Esta es tu casa!

Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.

Todo empieza por que los fariseos veían la alianza con Dios como una especie de contrato a partes iguales.

Homilía o282009a, predicada en 20201013, con 21 min. y 56 seg.

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Transcripción:

Los fariseos se presentaban ante la gente como los auténticos judíos, es decir, como aquellos que realizaban plenamente lo que pedía la ley. Para los fariseos, el cumplimiento de la ley era la clave para recibir todas las bendiciones de Dios. Efectivamente, en la ley de Moisés se prometen bellísimas bendiciones para todo aquel que cumpla con lo que está mandado en la ley. Y también se anuncian espantosas maldiciones si alguien se aparta del cumplimiento de esa ley. Esa era, por decirlo de alguna manera, la pedagogía de la ley de Moisés si te portas bien, muchísimas bendiciones. Si te portas mal, prepárate para recibir toda clase de castigos. Este lenguaje suena muy lejano para nosotros, pero hay que entender que a lo largo de la escritura hay un proceso de revelación, es decir, lo que Dios dijo a su pueblo al principio es solo el comienzo. Pero a medida que ese pueblo fue caminando. Hagamos el paralelo con una persona que va creciendo.

Se le puede hablar más claro de una manera más inteligente, de una manera más plena. Por eso podemos decir que la ley de Moisés es como el lenguaje a un niño. Muchas veces con un niño no se pueden hacer demasiados razonamientos. Si el niño, sobre todo un niño pequeño, por ejemplo, quiere comer solamente dulce, el papá o la mamá finalmente tendrá que decirle no, y si el niño insiste yo quiero, yo quiero. Pues el papá le dice ahora no, el niño no puede entender en ese momento el daño que su organismo tendría en sus procesos metabólicos. Si empieza a saturarse de dulce a tan temprana edad, el niño no va a entender eso. Y sin embargo el papá tiene que ser muy firme y cuando es sí es sí. Cuando es no es no, así toca con el niño pequeño.

Es decir, el niño pequeño tiene que tener la recompensa a la vista y tiene que tener la prohibición clara. Así era la ley de Moisés, como el lenguaje de un papá con un niño pequeño. De hecho, en una parte de la ley de Moisés, en el libro del Deuteronomio se encuentra un pasaje en el que Dios dice. Que Dios te ha llevado de la mano como un padre lleva a su hijo. Esa era la característica de la ley de Moisés. Los fariseos tomaban esta ley de Moisés como una especie de contrato. Esta es la palabra clave para entender el problema de los fariseos. Para ellos la ley era como un contrato. Y si es un contrato y yo cumplo mi parte, entonces el otro, la ley, la otra parte del contrato, tiene que hacer lo suyo. Si nosotros hacemos lo que nos toca, Dios hará lo que a él le toca. Lo que a nosotros nos toca es seguir escrupulosa y rigurosamente todos los mandamientos y lo que a Dios le toca, la parte del contrato, según ellos, es derramar bendición, abundantísima bendición. Eso es lo que ellos pensaban. De eso se trataba. Como ellos miraban la ley al modo de un contrato, entonces pensaban que si todo el pueblo cumplía estrictamente con la ley, entonces vendrían con abundancia las bendiciones de Dios. Observa que agregué algo. Dije. Todo el pueblo, todo el pueblo tiene que cumplir con la ley. ¿Por qué todo el pueblo tiene que ser? Porque el contrato. Acuérdate que estamos en la visión de ellos. Ellos pensaban en contrato porque el contrato lo hizo Dios entre él mismo y todo el pueblo. Como el contrato es con todo el pueblo. No basta con que algunos cumplan y otros no.

Por esta razón los fariseos eran extraordinariamente rígidos, incluso crueles y despectivos con la gente que no conocía la ley o con la gente que despreciaba la ley. Una frase de típica de los fariseos. La encontramos en los evangelios. Uno de ellos dice. En algún momento búsquenlo en internet y verá que lo encuentra. Dice: Esos que no conocen la ley son unos malditos. Ese es el lenguaje de los fariseos. ¿Por qué? Porque ellos consideraban que la gente que no cumple la ley es la que está impidiendo que todo el pueblo cumpla lo que tiene que cumplir. Y si todo el pueblo cumple lo que tiene que cumplir, entonces vendrán las bendiciones. ¿Y ellos qué entendían por las bendiciones? Bendiciones significa darle por fin una patada a los romanos para que se larguen. Tener independencia, tener bienestar, tener prosperidad. Eso es lo que significa tener la bendición de Dios. Eso era lo que ellos entendían. Esta explicación que estamos haciendo sobre los fariseos también nos ayuda a entender dos cosas. Una de las cuales aparece con mucha claridad en el pasaje del Evangelio de hoy.

Esto que acabamos de explicar nos ayuda a entender ¿por qué ellos cada vez detestaban más a Jesucristo? ¿No se ha hecho usted esa pregunta? ¿Por qué tenían ellos tanta oposición? ¿Por qué tenían ese odio enconado tanto que ellos hicieron parte del complot para eliminar a Jesucristo, llevarlo hasta la muerte? ¿Por qué? Vamos a explicarlo a partir de lo que hemos dicho. Ellos veían la ley como un contrato. Por consiguiente, todo el pueblo tiene que cumplir la parte de la ley. Entonces, la única pregunta que a ellos les interesaba con respecto a Cristo era esta. ¿Y este Jesús de Nazaret está ayudando a que la gente cumpla la ley, sí o no? Esa era la única pregunta que yo les interesaba. Porque si ese Jesús de Nazaret que hace tanto milagro y tanta cosa, si él está ayudando a que la gente cumpla la ley, nos interesa y es de los nuestros. Pero si él no está ayudando a que la gente cumpla la ley, entonces es un ruido perturbador, es una distracción. O incluso algunos de ellos empezaron a sugerir, es un emisario del demonio. Ese tal Jesús debe ser un endemoniado porque está apartando a la gente de la ley. Ese era el pensamiento de ellos. Y resulta que la predicación de Jesús no va en primer lugar en el término del cumplimiento de la ley. Eso no es lo que le interesa en primer lugar a Jesús.

Jesús está predicando otra cosa, no en contra de la ley, sino como plenitud de la ley. Él mismo dijo: Yo no he venido a abolir la ley, sino a darle plenitud y la plenitud de la ley que trae Jesús. ¿Cuál es la plenitud de la ley? Es que esa santidad que buscaba la ley es la que Cristo viene a traer, pero de una manera diferente, a través de la oferta de la gracia y del don del Espíritu Santo. Pues a los fariseos no les interesaba la gracia, no les interesaba el don del Espíritu Santo. Estaban saturados y preocupados con tanto lenguaje de misericordia y misericordia. No les gustaba ese lenguaje porque creían que todo ese lenguaje lo único que hacía era distraer al pueblo del único mensaje importante. Y el único mensaje importante es que todo el mundo tiene que cumplir la ley, porque cuando todo el mundo cumpla la ley, entonces van a venir las bendiciones. Pero como este Jesús está y es ocupado haciendo milagros y perdonando gente y abrazando niños, mientras esté en esas, entonces no llegan las bendiciones. Conclusión Jesús no ayuda a nuestra causa. Jesús es un estorbo. Hay que quitar el estorbo. Ese era el razonamiento de los fariseos. Ahí puede entender usted bastante bien qué era lo que había en la cabecita de los fariseos y por qué ellos llegaron al extremo a la espantosa blasfemia de decir que Jesús usaba el poder del diablo. Hasta ese extremo se llegó. ¿Por qué? Porque ellos tenían su idea de cómo tenían que ser las cosas y como las cosas tenían que ser de una determinada manera, pues entonces quiere decir que el que no esté apoyando lo que nosotros enseñamos es un maldito.

La otra cosa que uno puede aprender de esta explicación sobre los fariseos es por qué ellos vivían de apariencias. Eso se entiende muy bien. Fíjate que lo que hicieron los fariseos fue subir y subir y subir más y más el estándar. ¿Cuál estándar? El estándar de todo lo que uno tiene que hacer para ser verdaderamente de Dios. En primer lugar, había que cumplir los más de seiscientos preceptos de la ley de Moisés. Pero ese no era solamente el problema. El problema es que estos fariseos, muchos de los cuales no sabían leer y escribir, dependían para sus conocimientos de otro grupo de aquella época que eran los escribas. Los escribas eran los que sí sabían leer y escribir y eran los grandes estudiosos de la ley. Los judíos piadosos de aquella época aprendían a leer y escribir solamente, principalmente para eso, para estudiar la ley de Moisés y los demás libros del Antiguo Testamento, Obviamente.

Entonces estos escribas que manejaban la autoridad del conocimiento y la autoridad de la inteligencia, pues habían caído en sus propios errores, sobre todo que, como dirá San Pablo en un lugar de sus cartas, el mucho conocimiento hincha, es decir, crea arrogancia y vanidad. Entonces los escribas, que existieron, desde luego muchos siglos antes de Cristo, en medio de esa arrogancia, se habían agrupado en escuelas unas más fuertes que otras escuelas de pensamiento. Así como cuando una universidad compite contra otra universidad, había escuelas de escribas y otras escuelas de escribas, y cada una de esas escuelas tenía sus propias costumbres, tradiciones e interpretaciones. Los fariseos entonces obligaban a la gente no solamente a que cumpliera la ley de Moisés, sino a que cumpliera con todas las tradiciones de los escribas. Por ejemplo, esto que sale en el evangelio de hoy si salgo de mi casa y regreso, tengo que lavarme las manos. Pero no era por el coronavirus. Era lavarme las manos. ¿Por qué? Porque estuve en contacto con incrédulos. No ve que el mundo es una porquería y solamente nosotros somos los justos. Entonces ese lavarse las manos era un acto ritual para decir: Allá queda el mundo y aquí estoy yo.

Bueno, ahora sí llegamos a la parte más complicada. Ellos sabían. Los fariseos habían subido y subido y subido y vuelto a subir el estándar. Tenía uno que cumplir, no estoy exagerando, hermanos, con miles de preceptos. Miles. Porque si ya eran más de seiscientos los de Moisés. Ahora calcule con todas esas escuelas de interpretación de los escribas. Entonces estos fariseos vivían con el ceño fruncido y la mirada concentrada para que no se me olvide ninguno de los mil preceptos que tengo que cumplir. ¿Y usted qué cree que pasa cuando uno se somete a qué tiene que cumplir mil preceptos todos los días? Si dijo no los va a cumplir. Acertó. Efectivamente, los fariseos habían creado un fardo tan pesado, una cosa tan increíblemente pesada, que ellos mismos no podían cumplir con todo eso. Entonces ellos tenían una cantidad de jueguitos mentales, jueguitos mentales, para hacer creer que en realidad sí cumplían. Pero nada, eran unos mentirosos, eran pura fachada. No resisto la tentación de contarles una de las trampitas de los fariseos, que es la que más me ha impresionado a mí. Ármese de paciencia y le cuento cómo era la trampa de los fariseos. En la ley de Moisés había una cosa muy bonita que se llamaba Korbán.

Korbán, es una palabra hebrea que significa ofrenda completamente voluntaria que tú haces para la casa de Dios, una ofrenda totalmente voluntaria. Por ejemplo, tuviste una cosecha particularmente abundante y tú dices: Voy a tomar tal cantidad de mi cosecha y va a ser korbán. ¿Qué quiere decir Korbán? Quiere decir que tú vas a entregar toda esa cosecha al templo, a la casa de Dios, y allá verán los sacerdotes y los regalan, lo venden o se lo comen, pero eso lo entrego yo para el Señor. Era algo muy bonito la ofrenda voluntaria, pero es que aquí es donde se ve. Decimos en Colombia lo mañosos que se habían vuelto los fariseos. Entonces mire lo que ellos hacían Como ellos eran enamorados del dinero. Pregunta ¿por qué eran enamorados del dinero? ¿por qué ellos eran enamorados del dinero? Porque la bendición que ellos esperaban. Acuérdese cuál era que nademos en prosperidad. Eso era lo que ellos querían, nadar en prosperidad. Entonces, en el fondo les interesaba muchísimo el dinero. Entonces un fariseo de estos que quería llevar una vida absolutamente desahogada y llena de comodidad, resulta que tiene una obligación según la ley de Moisés tiene que socorrer a los papás. Usted no puede abandonar a sus padres ancianos y resulta que el viejo nada que se muere y la viejita lo acompaña, entonces es muy complicado así. No se están muriendo últimamente, no se están muriendo. Entonces ¿qué le tocaba al fariseo? Se supone que tenía que sostener al papá y a la mamá. Acuérdese que en esa época no había régimen de Colpensiones ni cosa parecida. Eso era, sostenga usted al papá y a la mamá. Punto.

Pero como ellos eran codiciosos porque ellos veían la bendición de Dios, sobre todo en el dinero y en la abundancia material. Entonces se inventaron esto, lo que yo tenía para socorrer a mi papito y mi mamita lo declaro corbán. Como lo declaré Korbán ya es de Dios. Yo si quisiera ayudar a mi papito, yo quisiera ayudar a mi mamita si tica ella, pero no los puedo ayudar. ¿Por qué? Porque el dinero con el que yo los iba a ayudar está declarado korbán ¿Ah ya entregó el dinero? No, no lo he entregado. Pero ya está declarado. Está declarado Korbán. Y mientras tanto, yo lo administro. Entonces dese cuenta. Dese cuenta. Ni lo di al templo ni ayudé a mis papás porque no lo di a mis papás porque es korbán. Y no lo di al templo, porque yo lo estoy administrando para que crezca un poquito y yo luego espere tantico que luego lo paso al templo. Eso es lo que en colombiano en español de Colombia se llama mañoso. Persona mañosa, tramposa. Esa era la hipocresía de los fariseos. Ellos creían que bastaba con mantener una fachada y esa fachada bonita de gente piadosa y religiosa.

Esa fachada era indispensable para ellos, porque esa fachada era la que justificaba su autoridad delante del pueblo. Porque, ¡atención! Cualquier fariseo se consideraba maestro. Ellos se consideraban maestros. Iban por la calle y había que tratarlos como maestros el maestro, el maestro y el maestro. Por eso Jesús dice: Dejen de llamar maestro a todo el mundo, porque estos eran a que los trataran de maestros. Entonces ahora entendemos de donde vienen los fariseos, ¿cuales eran sus ideas? ¿por qué detestaban a Jesucristo? ¿Qué tipo de nivel moral proponían? Proponían un nivel moral absolutamente inalcanzable, una cosa imposible. En primer lugar, imposible para ellos mismos. Y como no lograban cumplir con eso, eran expertos simuladores. Esos eran los fariseos. Y uno de estos fariseos invita a Jesucristo. Y qué cree usted que Jesús iba a quedar calladito y únicamente aplicar la decencia y la diplomacia así estuviera en la casa del fariseo le dijo: Ustedes son unos necios y unos hipócritas. Ustedes lavan por fuera, pero por dentro están llenos de corrupción. Bueno, ¿y ahora qué hacemos nosotros? En primer lugar, hay que tener en cuenta que todo personaje de la Biblia existe de alguna manera en su corazón. Usted mire su corazón y usted descubrirá que ahí adentro usted tiene un Herodes chiquito, tiene un Pilato chiquito, tiene un fariseo, tiene un un Caifás. Todos ellos, todos esos personajes viven dentro de nosotros. Decía San Felipe Neri: Somos del mismo barro. Si no me sostienes, Cristo te traiciono peor que Judas. Cada uno de nosotros tiene adentro un farisaico. Y nos encantan las apariencias y guardar las imágenes. Pura apariencia. Entonces, esa es una primera lección.

Pero hay una segunda lección que tal vez es más importante. Además de evitar lo que ellos hacían mal, la lección más importante es ¿Por qué no hacemos lo que nos dice Cristo? La frase final del Evangelio es la respuesta de Cristo al fariseísmo. Mira lo que dice: Dad limosna de lo de dentro y lo tendréis todo limpio. Es una frase tan profunda que se podría haber hecho toda la homilía solo sobre esa frase. Dad limosna de lo de dentro. Esa frase tiene varias interpretaciones y todas son muy bellas. Pero lo más importante en este momento es que volvamos nuestra mirada a nuestro propio corazón y nos preguntemos con sinceridad ¿cómo estamos ahí adentro? A la gente puedo engañarla o por lo menos tratar de engañarla. Pero ante ti, Señor, ¿quién soy ante ti? ¿Qué es lo que yo estoy viviendo ante ti? ¿Cuál es mi verdad ante ti? Y de esa verdad que eso es lo que Cristo llama lo de dentro y de esa verdad que nazca tu amor, que nazca tu generosidad, que nazca tu entrega a los demás en esa sola frase que no alcanzamos ya a comentar más, en esa sola frase Cristo nos describe lo que fue su vida entera. Eso fue lo que Él hizo darse, dar de sí con absoluta sinceridad y pureza. Eso fue lo que Él hizo, y eso es lo que Él quiere que nosotros hagamos.

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