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Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.
Los fariseos querían lo mismo que quería Cristo pero lo buscaban con las solas fuerzas humanas.
Homilía o282003a, predicada en 20121016, con 4 min. y 45 seg. 
Transcripción:
Seguimos con el capítulo once del Evangelio según San Lucas y hoy encontramos a Cristo como invitado a comer en casa de un fariseo. De inmediato suponemos que este pasaje, algo importante, nos va a enseñar. Sucede que Cristo por una parte, y los fariseos, por otra parte, tenían un mismo anhelo el reino de Dios. Pero para los fariseos, la llegada del reino de Dios dependía de la capacidad humana de obedecer todas las prescripciones de la ley de Moisés. El que pueda obedecer todos los detalles de manera estricta y completa, ése estará, ese participará, ése conocerá el Reino de Dios. Esta es la idea de los fariseos. En cambio, Cristo presenta la llegada del Reino como algo distinto, como una sobreabundancia de amor que trae una inmensa alegría. No es que el ser humano carezca de tarea y de responsabilidad, pero según el mensaje de Cristo, la gran tarea nuestra consiste en abrir el corazón, en reconocer que necesitamos de ese Dios. En admitir que somos pecadores. Y en esa obra, que es la obra de la fe, radica la llegada del Reino de Dios. Fíjate cómo hay un mismo anhelo. Que Dios reine, que llegue el Reino de Dios. Pero los fariseos ponen el acento en el esfuerzo humano, en la diligencia humana por cumplir una ley, mientras que Jesús pone el acento en el reconocimiento de los pecados que hemos cometido y en la apertura gozosa y creyente al don que viene de lo alto. En esa comida sin duda sucedieron muchas cosas. El evangelista nos recuerda una ¿Por qué el fariseo invita a Cristo? Se trata de un deseo de aprender. Parece que lamentablemente no es así. El fariseo invita a Cristo porque quiere, quiere verlo de cerca, quiere examinar a ese extraño profeta que habla de lo mismo que a ellos les interesa, pero de una manera que a ellos no les gusta. Es decir, está buscando cuál es el error de Cristo. Está buscando en dónde se equivoca Cristo. Está buscando cuál es la grieta dentro del planteamiento de Cristo. Y desde el primer momento encuentra algo qué criticar. Este Cristo no se ha lavado las manos antes de comer. No era preocupación de higiene. No. Es una preocupación más bien de la pureza ritual. Los fariseos, al llegar del mercado o al llegar de la calle, se lavaban como una manera de indicar que dejaban fuera toda la impureza del mundo porque suponían que sus casas estaban limpias y que eran lugares donde no podía entrar nada impuro. Y entonces Jesús toma esta observación del fariseo, toma esta crítica del fariseo para revelarle algo muy profundo. Oye, te estás quedando en lo externo, en tu deseo de cumplir la ley, en tu deseo de ser estricto con las cláusulas de la ley. Se te olvida que detrás de todo ese cumplimiento hay un corazón que tiene que aprender a ser fiel. Y tu corazón no es fiel. Y le dice esta frase: Aprende a dar limosna de lo de dentro. Es decir, que la donación de tu ser, que lo que tú entregas a Dios y a los demás parta de lo más profundo de ti. Aprende a dar de lo de dentro, que esas palabras queden bien grabadas en nosotros para entrar en ese reino del que nos habla Cristo. Ese Reino que en el fondo todo corazón humano sabe y puede anhelar.

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