Esta es tu casa!

Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.

La marca del Espíritu Santo cambia nuestro corazón, nuestro espíritu, nuestra vida a través del don de la fe.

Homilía o282010a, predicada en 20221011, con 6 min. y 11 seg.

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Transcripción:

Indudablemente, una de las frases más polémicas de San Pablo es la que aparece en la primera lectura de la misa de hoy y que pertenece ha sido tomada de la carta a los Gálatas. Imagínate este judío, Pablo, que además la mayor parte de su vida se había enorgullecido hasta el extremo de ser judío, diciendo que en sí misma la circuncisión no vale para nada. Imagínate lo que es decir eso, sabiéndose que para el judío la circuncisión es la puerta de entrada en la familia de Abraham. Es la puerta de entrada en la nación elegida, en el pueblo que Dios escogió. Y Pablo se pone frente a esa puerta y dice: En realidad eso no es tan importante. Imagínate eso. En realidad, eso no es lo más importante. ¿Y qué pone Pablo en lugar de la circuncisión? Es decir, si la circuncisión es una puerta, ¿qué pone Pablo en lugar de esa puerta? Respuesta La fe. La fe, que es como otro modo de circuncisión. Pero es la verdadera circuncisión, la circuncisión del corazón.

Y en este sentido, ya el mismo Dios en el Antiguo Testamento había predicho que este cambio se iba a dar. Porque, por ejemplo, cuando los profetas dicen: Circuncidad vuestros corazones, ¿eso qué quiere decir? No hay ningún bisturí físico que pueda hacer eso. ¿Cómo se puede dar la circuncisión del corazón? Entonces Pablo no está diciendo que la circuncisión fuera inútil, sino que frente a la fe, que es lo que realmente importa, la circuncisión no hace una diferencia, porque solo la fe es la auténtica circuncisión del corazón. Para entender esta frase que repito, está tomada del Antiguo Testamento, eso de circuncidar vuestros corazones. Para entender esa frase hay que entender qué era lo que pretendía la circuncisión, que eran muchas cosas. La circuncisión toma lo que es más sensible, más placentero, más fecundo. Y en el caso del varón, por supuesto, más suyo. Y deja una marca. Una marca en la carne que significa: Yo soy de Dios. Una marca para sí mismo. Y una marca en ciertas circunstancias para otros. La circuncisión era eso, una marca que indicaba en lo más sensible, en lo más placentero, en lo más fecundo y en lo más suyo, lo más propio del varón y, por consiguiente, de la familia. En la medida en que el varón es cabeza de la familia. Soy de Dios, somos de Dios. Eso es lo esencial. Era una marca.

Pero esa marca en la carne, esa marca externa, en lo más sensible, lo más placentero, lo más fecundo y lo más propio, no cambiaba el actuar de las personas. Es decir, que quedaba la persona marcada. Soy de Dios. Pero ponerse en la frente o en cualquier parte del cuerpo, un letrero que diga: Soy de Dios no hace que tu vida automáticamente sea diferente. Entonces es ahí donde entra la auténtica marca, el auténtico sello. Y por eso Pablo nos va a hablar del sello o marca del Espíritu. Así como la circuncisión marcaba la carne, el Espíritu Santo marca nuestro corazón, marca nuestro espíritu, por consiguiente, marca nuestras decisiones, marca nuestros proyectos, marca nuestros deseos, marca nuestra vida. Eso es lo que hace la circuncisión espiritual de la fe.

Porque la fe es como ponerte en la mesa de operaciones Espiritual para que Dios deje la marca de su Espíritu en ti. Y eso sí cambia la vida y eso es lo que sí importa. Y por eso Pablo, habiendo nacido judío y habiendo sido circuncidado, dice: La marca de la carne no es suficiente. Se necesita esa otra marca que realmente cambia la vida, y esa la da solamente el Espíritu y solamente a través del don de la fe. ¡Qué profunda enseñanza! Pero uno entiende también por qué muchos judíos sentían que detestaban a Pablo y porque muchas veces le hicieron la guerra. Pues imagínate lo que es decir, la circuncisión en sí misma no vale para nada. No es decir poca cosa. Dios en su bondad, nos guíe para apreciar el don de la fe y sobre todo, para llevar en nosotros la marca, el sello de su Espíritu. Amén.

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