Esta es tu casa!

Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.

Cristo no viene a casa como un invitado pasivo sino como autor de transformación y salvación.

Homilía o283002a, predicada en 20121017, con 4 min. y 34 seg.

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Transcripción:

He preguntado algunas veces a distintas personas si les gustaría viajar en el tiempo, por ejemplo, para llegar a la época de Jesús. Te gustaría ir en el tiempo a esa Palestina del siglo I, te gustaría compartir una cena con Jesucristo, te gustaría sentarte, quizás con humildad, en alguna de las sinagogas donde Él predicó, te gustaría ver los milagros benditos, maravillosos que salen de sus manos. La respuesta es un abrumador sí, yo quisiera eso. Y en la misma línea, muchas personas quisieran invitar a Cristo a su casa, te imaginas lo que sería recibir a Cristo en tu casa.

Pero yo pienso que el Evangelio del día de hoy, que es continuación del pasaje que oímos el día de ayer, quizás nos puede poner a reflexionar un poco, sobre si de veras, de veras quisiéramos recibir así a Cristo. Porque es que Cristo como invitado, es un hombre de una sinceridad, es un hombre de una franqueza que a veces impresiona, por no decir lástima. Imagínate que este fariseo ha invitado a Cristo a comer y Cristo está en la casa del fariseo. Pero Cristo no viene simplemente a dejarse atender, traigan unas cuantas viandas, traigan unos vinos elegantes. Cristo no tiene como principal propósito que su cuerpo sea regalado con gran confort, o su paladar sea regalado con platos deliciosos.

Si Cristo es invitado a una casa, Cristo convierte a esa casa en su lugar de predicación, o lo digo de otra manera, Cristo no viene ocioso, Cristo llega activo, Cristo llega con todo el esplendor y con todo el poder de su amor. Así llega Cristo, así llega a esa casa y, por consiguiente, llega a limpiar, a corregir, a sanar, a bendecir, a liberar, a exorcizar. Qué bien que pensemos y qué bien que deseemos estar en el tiempo de Cristo o recibir a Cristo en nuestra casa, pero atengámonos a las consecuencias. Recibir a Cristo en la casa es darle permiso para que Él haga lo que Él sabe hacer y lo que Cristo sabe hacer es transformar nuestra vida en la dirección de Dios. Y lo que Cristo sabe hacer es iluminar hasta el último rincón de nuestro corazón, eso es lo que Cristo sabe hacer, eso es lo que Él quiere hacer.

Entonces, si le abrimos la puerta a Cristo, luego tenemos que atenernos a las consecuencias. No es simplemente un invitado cortés que va a llenarnos de felicitaciones y de agradecimientos: Gracias, gracias por tenerme en cuenta, muchas gracias, gracias. No, ese no es Cristo. Cristo llega a nuestra casa. Cristo llega al corazón y Cristo llega a la vida con sus manos bien despejadas, con sus ojos bien despiertos y con su corazón listo para la tarea. Y la tarea es limpiar, transformar, sanar, santificar. Este fariseo que tuvo que soportar más de un regaño de Cristo, lo aprendió de esa manera, Cristo no viene a mi casa como un invitado de piedra, viene como Señor, viene como buen pastor, viene como aquel, el único que puede transformar lo que yo soy.

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