Esta es tu casa!

Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.

El que se apoya en el bien que cree tener ya dejó de apoyarse en la gratuidad del amor que sólo recibe por la fe.

Homilía o282004a, predicada en 20141014, con 4 min. y 34 seg.

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Transcripción:

La primera lectura de hoy está tomada de la carta a los Gálatas, uno de los documentos que San Pablo escribió con mayor fuerza. Y tratándose de un hombre tan apasionado en esto de presentar la verdad de Cristo. Podemos decir que la carta a los Gálatas echa llamas es un documento que de tanta fuerza parece como un taladro que quiere reventar toda resistencia para establecer con solidez el reinado de Jesucristo. Hay algo muy importante en el pasaje de hoy. Es la relación que se establece entre la fe y el amor. En ese momento particular de la comunidad de Galacia, es decir, la comunidad de los Gálatas, la gran tentación que ellos tenían era volverse hacia la ley de Moisés, quizás buscando una especie de seguridad psicológica, algo así como el niño que quiere saber que si se está portando bien, que si está haciendo las cosas al derecho y de esa manera quiere anticipar algo del premio, algo de la recompensa que cree merecer.

Pero por supuesto, esa recompensa se convierte simplemente en una especie de trampa psicológica y después se convierte en una especie de trampa en la fe, porque entonces ya no pongo yo toda mi confianza en el Señor, sino que empiezo a poner mi confianza en lo que yo hago, porque porque yo soy muy bueno y soy muy bueno porque estoy siguiendo el manual, estoy siguiendo todas las prescripciones, entonces yo soy muy bueno. Esa es una gran tentación que uno puede tener y esa era la tentación de los gálatas. Fíjate que en el fondo, detrás de ese deseo de cumplir la ley, no hay tanto un afán de la gloria divina cuanto una búsqueda de certeza personal, una búsqueda de fuerza que no viene de Dios sino en uno mismo.

Entonces ahí es donde San Pablo enfatiza Mira, no busques, no busques el premio de tu propio reconocimiento, no busques el premio de lo que tú crees que estás haciendo bien. No busques el premio de tu propia grandeza ante tus propios ojos. Lo que para nosotros importa en cuanto creyentes, lo que para nosotros importa en cuanto cristianos es la fe. Porque la fe significa ese salir de ti mismo, ese salir de tus certezas y ese decir El único, el único que puede verdaderamente salvarme, es el Señor. Y el único mérito que puede existir en mi vida es la obra que Él crea en mí. Sin embargo, visto desde afuera, esta confianza en que Dios y solamente Dios es el que obra, también se puede malinterpretar, porque entonces uno puede empezar a decir que no importa como yo viva, porque yo tengo una gran confianza. Se dice que esta fue una de las frases de Lutero. Lutero decía: Peca más. Si puedes confiar más en Dios, peca más. Al fin y al cabo, solo Dios es el que perdona.

Entonces no importa lo que tú peques o no peques. Y esa mala interpretación ya se ve que estaba desde los tiempos de San Pablo. Por eso él da un criterio que aparece casi en la última frase del pasaje de hoy. La verdadera fe es la fe que actúa en el amor. Actúa por el amor. Es decir, San Pablo se da cuenta de que la fe, siendo algo tan precioso, sin embargo, puede corromperse y sin embargo, puede dañarse, porque hay una fe que llega como de contrabando a nuestro corazón. Entonces da un criterio para reconocer la fe auténtica de la fe de contrabando. Y esto es lo mismo que nos va a decir con mucha mayor claridad, porque era su tema el apóstol Santiago en la carta que lleva su nombre La fe sin obras está muerta, dice Santiago. Y San Pablo nos dice la fe. La fe que salva es la fe que obra por el amor. Lo demás son engaños de tu mente.

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