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Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.
La "carnalidad" de los gálatas consiste en querer formar una élite de cumplidores de la Ley que se sienten seguros desde sí mismos y no desde el don de Dios.
Homilía o283003a, predicada en 20141015, con 4 min. y 55 seg. 
Transcripción:
Considero que uno de los pasajes más importantes de la carta a los Gálatas es el que encontramos en la primera lectura de la Santa Misa de hoy, por muchas razones, tal vez la principal, por la relación que tiene este pasaje con aquella frase famosa de nuestro Señor Jesucristo: «Por sus frutos los conoceréis». Eso se aplica de un modo muy directo al pasaje de la primera lectura de hoy, porque lo que hace Pablo es, precisamente, contarnos cuáles son los frutos de la carne y cuáles son los frutos del Espíritu.
¿Qué es lo que entiende Pablo por carne y por qué aparece esta división entre frutos de la carne y frutos del Espíritu, precisamente en la carta a los Gálatas? Como hemos explicado en otra ocasión los cristianos de Galacia, es decir, los cristianos de esta zona, que por tanto se llamaban los gálatas, estaban tentados de darle el papel protagónico, el papel principal en su nueva vida, no a la fe, sino al cumplimiento de la ley de Moisés. Resulta que el cumplimiento de la ley viene a constituirse como en una referencia que te aprueba, que te aplaude cuando obras bien y que te castiga, te critica cuando obras mal. Y eso quiere decir que la persona que pretende guiarse por la ley de Moisés, después de haber conocido lo que significa la gracia de Jesucristo, en el fondo lo que quiere es tener la certeza de que está obrando bien, es decir, lo que quiere es una aprobación, quiere tener una referencia segura quiere poseer certeza de que sí es aprobado por Dios, de que sí está del lado de Dios, de que sí está justificado.
En esas circunstancias una persona en realidad está despreciando la oferta de salvación de Dios, porque lo que quiere es tener certeza desde su propio conocimiento y desde su propia interpretación de la ley. Y hay algo más grave, y aquí es donde entra la dimensión de lo carnal, en la carta a los Gálatas. Y es que nosotros, nosotros los que cumplimos la ley de Moisés, nosotros somos los buenos. Aquellos predicadores que hicieron tanto daño en la comunidad de Galacia, predicadores que llegaron después de Pablo y que, de algún modo, revolvieron toda esa comunidad y la confundieron tanto, esos predicadores realmente iban con ese espíritu, el espíritu de que nosotros, los que sí cumplimos la ley de Moisés, nosotros somos los verdaderos, nosotros somos, nosotros somos la élite, nosotros somos el grupo de los buenos.
Y eso es lo que Pablo critica particularmente y es aquí donde entra esa dimensión de carnalidad. Cada vez que nos inscribimos, cualquiera de nosotros, nos inscribimos en el grupo de los buenos, los grupos de los que sí sabemos, los grupos de los que sí practicamos, los grupos de los que somos santos y puros, en ese momento, la asociación, la fuerza que nos une no es la gratuidad del amor de Dios, no es la generosidad divina, sino es el mutuo reconocimiento y la agradable, pero engañosa sensación de que pertenezco al club de los salvados. Y eso es lo que Pablo quiere evitar a toda costa con esta comunidad. Por eso les habla de los frutos del Espíritu, frutos que van en la línea del amor, del servicio, de la constancia, de la sinceridad y de la paz. En cambio, los frutos de la carne terminan buscando el exceso, la autosatisfacción y terminan produciendo dolorosas divisiones dentro de la comunidad.
Qué importante este criterio de Pablo para no utilizar ni la ley de Moisés ni ninguna otra cosa, para pretender considerarnos justificados por lo que nosotros hacemos o somos. El Espíritu de Dios, ese que recibimos únicamente por la bendita fe en Jesucristo, es el único que puede darnos certeza de que somos aceptos y gratos al Señor. Y eso, lejos de ser un club de buenos, es un hogar para convertidos y para necesitados, solamente al Señor la gloria. Amén.

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