Esta es tu casa!

Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.

¿Por qué quieren que todos nos sintamos ofendidos por todo? Que todo el mundo viva ofendido por todo es una estrategia deshonesta pero útil para crear presión pública y lograr el poder.

Homilía o283007a, predicada en 20201014, con 19 min. y 9 seg.

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Transcripción:

Hermanos, si algo hemos visto muchas veces en el Evangelio es la tensión, la controversia entre Jesús y algunos grupos de los judíos de aquella época. Por ejemplo, con los fariseos y con los escribas, como aparece en el Evangelio de hoy. Pero Cristo también tuvo controversia con otras personas, como por ejemplo, los saduceos o los del círculo o camarilla de Herodes, realmente el ministerio de Cristo estuvo rodeado de oposición y de persecución. Comentábamos en la homilía de ayer por qué los fariseos detestaban tanto a Cristo, hoy quiero que nos centremos en un verbo que aparece en esta traducción que hemos leído.

Después de que Jesús habló tan dura y tan claramente a los fariseos, uno de los escribas que eran muy unidos con los fariseos, escribas y fariseos, eran muy unidos. Uno de los escribas le dice: Nos estás ofendiendo. Ese es el verbo en el que quiero fijarme hoy: Nos estás ofendiendo. Y ¿qué hizo Jesús? Pues le dio también su parte al escriba: Ay de vosotros también escribas, aquí dice, juristas, esta traducción. «Ay de vosotros escribas, que abrumáis a la gente con cargas insoportables y no movéis un dedo para ayudar». Yo destaco el verbo ofender porque es un verbo que se está utilizando mucho hoy, se han dado cuenta ustedes que hoy todo el mundo vive ofendido. Nace el bebé, ya está ofendido, ya está ofendido porque no lo dieron a luz como era, porque había mucho frío en la sala de partos, estoy ofendido con eso, la gente nace ofendida.

Entonces, vamos en esta homilía a comentar un poco sobre esa psicología de la ofensa, con perdón de los psicólogos. Y vamos a comentar un poco sobre la actitud de Cristo frente a las ofensas, esa es nuestra homilía de hoy, con el favor de Dios. Entonces, vamos a comentar por qué hoy se utiliza tanto el verbo ofender. Resulta que el verbo ofender es supremamente importante en una larga tradición que viene por lo menos desde el siglo XVIII, esto tiene historia, mis hermanos. La idea ¿cuál es? La idea es que una persona que se siente maltratada es una persona que acumula en su corazón indignación, rabia. Y esa indignación, si se usa inteligentemente, sirve para producir poder, ese es el enunciado general de por qué hay tanta ofensa o tanto lenguaje de ofensa hoy.

Esto sucedió ya a finales del siglo XVIII en la Revolución Francesa, pero tomó un cauce muy particular a partir del marxismo. Efectivamente, nos damos cuenta que el lenguaje de Marx es un llamado a los maltratados, a los que estaban siendo marginados, a la gente que lo estaba pasando muy mal. Marx llama a esas personas ¿a qué? A que se unan, a que luchen y a que venzan. Unión, combate y victoria. Pero ¿cuál es la base de todo eso? ¿Qué se necesita para que la gente empiece a unirse, según Marx, qué se necesita para que la gente empiece a unirse y luego entre en el combate y luego logre la victoria? El requisito de todo eso es que primero la gente tiene que sentirse maltratada. O sea que la palabra ofensa es una entre muchas palabras que tienen que ver con el mundo del maltrato.

Entonces, lo que quiere el marxismo ¿qué es? Y en general este tipo de ideologías de izquierda, ¿qué es lo que quieren? Lo que quieren es reunir a los maltratados, concientizar a los maltratados ¿para sanarlos? Nada, para sanarlos no, ¿para aliviarlos? No ¿para qué? Para afianzarlos en su rabia, para afianzarlos en su indignación, porque cuando la multitud está llena de ira, se convierte en un puño, como de hecho, algunos de esos movimientos tienen puños. Mire, por ejemplo, a las feministas, la mayoría de las feministas, hay unas pocas que no, pero la mayor parte del feminismo es el puño. Es la mujer que da puños, es la mujer convertida en puño, lista derribar al patriarcado que los tiene, eso es lo que se quiere. Para eso sirve el lenguaje del maltrato, para despertar en las personas, para despertar en la gente un sentimiento de indignación, un sentimiento de víctima, un sentimiento de que a mí me lo deben todo y como a mí me lo deben todo, yo voy a salir a reclamar.

Así, por ejemplo, en la oleada de protestas que hubo especialmente en el año 2019 en Chile, decía una de estas líderes de izquierda, decía: El sistema capitalista nos roba. Si ves, siempre es presentarse como víctima y víctima ofendida. El sistema capitalista nos roba. Por consiguiente, cuando nosotros vamos y reventamos las vitrinas de un supermercado y saqueamos el supermercado, no estamos robando, estamos haciendo justicia. Para eso sirve el lenguaje de las ofensas. Entonces, nuestra época podrá ser recordada en el futuro como el tiempo de los ofendidos. Todo el mundo está ofendido y cualquier cosa que tú digas me ofende, eso me ofende terriblemente. Si haces un chiste, me estás menospreciando. Si haces una denuncia, me estás calumniando. Si se muestra algo incorrecto, me estás ofendiendo. Es un sistema de manipulación. En síntesis, en síntesis, es un sistema de manipulación. Enseñarle a la gente a que se ofenda por todo es una manera de manipular a la gente.

Por eso hoy, a los estudiantes universitarios y ya, incluso estudiantes de secundaria, se les enseña que están ofendidos, todo les ofende: Eso lastima mis derechos, eso va en contra de mi dignidad. Es que yo tengo mis derechos y yo reclamo mis derechos. Aparentemente eso es lo que llaman empoderar, póngale unas comillas bien grandes, ese es el supuesto empoderamiento. Pero yo te digo una cosa, el supuesto empoderamiento es la manera más astuta de manipular a la gente, porque todos esos que viven ofendidos, nacieron y nacieron ya ofendidos, cómo me van a poner este pañal, qué es esto, por Dios. Esa gente que nace ofendida y vive ofendida, esa gente ya tiene, ya tiene, ellos ya tienen el motor.

Pero yo te hago una pregunta ¿el motor para qué sirve si no hay un timón? Entonces, siempre que hay esa ofensa y esa rabia, siempre ustedes saben que yo detesto ese adverbio, pero lo voy a decir aquí, mágicamente aparece un líder, aparece un líder y ese es el líder que va a capitalizar toda la indignación, toda la rabia que tienen todos ustedes. El lema de esos líderes es: Venid a mí todos los que estáis cansados y agobiados. Pero ¿qué dijo Cristo? «Venid a mí los que estáis cansados y agobiados, y yo os aliviaré», eso fue lo que dijo Cristo. Ahora mira cómo lo cambian estos líderes, venid a mí todos los que estáis cansados y agobiados, y yo os daré la victoria. Vamos juntos, tenemos que ser un puño y con ese puño a darle duro al enemigo, el nombre del enemigo lo van cambiando.

Entonces, si se trata de hablar a las feministas, salen las lideresas, ¿cierto? Ojalá mostrando senos, salen las lideresas ¿a qué? A decirles a todas las mujeres: Bueno, ahora tenemos que volvernos todas un puño y todas se vuelven un puño que grita: El violador eres tú. Y ese puño es a derribar ¿qué? En ese caso es a derribar lo que ellas llaman el patriarcado: Vamos a darle duro al patriarcado, vamos a acabar con el patriarcado. Sí es con los indígenas, entonces, ¿qué hay que hacer? Hay que alebrestar al indígena, hay que llenarlo de ira, no para que se sane, no, la sanación no puede existir. En el mundo del comunismo, en el mundo del marxismo la sanación no existe, existe la eliminación del enemigo, es lo único que existe. Es un lenguaje de odio, eliminación y muerte, no existe otra cosa. Entonces, con los indígenas, ¿cuál será el lenguaje? Vamos a reclamar y vamos a volvernos un puño. Y con ese puño, vamos a acabar con los colonialistas.

Y si se trata de congregar a los de raza negra, a los afroamericanos, vamos a volvernos un puño y acabar con el blanco. Y si son los pobres, vamos a volvernos un puño y acabar, acabar ¿con quienes? Si son los pobres, acabar con los ricos, acabar con los medios de producción. Eso es lo que hay detrás del verbo ofender, eso es lo que hay detrás. Entonces, el lenguaje en el que todo el mundo está ofendido, nacen ofendidos, viven ofendidos, maldicen su suerte y se mueren, ese es el mundo que ellos quieren. Porque la población ofendida es población manipulable, todos los ofendidos están listos, o como dicen en la tierra de mis papás maduritos, están maduritos, maduritos ¿para qué? Para que le salga el líder que dice: Venid a mí todos, todos los cansados y agobiados y yo os convertiré en un puño para darle duro al enemigo, ese es el lenguaje de los ofendidos. Termina ahí nuestra primera parte de la homilía.

Ahora pasemos a Cristo, qué respondió Cristo cuando este escriba le dice: Nos estás ofendiendo. ¿Qué respondió Cristo? Si hubiera sido como algunas personitas que yo conozco también dentro de la Iglesia Católica, no, Cristo hubiera dicho: Hombre, no me lo tomes así. Oh, perdona, hombre, perdona, tal vez me interpretaste mal, disculpa, caray. Mira, no sé, voy a publicar en el diario oficial unas excusas, perdóname lo que he dicho. Jesús no obró así, no obró así. Y ¿por qué no obró así? La razón es muy sencilla y esta parte de la homilía es muy cortita. ¿Sabes por qué no obro así? Porque Cristo estaba diciendo la verdad. El que dice la verdad, si la dice a tiempo y como hay que decirla, lo cual es el caso con Cristo, no tiene por qué estarse disculpando. Usted no tiene que disculparse de ser cristiano, usted no tiene por qué disculparse de ser de raza blanca, negra, amarilla, cobriza o la que sea, usted no tiene que disculparse por ser así, por ser varón XY, no se disculpe. Eso no le da a usted autoridad para ofender a las XX, eso le da a usted autoridad para maltratar a ninguna mujer. Pero si usted no está maltratando a la mujer ¿por qué se avergüenza de ser hombre? ¿Por qué tiene que pedir disculpas de ser hombre, por qué?

Entonces, ¿qué pasa? Que se le mete en la cabeza y en el corazón a los varones, que es una desgracia ser varón. Como resultado, tenemos a una cantidad de hombres conflictuados interiormente, algunos de los cuales creen que la mejor solución es feminizarse, ahí está, ese es el fruto. Usted no tiene por qué avergonzarse de lo que es, nadie tiene por qué avergonzarse de lo que es, nadie. Entonces, si estamos hablando de lo que es verdadero, si estamos hablando de lo que es correcto y es aquí donde entra la ley natural. Porque claro, cuando yo digo que no hay que avergonzarse de ser lo que es, no estoy diciendo que entonces el pederasta diga: Bueno, yo soy pederasta y como pederasta que soy me tienen que querer y aceptar en la sociedad. No, señor. Ni el violador puede decir lo mismo. Hay un orden, ese orden se llama ley natural.

Entonces, si tú estás dentro de ese orden, que es lo propio de la ley natural, y si tú estás diciendo la verdad y la estás diciendo cuando hay que decirla, a quien hay que decirla y como hay que decirla, no tienes de qué disculparte. Esta no es la única ocasión en que Cristo renunció a disculparse, hay otra ocasión, te estoy dando tiempo de que pienses cuál fue la otra. Hay otra ocasión en que Cristo renunció a disculparse, renunció, no se disculpó. Efectivamente, resulta que le preguntan en su Pasión a nuestro Señor Jesucristo. Y Cristo responde, y uno de los que estaba por ahí, seguramente una persona anfibia, por no decir otra palabra, dio tres saltos y luego le pegó una cachetada a Cristo. Y ¿Cristo qué hizo? Se disculpó. Dijo: Ay, disculpen, es que no supe expresarme. No, Cristo no dijo nada de eso. Cristo dijo: «Si he hablado mal, dime en qué, si no, ¿por qué me pegas?» Ahí está.

Entonces, uno no tiene que disculparse de lo que es, provisto que estamos en el ámbito de la ley natural, quiero insistir en eso. No quiero extenderme demasiado con ejemplos. Si estamos haciendo lo correcto, yo no tengo por qué disculparme. No tengo que pedir perdón ni del sexo que tengo, ni de la raza que tengo, ni del país en el que vivo, ni del idioma que hablo, no tengo por qué disculparme. Ahora bien, estaba Cristo hablando con tal calidad de verdad, que no solo no se disculpó, sino que le dijo la verdad que tenía que decirle al escriba ese, que pretendía someter a Cristo a la presión social. Ninguna presión social, a mí no me someten, a mí no me va a someter usted. Usted más bien es el que está sometiendo a otros con su manera de interpretar la ley.

Y ahora pregunto yo ¿no es hermoso nuestro Señor Jesucristo? No le parece que es grande, no le parece que es absolutamente admirable, no le parece que es absolutamente precioso el ejemplo que nos da, ese es el ejemplo para nosotros, eso es lo que significa ser cristiano. Todos los días aprendemos de Cristo, lo que significa ser cristiano, y todos los días aprendemos lo que significa leer con otros ojos la realidad en la que estamos. La próxima vez que se le empiecen a ofender todos a su alrededor, sepa usted también transmitir este mensaje, porque detrás de ese lenguaje de las ofensas, lo que quieren es un dócil rebaño para conseguir el poder, eso es lo que quieren.

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