Esta es tu casa!

Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.

La ley prepara el camino para el encuentro con Cristo al iluminar la conciencia, llevándonos al conocimiento de nosotros mismos y haciéndonos reconocer nuestra propia indigencia.

Homilía o282005a, predicada en 20161011, con 5 min. y 42 seg.

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Transcripción:

La primera lectura hoy ha sido tomada del capítulo quinto de la Carta a los Gálatas. La frase que domina el pasaje de hoy es la libertad. Hemos sido liberados por Cristo, hemos sido liberados del pecado y hemos sido liberados de la ley. Y ya el día de ayer dábamos una explicación sobre qué significa esto de ser liberados de la ley. No es una expresión fácil de comprender, porque cuando a uno le dicen liberado del pecado, uno entiende que eso significa que hemos sido perdonados. Y eso significa también que la tendencia misma, la fuerza del pecado en nosotros, ha quedado quebrantada por la majestad y por el poder de Jesucristo. Eso se entiende.

Pero fíjate que cuando uno le dice liberado del pecado, es liberado de algo malo. Pero Pablo nos dice también que hemos sido liberados de la ley y por eso advierte a los gálatas: Cuidado con dejarse circuncidar, porque la circuncisión era la señal que Dios le había dado a Abraham como punto de partida en la pertenencia al pueblo de la antigua Alianza. Entonces les dice Pablo, si se dejan circuncidar, quiere decir que ustedes están admitiendo la ley de Moisés, y ese ya no es nuestro régimen. Esa ya no es nuestra vida, porque nosotros no hemos puesto la esperanza en la ley de Moisés, sino que hemos puesto nuestra esperanza en la fe, porque creemos que solo Dios nos puede dar salvación. Pero la pregunta es válida si cuando decimos que hemos sido liberados del pecado es porque nos han liberado de algo malo. Y luego nos dice Pablo, que hemos sido liberados de la ley. Quiere decir que también la ley es mala porque el pecado es algo malo y hemos sido liberados del pecado. Entonces la ley también es mala y resulta que no.

Este tema lo va a explicar más ampliamente el mismo Pablo en la carta a los Romanos, especialmente en el capítulo séptimo de su carta a los Romanos. Y lo digo aquí por si alguien quiere profundizarlo. No, no se trata de que la ley en sí misma sea mala. No se trata de eso. Pero poner la esperanza en la ley, eso sí es malo. Entonces, la afirmación liberados de la ley es una expresión demasiado compacta que no deja ver toda la riqueza del pensamiento del apóstol. La frase completa sería: liberados de poner nuestra esperanza en la ley. ¿Por ahí se va entendiendo mejor y por qué teníamos que ser liberados de esa esperanza? Entonces alarguemos más la frase liberados de la falsa esperanza de aquellos que consideran encontrar su salvación en la ley.

Entonces, si hemos sido liberados de algo malo, ¿qué? hemos sido liberados de una falsa esperanza. Si uno no se sale de esa falsa esperanza, entonces no encuentra la verdadera esperanza. Nosotros hemos sido liberados de la ley. ¿En qué sentido? No en el sentido de que la ley sea mala, sino en el sentido de que hemos sido liberados. Óigalo bien de la falsa esperanza que tienen los que piensan encontrar su salvación en la ley. Porque esa esperanza es falsa, porque la ley no tiene esa capacidad. La ley fue una etapa. Esto lo insiste el apóstol. La ley fue un camino pedagógico por el que Dios nos fue llevando. ¿Cuál era el papel? ¿Cuál era el propósito de la ley? Era mostrarnos. Esto es lo bueno, esto es lo malo. Y en esa claridad de conciencia no solamente aprende uno una teoría, sino que uno aprende a conocerse. Y uno aprende que muchas veces hace las cosas mal y uno aprende que a veces, incluso proponiéndose hacer las cosas bien, termina haciendo las cosas mal. Es decir, que la ley, aunque empieza afuera, se convierte en una denuncia interior que lo lleva a uno a encontrar, a palpar las limitaciones del propio ser.

Como diría Catalina de Siena, lo conduce al conocimiento de sí mismo. Y en ese reconocimiento de la propia indigencia, la ley que está haciendo está preparando mi encuentro con Cristo. Porque resulta que en Jesucristo yo llego como un leproso frente a Dios, en Jesucristo yo llego con toda mi necesidad y entonces descubro toda su bondad. Ese es el papel de la ley. Entonces Pablo lo que quiere es que nosotros no le asignemos a la ley lo que la ley no podía dar. La ley servía para iluminar la conciencia y para mostrarnos las raíces amargas de rebeldía que cada uno lleva dentro. Para eso servía la ley. Pero poner esperanza de salvación en la ley es tener una falsa esperanza. Y de esa falsa esperanza hemos sido liberados por la fuerza del Evangelio.

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