Esta es tu casa!

Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.

No olvidemos que el rico de la gran cosecha parecía la imagen misma del éxito, según este mundo.

Homilía o291003a, predicada en 20141020, con 4 min. y 42 seg.

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Transcripción:

El Evangelio del día de hoy está tomado del Capítulo Doce de San Lucas. Con su elocuencia característica, nuestro Señor Jesucristo nos invita a reflexionar con base en una parábola. Esta es la historia de un hombre exitoso, un hombre al que le salen bien las cosas, un hombre que sabe planificar y que sabe llevar a término sus obras. En ese sentido, podríamos decir que es una imagen de lo que el mundo entiende por un triunfador. Es un triunfador según el mundo, porque planea y realiza, porque logra lo que quiere y se dispone a disfrutarlo. Pero hasta ahí llega él, hasta esa disposición, porque resulta que no tiene señorío absoluto sobre su propia vida. Esta noche te van a pedir tu vida, le dice Dios lo que has acumulado, ¿para quién será? Esa es la pregunta que queda ardiendo en el corazón y en la mente.

Esa inmensa cosecha, pero sobre todo esos inmensos graneros que para contener la cosecha tenían que ser más grandes que la misma cosecha. Y aún más, esos inmensos planes que dieron origen a esos inmensos graneros para poder contener esa inmensa cosecha. Todavía digo más esa inmensa codicia que dio origen a esos inmensos planes que produjeron esos inmensos graneros para guardar esa inmensa cosecha. Parece un juego de palabras, un juego de niños. Pero describe algo espantoso del corazón humano. El absurdo de nuestro corazón que pretende saciarse con el infinito de las cosas creadas, habiendo sido dispuesto nuestro corazón por el mismo Dios para ser saciado únicamente por Él.

Así que ahí está la pregunta. Lo que has acumulado, ¿para quién será? Por supuesto que cualquier respuesta que se dé a esa pregunta es insatisfactoria. ¿Será para un hijo, será para un sobrino, será para un empleado? En realidad, la respuesta no importa, porque la respuesta en el fondo ya está dada. Y la respuesta es tú no has conseguido lo que en el fondo querías conseguir. Y por eso, porque ese camino conduce al absurdo. Es necesario entonces emprender una vía diferente y una vida diferente. Y esa vida sólo se puede sintetizar de esta manera vivir sin acumular. Imagínate lo que eso significa vivir sin acumular.

También se puede expresar de otro modo, acudiendo a otra predicación de Cristo. Vivir pero acumulando, no aquí donde hay ladrones y donde hay polillas, sino acumulando tesoros en el cielo. Se atribuye a San Francisco de Asís aquella frase. Lo que tenemos lo dejamos al final. Lo que damos es lo realmente nuestro. O sea que la invitación de Cristo es más profunda de lo que tal vez podemos sentir en una primera mirada. De lo que se trata es de vivir en actitud de donación, vivir hasta convertirnos nosotros mismos en don. Vivir mirando todo aquello que me rodea, todo aquello que tengo, todo aquello que entrecomillas es mío, como algo que está de paso por mi vida y que tiene su verdadero servicio más allá de mí. Vivir hasta convertir a la vida misma en un regalo, hasta ser nosotros mismos un don de Dios.

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