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Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.
Pidamos a Dios que pongamos nuestras prioridades en orden, que esté primero lo que para Él es primero, para no olvidarnos de la justicia y la misericordia.
Homilía o283009a, predicada en 20241016, con 8 min. y 46 seg. 
Transcripción:
La palabra clave el día de hoy es prioridades. Encontramos un enfrentamiento en el Evangelio de la misa de hoy, encontramos un enfrentamiento, una discusión entre nuestro Señor Jesucristo y un grupo de fariseos. Y básicamente, lo que hace Cristo es criticar el orden de prioridades, podríamos decir la escala de prioridades o de valores de aquellos fariseos, porque ellos le daban muchísima importancia a los detalles de la ley. Detalles como, por ejemplo, que hay que pagar el impuesto sobre algunas de las hierbas que se utilizan, que se yo, como medicina, como bebida, como alimento, la hierbabuena, por decir algo.
Y si, es verdad que hay que pagar ese impuesto y es verdad que eso tiene alguna importancia, pero el problema es que ellos le daban tanta importancia a esos detalles, eran tan supremamente importantes para ellos, mientras que descuidaban otras cosas, como por ejemplo, dice Cristo, la justicia, la misericordia, descuidaban esos elementos, descuidaban lo que era más importante. Yo me pregunto si algo parecido puede estar sucediendo en nuestra época. Es decir, me pregunto si nuestras prioridades están en el orden en el que deben estar, en el orden que más le agrada a Dios.
Tengamos en cuenta que Dios, que es infinito, Dios que es el Eterno, el Omnipotente, el que todo lo sabe, tengamos en cuenta que Dios nuestro Señor, pues conoce perfectamente desde las galaxias más grandes hasta el menor detalle de las partículas subatómicas, por decirlo en ese lenguaje. Nosotros, sin embargo, no tenemos esa capacidad de llegar a cosas tan grandes o cosas tan pequeñas, sé que la ciencia trata de estudiar esos distintos rangos, esas distintas dimensiones. Pero más allá de la ciencia, pensemos, por ejemplo, voy a dar dos casos, pensemos en la liturgia y en la moral. Me he encontrado con que hay muchas personas que le dan una tremenda importancia a unos elementos litúrgicos que efectivamente son valiosos, pero ¿son los más valiosos?
Hay una anécdota sobre este escritor, Dante, Dante Alighieri, el escritor, el autor de La Divina Comedia. Dante Alighieri era un hombre piadoso y él asistía a la misa, por supuesto, iba a la Santa Misa. Y una vez alguien le criticó, porque él se había arrodillado antes o había permanecido después de rodillas, había permanecido de rodillas después del momento en el que hay que arrodillarse en la misa. Y entonces le hizo esa crítica a Dante, es una anécdota poco conocida. O sea, básicamente le critica: A ver, tú estás arrodillado cuando no es, cuando no corresponde. Y la respuesta de Dante fue: Yo estaba tan absorto en la adoración que no me fijé en eso.
Por supuesto que uno debe arrodillarse cuando es y debe levantarse cuando es, pero a ver ¿cómo están nuestras prioridades? Lo más importante seguramente no es exactamente cuántos segundos debo estar arrodillado, seguro, seguro que eso no es lo más importante. Entonces, cuando nosotros empezamos a darle muchísima importancia a cuál es el minuto y el segundo en el que hay que arrodillarse, cuál es el minuto y el segundo en el que hay que levantarse, tenemos el riesgo de que eso agarre, atrape tanto nuestra atención que cosas mucho más importantes como la inmensidad del amor que recibimos en la Eucaristía o la grandeza de la adoración que ofrecemos a Dios, a través de la Eucaristía, pasa a segundo plano y no debe ser así.
Conozco gente preocupadísima porque no crece el número de mujeres que utilizan la mantilla. A mí me parece bello el uso de la mantilla, pero cuando la mantilla se vuelve tan importante para ti que cuando entras a la Iglesia estás mirando por qué esa chica no tiene mantilla, esa señora debería tener mantilla, por qué no hay más gente con mantilla, qué pasa. Oye, qué mantilla tan bonita esa. Esa mantilla está muy barata. ¿Seguro que tienes las prioridades en orden?
Hay personas supremamente preocupadas cuando la gente en la asamblea toma esta posición para decir el Padrenuestro. Los libros litúrgicos dicen que el que debe tener esta postura para decir el Padrenuestro, es decir, con las manos semi-levantadas, es el sacerdote. Los libros litúrgicos no prohíben que otras personas tengan esa misma postura, dicen, el sacerdote debe hacerlo, sobre los fieles no dice, ni que lo hagan ni que no lo hagan, se puede interpretar que lo normal es que no lo hagan. Pero volver eso un tema y volver eso, una materia de discusión y estar continuamente en las redes sociales con que bajen esas manos, hay que bajar las manos, usted no puede tener las manos, ¿sabes que ocasiona eso? Eso ocasiona que cuando llegue el próximo Padrenuestro, en la próxima misa, entonces tú vas a estar pendiente a ver quién levanta manos, quién no levanta, por qué, pero ese señor porque levanta las manos. ¿Estás seguro de que tienes tus prioridades en orden?
Lo mismo pasa en la moral, a veces en el sacramento de la confesión hay gente que se confiesa de cosas muy pequeñas, pequeñas en comparación con otras mucho más grandes, por ejemplo: Yo me acuso, padre, porque es que el domingo pasado no fui a misa, resulta que tenía a mi mamá muy enferma, tenía que estar con ella. Posiblemente eso ni siquiera es pecado, había una necesidad muy urgente de caridad. Otro dice: Yo me acuso de que yo llegué tarde a misa, está bien que lo digas, probablemente fue un acto de pereza, es una falta de amor. Está bien que lo digas, pero el problema no es ese. El problema es que esa misma persona que se acusa de que llegó tarde a misa, pues resulta que está pagando un salario de hambre, un salario injusto a la persona que les ayuda con el servicio doméstico en la casa.
Entonces, estamos muy preocupados porque llegamos cinco minutos tarde a la misa y no estamos preocupados porque estamos llevando a una persona al límite de sus fuerzas con un salario de hambre, simplemente porque la ley nos respalda. Yo creo que me entiendes lo que te estoy diciendo. Tenemos que pedirle a Dios que pongamos nuestras prioridades en orden, nosotros no podemos seguir así. Que esté primero lo que para Dios es primero. Ustedes me dirán: Bueno, y ¿cómo se educa uno en eso? Si quieres empezar por alguna parte, empieza por las enseñanzas del Catecismo de la Iglesia cuando nos habla sobre los mandamientos. Mira que esa exposición que tiene el catecismo de Juan Pablo II sobre los mandamientos le ayuda a uno muchísimo a poner las prioridades en orden, para que no resultemos, como los fariseos, sacando los miligramos de la hierbabuena y de la ruda y del cilantro, mientras se nos olvida la justicia y la misericordia.

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