Esta es tu casa!

Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.

Con palabras aparentemente duras para nosotros, Cristo evangeliza a sus enemigos.

Homilía o283001a, predicada en 19961016, con 7 min. y 42 seg.

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Transcripción:

Son duras las palabras del Señor en este Evangelio contra los fariseos y contra los juristas. La crítica constante a los fariseos es su hipocresía y la crítica a los escribas y a los juristas es el hacer leyes pesadas como fardos para los demás y quedarse uno tranquilo. Esa dureza de las palabras de Cristo hace que quizá lo miremos en nuestro corazón, como disgustado, como bravo. Indudablemente palabras de este género tuvieron que ser dichas con cierto disgusto, probablemente con ira. Pero yo creo que si nos quedamos solo en la ira, nos puede pasar lo de la niña que no ha hecho las tareas y llega el papá y la regaña y entonces saca una conclusión, mi papá estaba muy bravo.

Quedarse en la braveza o bravura, quedarse en la ira o el disgusto de Jesús no es entrar mucho en su palabra y en su misterio. Y quedarse uno simplemente en obrar lo que ponga contenta al otro, o en dejar de obrar lo que haga, lo que le produzca mala cara, eso todavía no es verdaderamente obrar según el Espíritu. Además, pensemos que la expresión que utiliza Cristo ¡ay de vosotros! No es tanto un insulto, porque para insultar existían palabras en el arameo y en el griego, y las ha habido en todos los idiomas. El único insulto que recuerda el Evangelio en labios de Cristo, no está dicho por Él, sino precisamente corregido por él. Raca, era un insulto de la época, algo así como imbécil o como cabeza hueca o cosa parecida, esos sí son insultos. Y el otro es decirle renegado, como quien dice usted apostató de su fe, usted no es ni siquiera israelita.

Por cierto, esto es curioso porque en nuestra cultura los principales insultos que recordamos tienen que ver con la familia y concretamente con la mamá del pobre que recibe el insulto. En cambio, aquí los insultos que conocemos tienen que ver es con la pertenencia al pueblo de Israel, como que era más mamá Israel que la misma mamá. Y en ese sentido, desprender, excomulgar de Israel era más grave insulto que cualquier otra cosa. Entonces, Jesús en este pasaje no es que esté bravo con ellos y empiece ya a insultarlos y a la salida nos vemos. No, no es esa la tónica de Jesús, lo que está diciéndoles es: ¡Ay de vosotros! Y yo creo que estas palabras se pueden tomar muy literalmente, realmente lo que dice Jesús es una lamentación, es el dolor de una vida perdida. Ustedes obrando así, fariseos, se están perdiendo ustedes mismos.

Lucas tiene muchos ayes, como sabemos, por ejemplo, en el texto de las bienaventuranzas, junto a aquello de bienaventurados vosotros, también trae Ay de vosotros. Y bueno, cuando se dice bienaventurados vosotros, Él nos está aplaudiendo, si no se lo está diciendo al otro, tienes una razón para ser feliz. Lo mismo, pero en sentido opuesto, hay que decir de los ayes, ay de vosotros, en realidad significa, tienes una razón para estar triste, deberías entristecerte. Si uno traduce así, mire cómo cambia este Evangelio: Deberíais entristeceros fariseos, porque pagando el diezmo de las legumbres, pasáis por alto el derecho y el amor de Dios. Tendríais que estar tristes fariseos, porque os contentáis con los asientos de honor en las sinagogas, y os bastan las reverencias por la calle.

En realidad, Cristo los está evangelizando, no les está dando fuete. Si les estuviera dando fuete, simplemente les diría: Renegados, barracas, lárguense o cosa parecida. Jesús no los está insultando, les está diciendo con qué cosa tan pequeña se están conformando ustedes, ustedes se bastan, ustedes se satisfacen con los honores de la gente. ¡Qué poco conocen de Dios, pobres de ustedes! En vez de decir ¡Ay de vosotros! quizá tendríamos que decir también en la última malaventuranza de este texto: Pobres vosotros, fariseos, sois como tumbas sin señal y la gente pisa sin saberlo.

El jurista interviene y dice: Nos ofendes también a nosotros. Desde luego que los interlocutores miran esto como una ofensa, miran esto como un regaño, como un insulto. Pero repito, eso es lo mismo de la niña caprichosa: Ay mi papá estaba tan bravo, tan bravo, tan bravo. Y ¿por qué no mira lo que estaba haciendo usted? Se puso tan bravo, eso se le congestionó la cara, se le brotaron los ojos, yo creí que le iba a dar algo a mi papá. Y usted, ¿usted qué estaba haciendo, la parte suya qué? ¿Qué es lo suyo?

Entonces lo mismo aquí, estos fariseos y juristas, así fueran gente de apariencia tan respetable, le sobraba como esa niña caprichosa: Ay qué cada nos estás haciendo Jesús, qué palabras son esas, mira cómo estás congestionado. Tendrían es que caer en la cuenta de la parte de ellos: «Deberíais entristeceros juristas, porque abrumáis a la gente con cargas insoportables y vosotros no las tocáis ni con un dedo». Es tan hermoso descubrir que, incluso a sus mismos enemigos Cristo los estaba evangelizando y que no eran explosiones de rabia, sino explosiones de amor las que le llevaban a hablar, como lo hemos escuchado hoy.

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