maravillaba a Pablo. Eso es lo que llenaba Pablo de una alegría exuberante. Eso es lo que él llama. Este es el plan que había proyectado realizar por Cristo, recapitular en Él todas las cosas del cielo y de la tierra. Bueno, y ahí tenemos ese elemento. Pero ahora tenemos otra realidad muy interesante que queda sugerida en la frase que acabo de decir. Recapitular en Cristo todas las cosas del cielo y de la tierra.
Entonces viene otro elemento de meditación en la carta a los Efesios. Yo entiendo que todo religioso dominico, toda religiosa dominica, yo lo concibo como un contemplativo de la Palabra de Dios. Tenemos que ser apasionados y enamorados por esta palabra. De modo tal que la saboreemos. Acuérdate que el don de sapiencia, el don de sabiduría, relaciona de un modo bellísimo sabor y saber. Eso es lo propio del don de sabiduría. Y es el don, quizás más propio de nuestra orden dominicana. Sabor y saber. Entonces hay que tener saber, pero hay que detectar el sabor. Al dominico, a la dominica la palabra le sabe. No es solo que la dominica sabe, sino que la palabra le sabe, le encuentra el sabor. Bueno, dice aquí. Recapitular en Cristo todas las cosas y de inmediato lo hemos asociado con aquella historia de judíos y no judíos.
Pero fíjate que Pablo va más lejos, dice Recapitular en Cristo todas las cosas del cielo y de la tierra. Es decir, aquí hay como una ampliación de la mirada al misterio de Cristo. Podemos decir que aquí estamos en un momento culminante, un momento estelar de la elaboración de la cristología de San Pablo. Cristología. No le tenga miedo a la palabra, alguna de pronto puede asustarse. Dirá no, ya el padrecito se puso serio, ya dijo cristología. No, cristología es la meditación sobre el misterio de Cristo. Es el intento humilde, creyente, tenaz por descubrir quién es Cristo. Y lo que nos mueve a la cristología no es lograr un título universitario que quizás alguno lo pueda tener. Lo que nos mueve la cristología ¿qué es? el amor. Cómo voy a desconocer a mi amado. Cómo me voy a conformar con cualquier conocimiento. Todo dominico, toda dominica, tendrá que ser crisólogo en algún sentido, porque si no estamos fascinados por Cristo, qué fue lo que nos fascinó entonces. Bueno, la cristología de San Pablo, es decir, su reflexión sobre Cristo, claramente ensancha horizontes de un modo impactante, impresionante.
En esta carta a los Efesios fíjate lo que nos está diciendo, recapitular todas las cosas del cielo y de la tierra. ¿Cómo llega a Pablo a dar el salto entre la historia que he dicho antes, la historia entre pueblo judío y pueblos no judíos? ¿Cómo da ese salto desde esa realidad que podemos decir es casi muy local a una realidad cósmica? Los que estudian este tema en San Pablo hablan del Cristo cósmico. Es el Cristo que llena el universo. Y tú te puedes dar cuenta que eso está aquí. Dice aquí Él nos ha destinado en la persona de Cristo por pura iniciativa suya, a ser sus hijos. Pero nos ha dicho antes otra cosa: nos ha bendecido en la persona de Cristo con toda clase de bienes espirituales y celestiales. Nos eligió en la persona de Cristo antes de crear el mundo. Por qué Pablo está tan seguro que un profeta de un rincón del Imperio Romano es el lugar de la elección antes de la creación del mundo. Daría la impresión de que es simplemente la exaltación de una figura. ¿De dónde viene eso? Bueno, la respuesta es muy hermosa. Y la respuesta tiene que ver con la experiencia que tiene el pueblo de Dios ya desde el Antiguo Testamento.
Ustedes saben que en el Siglo Sexto antes de Cristo, el pueblo elegido fue llevado al destierro allá en Babilonia. ¿Y qué se encontraron los israelitas en el destierro? Se encontraron con una realidad dolorosa hasta el extremo. No es solo la humillación. No es solo la opresión. No es solo la cantidad de muerte y de tortura. No es solamente eso. Es estar en tierra extranjera y es ver que ellos mismos son tomados y considerados como esclavos al servicio de un proyecto que le da la honra solamente a las cosas de esta tierra y a los dioses extraños de otras naciones. ¿Cómo seguir creyendo que Dios es Dios cuando parece que los dioses que salieron ganando fueron los dioses de Babilonia? Si finalmente nos llevaron presos a Babilonia, si finalmente somos esclavos de los caldeos, ese es el pueblo que tenía por capital a Babilonia. Si somos esclavos de los caldeos, si estamos en Babilonia, ¿cómo seguir diciendo que Dios es Dios? Esta es la gran pregunta. Este es el terrible desafío para la fe judía. Cuando ellos se ven llevados al destierro y en ese destierro y en esa humillación, hay todavía un dolor adicional. Los que nos desterraron nos invitaban a cantar, nuestros opresores a divertirlos. Cantadnos un cantar de Sión. Lo que habían sido los Salmos y las oraciones del templo de Jerusalén. Ahora quedan reducidos a un hecho cultural que despierta sonrisas de simpatía entre los caldeos. A ver cómo era el salmo con el bailadito ese que hacen ustedes los judíos. A ver, haga el bailadito, ¿cómo es el bailadito del salmo? Imagínate qué siente este que le están restregando la profanación de lo más sagrado en la cara. Cómo cantar un cántico del Señor en tierra extranjera. Junto a los canales de Babilonia nos sentamos a llorar con nostalgia de Sión. Allí los que nos deportaron nos invitaban a cantar, nuestros opresores a divertirlos, cantadnos un cantar de Sión. En las orillas de sus sauces colgábamos nuestras cítaras. Aquí no hay quien pueda cantar, porque es el momento de la opresión, de la humillación. Es el momento en el que todo parece gritar el triunfo de los dioses paganos. Y ahora llegan estos aquí a convertir mi fe en un hecho cultural, un hecho divertido. A ver, diviértenos un poco con el salmo y tú bailadito ese que tienes. Ese es el dolor intenso. Por eso también dice si me olvido de ti, Jerusalén, que se me paralice la mano derecha, que se me pegue la lengua al paladar si no pongo a Jerusalén en la cumbre de mis alegrías.
Ellos se dan cuenta aún en esa opresión, se dan cuenta de que tienen una vocación. Pero es un momento de gran oscuridad. Resulta que esa opresión duró cerca de setenta años. En el Siglo Sexto antes de Cristo, a los caldeos les llegó su hora. Porque resulta que otro pueblo que fueron los persas, le dieron un golpazo a los caldeos, los derrotaron y resulta que a los persas ya no les interesaba tener a los judíos en Babilonia, porque los persas no querían que Babilonia fuera una gran ciudad. Querían bajar de rango, querían humillar a Babilonia así como los de Babilonia habían humillado a Jerusalén. Entonces los persas, por quitarse un problema de encima y por degradar y por humillar a los caldeos, sacaron a los judíos de Jerusalén. Ustedes devuélvanse para su tierra. Entonces fíjate que el interés de los persas con Ciro a la cabeza, con el rey Ciro a la cabeza. El interés de los persas. ¿cuál era? Simplemente era un interés político, un interés militar. Se trataba de humillar y de degradar al pueblo caldeo. Eso era lo que ellos querían. Pero Dios se valió de eso para que estos pudieran retornar a su tierra. Y resulta que el rey Ciro, para facilitar el retorno y para asegurarse de que los judíos salieran de Babilonia, de manera que Babilonia quedara degradada y nunca levantó cabeza Babilonia después de eso. Siglo Sexto antes de Cristo. Para asegurarse de que Babilonia quedara bien degradada y humillada, entonces les ayudó incluso a los judíos para que volvieran a su tierra. Les dio recursos del tesoro del imperio para que volvieran a su tierra. ¿Cómo leen los judíos ese hecho? Ellos leen eso como una intervención de Dios. Para ellos es claro que Dios se está valiendo de Ciro, el rey de los persas, para devolverlos a su tierra y para reconectar con una historia, una historia de promesas, una historia de salvación. Así es como ellos leen ese hecho.
Y entonces dan otro paso y se dan cuenta que por encima de los falsos dioses de los caldeos, Dios es el que se ha salido con la suya. Pasamos por fuego y por agua, pero nos has dado respiro. Ellos se dan cuenta de que Dios es el Dios que hiere y venda la herida, hunde en el abismo y levanta. Ellos se dan cuenta que a pesar de toda la prepotencia y a pesar de la arrogancia, y a pesar de la crueldad de los caldeos, que en ese momento parecía que no había sino dioses caldeos. A pesar de todo eso, Dios sigue siendo Dios. Es decir, y esta es la frase más importante de este momento, Dios también era Dios en Babilonia. Dios también es Dios para los babilonios, que no debe decirse así, sino para los caldeos. Dios también es Dios para los caldeos. Por supuesto que eso puede ser ocasión para que los persas se consideren muy orgullosos. Pero resulta que unos años después a los persas les llegó también su turno, porque entonces vino la invasión de Macedonia, dirigida a comienzos del Siglo Cuarto por Alejandro Magno y Alejandro le va a hacer a la capital de los persas, que se llamaba Persépolis, lo mismo que los persas le habían hecho a la capital de los caldeos, que se llamaba Babilonia, que es lo mismo que los caldeos le habían hecho a los judíos con su capital que se llama Jerusalén. Entonces ahí es donde ellos se van dando cuenta de que los imperios humanos suben y bajan, de que los intereses humanos y los intereses de la política y de las codicias humanas, esos intereses van y vienen, pero solo Dios es el que va tejiendo en medio de los caprichos y en medio de las crueldades y en medio de las miopías del ser humano. Es Dios el que va llevando la historia. Entonces, la gran lección del destierro es Dios, es también Dios en Babilonia. También en Babilonia, aunque no haya templo, ya no vemos nuestros signos, ni hay profeta. Nadie entre nosotros sabe hasta cuándo. Aunque no se vea que hay profeta, aunque no se vea nada. Dios sigue siendo Dios. Ese es el mismo argumento que utiliza San Pablo en la carta a los Efesios.
Si el corazón de los paganos puede ser conquistado por el amor de Cristo, es porque en Cristo hay algo que es más universal que las razas, que los pueblos, es más universal que las historias locales. En Cristo hay algo que es anterior y que es más profundo y que ya está presente en cada corazón humano. Entonces Pablo, reflexionando sobre cómo Cristo llega a ser Señor de los paganos, llega también a una conclusión. En Cristo han sido creadas todas las cosas. Y aquí terminamos porque resulta que esta carta a los Efesios tiene una carta hermana, que es la carta a los Colosenses. Esas dos cartas pertenecen al tiempo de la cautividad de San Pablo. Y en la carta a los Colosenses es donde está esa famosa palabra. Damos gracias a Dios Padre que nos ha hecho capaces de compartir la herencia del pueblo santo en la luz. Y ahí es donde nos dice de Cristo Él es imagen de Dios invisible, primogénito de toda criatura, en Él fueron creadas todas las cosas. ¿Por qué Pablo tiene esa certeza? Porque también en Babilonia Dios es Dios. Porque la conversión de los paganos sólo es explicable por la negación de los ídolos falsos y sobre todo, por la afirmación del Dios verdadero que en Cristo nos ha elegido a todos los que somos salvos.
Resumen tres claves de la carta a los Efesios. Primero, lo del nosotros y vosotros. Pueblos judíos y pueblos no judíos. El plan de salvación. El misterio oculto durante siglos infinitos. Eso lo tiene Pablo en la cabeza. Pobre Pablo. Me da un pesar estas meditaciones. ¿Sabe dónde las tuvo él? En la cárcel. Ahí tenía harto tiempo para pensar. Lo tenían encarcelado. Fue uno de los tiempos en los que él estuvo prisionero. Esta no es todavía la cárcel en Roma. Entiendo yo. Pero puedo estar equivocado porque yo no soy especialista en Biblia. Yo soy un aficionado. Entonces Pablo estaba prisionero y en la cárcel él escribe. Estas cartas se llaman cartas de la cautividad. Entonces le escribe a los Colosenses y al final de la carta a los Colosenses, ustedes ven que él les dice oiga, díganles a los de la Odisea que les pasen la carta de ellos. La carta de los de la Odisea probablemente es esta carta a los Efesios. Dicen los especialistas. Entonces son cartas hermanas. Bueno, pero estábamos en el resumen, no empezando otra homilía.
Primero, el nosotros y el vosotros. La meditación sobre el plan de Dios que llega a judíos y no judíos. Esa parte es clave. Absolutamente clave. Segundo, darnos cuenta que dentro de esta carta el apóstol Pablo tiene una ampliación del misterio de Cristo, y esa ampliación del misterio de Cristo tiene sus raíces en la experiencia del destierro y en la certeza de que si Dios manifiesta su grandeza en todas las naciones, es porque no hay tales dioses de otras naciones, sino porque Dios es el único Dios para todos. Ese es el mismo argumento que utiliza Pablo refiriéndose a Cristo. Si Cristo es Salvador de todas las naciones, entonces quiere decir que en Cristo hay algo que es anterior y más profundo a toda la raza humana. Y tercero, recordar que estas son cartas de la cautividad, cartas escritas desde la prisión. A mí me emociona, me enternece ver que este hombre metido en la cárcel escribía estas cosas sublimes y por ahí dice: A mí me encadenaron pero la palabra, la palabra nadie la encadena.

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