Esta es tu casa!

Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.

La ley no es perversa, su bien es darnos a conocer lo bueno y lo malo, iluminar la conciencia moral para mostrarnos nuestra limitación y aprender a suplicar la gracia que viene con la plenitud en Cristo.

Homilía o282008a, predicada en 20201013, con 6 min. y 39 seg.

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Transcripción:

Una de las preguntas más bellas, pero más difíciles de nuestra fe cristiana es esta ¿Cuál es la diferencia entre el Antiguo y el Nuevo Testamento? Es una pregunta bella, porque nos muestra el camino que Dios ha recorrido con su pueblo, que somos nosotros, hasta llevarnos a la plenitud de Cristo y llevarnos al don del Espíritu Santo. En ese sentido, la pregunta es bella, pero es muy difícil porque hay varias respuestas que si las examinas bien, descubres que son equivocadas.

Por ejemplo, hay personas que te van a simplificar la respuesta pero diciéndote lo que no es. Por ejemplo, el Dios del Antiguo Testamento era un Dios amargado, iracundo y violento. El Dios del Nuevo Testamento es un Dios compasivo, misericordioso, tierno, simpático. Otros dirán, en el Antiguo Testamento todo era la ley, el cumplimiento de la ley. En cambio, ahora tenemos el amor, la libertad que da el amor. Ama y haz lo que quieras. Ese tipo de simplificaciones siempre terminan negando algo que es esencial. Y es que la diferencia entre Antiguo Testamento y Nuevo Testamento no es la diferencia entre lo malo y lo bueno, sino es la diferencia entre el comienzo y la plenitud, entre el principio y la conclusión, entre la figura, el boceto y la realidad. Esas comparaciones que provienen de la Biblia misma, nos ayudan a entender mucho mejor esa relación.

Y por supuesto, estoy comentando todo esto en razón de la primera lectura del día de hoy, porque en esa primera lectura encontramos que San Pablo muestra la oposición entre la fe y las obras de la ley o la fe y la ley. Y alguien podría decir pues si la ley es una cosa tan inútil y es una cosa que hace en el fondo tanto daño, pues Dios, ¿por qué dio la ley? ha debido dar de una vez la presencia de Cristo y el don de la gracia. Te das cuenta cómo esas interpretaciones simplistas terminan siendo una especie de insulto contra Dios, una especie de blasfemia. Para entender un poco mejor, con la ayuda del Señor, para entender qué es lo que nos está diciendo San Pablo, debemos primero preguntarnos ¿Cuál era el bien de la ley? y luego preguntar ¿En qué se quedaba corta la ley? Esas son las preguntas buenas.

¿Cuál era el bien que traía la ley? porque sí traía un bien. Y el mismo Pablo lo dice en otros lugares de sus escritos. Especialmente, hay un gran paralelo entre esta carta a los Gálatas y la carta a los Romanos. Y en la carta a los Romanos desarrolla Pablo mucho más ampliamente estos temas. Y ahí nos dice, entre otras cosas expresamente, la ley es buena. Para que no nos quedemos en esa supersimplificaciones que primero dan risa, pero después dan rabia porque hacen mucho daño. Entonces hay que responder a la pregunta ¿Qué era lo bueno de la ley? Porque la ley tenía algo bueno. Dios nos ama y Dios no empezó a amarnos hace dos mil años. Su amor colma la historia humana y en concreto, colma la historia de la salvación.

¿Qué es lo bueno que traía la ley? La ley de Moisés traía la claridad en la conciencia. Traía la luz que nos permite distinguir bien de mal. Por algo el profeta Isaías hace aquella denuncia ¡Ay de aquellos que llaman bien al mal y mal al bien! De tal modo que la ley trae esa claridad y ese es un bien. Otro bien que trae la ley es que al mostrarnos el camino de la verdadera justicia, es decir, el camino de la verdadera amistad con Dios, también nos ayuda a descubrir nuestra propia limitación, es decir, que está en nosotros conocer y querer lo que es realmente bueno, pero no está en nosotros lograrlo ¿lo conocemos? sí, gracias a la ley de Moisés, gracias a los mandamientos, gracias a una voz de la conciencia despierta y sonora conocemos el bien. Lo deseamos, lo queremos, ¿pero lo logramos? no lo logramos. Es ahí donde llega el límite de la ley. Entonces, lo que Pablo está diciendo no es que la ley sea perversa, sino que quedarse en esa etapa de la historia de la salvación es una pésima idea. El que se queda en esa etapa de la historia de la salvación está negando la limitación de la ley y está negando sobre todo la oferta nueva de amor que por encima del bien de la ley, trae el bien de la gracia. Eso es lo que nos está enseñando Pablo.

No es que sea perversa la ley, no es que sea inútil el Antiguo Testamento. Es una etapa y el bien del Antiguo Testamento no debemos perderlo. Ahí hay un bien, no perderlo. El bien ¿cuál era? pues ya lo hemos dicho. Es el bien de conocer lo que es bueno, lo que es malo. Iluminar la conciencia, la conciencia moral y luego mostrarnos nuestra limitación. Por eso decía sabiamente San Agustín la ley se nos dio para que aprendiéramos a suplicar la gracia. Y luego vendrá la plenitud en Cristo. Y a esa plenitud estamos llamados todos.

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