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Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.
La verdadera riqueza no está en lo que retenemos sino en lo que damos.
Homilía o291002a, predicada en 20121022, con 4 min. y 28 seg. 
Transcripción:
Uno de los varios nombres o títulos que damos a Jesucristo es el de Divino Maestro. ¡Qué bien le queda! Es Maestro porque enseña y es divino porque realmente enseña de parte de Dios con autoridad de Dios. Nos enseña como Dios y hombre verdadero que es. En estos últimos pasajes del Evangelio, para las Misas de entre semana hemos ido encontrando a Jesús en su labor de Maestro, de Divino Maestro. Tenemos a Cristo enseñándonos a quién hay que temer y a quién no hay que temer. No vale la pena, por ejemplo, darle tanta importancia a la gente cuando el poder último que tienen es solo el poder de matar. Bueno, es un poder muy grande, pero la muerte que ellos pueden causar no es la muerte verdadera, no es la muerte eterna. En cambio, en nuestra relación con Dios lo que está en juego es la muerte eterna. Entonces, primero, el temor de Dios, el santo temor de Dios. Así nos educa a Cristo.
Hoy, por ejemplo, nos quiere educar en cuanto al deseo de riquezas. Nos cuenta una historia. Este es un hombre que parece que ha tenido un golpe de suerte, como a veces se dice en nuestra querida Colombia. Las cosas se le han dado, todo ha funcionado bien, una gran cosecha, graneros más amplios y la perspectiva deliciosa de una vida sin esfuerzo. Una vida dedicada únicamente al placer, porque al fin y al cabo, como dicen todas las propagandas de la televisión, yo me lo merezco. Parece que eso es lo más deleitable. Parece que eso es lo más deseable que puede encontrar el corazón humano. Imagínate una situación más sabrosa. Tener al mismo tiempo una gran cantidad de bienes y tener una larga vida por delante. Pero hay algo que falla ahí. Es posible que los bienes los tengas, pero en cuanto a la larga vida, eso no depende únicamente de ti. Y es ahí donde la parábola que Cristo está contando toma un rumbo, tal vez inesperado para los oyentes, porque ellos estaban esperando que a esa larga riqueza le correspondiera una larga vida.
Pero ¿Qué pasa si la riqueza es larga y la vida corta? ¿Qué pasa si la riqueza, la riqueza material, es abundante y mientras tanto la vida es pobre y es escasa? Así nos está enseñando el Señor, así nos está enseñando este divino Maestro. La incoherencia en la que uno puede caer muy fácilmente. Aquel que acumula únicamente para esta tierra, aquel que tiene el corazón puesto únicamente en los bienes de esta tierra, necesariamente está descuidando lo más importante, porque su verdadera riqueza no van a ser sus bienes, sus dólares, sus tierras o sus cosechas. Esas cosas no valen nada para el que no tiene vida para disfrutarlas. Y esa vida no está únicamente en tu mano. No es algo de lo que tú dispongas. Entonces, ¿Dónde estará la verdadera riqueza? La verdadera riqueza, la única que realmente cuenta es la que Jesús quiere que nosotros cultivemos y deseemos primero. Y esa riqueza es riqueza en el cielo, y se acumula esa riqueza en el cielo, no tanto con lo que retenemos, sino sobre todo con lo que damos. Vaya un secreto.

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