Esta es tu casa!

Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.

Dejemos de pedirle a Dios tantas señales y empecemos a pedirle ojos para reconocer su Presencia y oídos para reconocer su Palabra, para darnos cuenta que sus señales están por todas partes.

Homilía o281009a, predicada en 20241014, con 7 min. y 57 seg.

Click derecho para descargar versión MP3

Transcripción:

Hablemos de señales. Hablemos de las señales que Dios nos da. Varios de los contemporáneos de Cristo se sentían dudosos con respecto a Cristo. No dudaban seguramente de los milagros. Por ejemplo, hay un pasaje donde un grupo de fariseos dicen es evidente que ha hecho un milagro. Ellos no tenían duda de que los milagros habían sucedido. El problema de ellos era ¿Cuál es el significado de eso? Es decir, ¿Qué quiere decir eso? Quiere decir que él es el Mesías. Muchos no podían creerlo. Otros sentían sí es el Mesías, este es el que tenía que venir. Las señales. Repito, ellos no dudaban de que los milagros habían sucedido. Lo que no entendían y muchas veces tampoco querían entender, es qué significan esos milagros, qué significan esas señales. Eso es lo que les costaba trabajo entender.

Y bueno, qué tal esta pregunta. ¿Cuáles son las señales que Dios nos da a nosotros? ¿Cuáles son las señales de su amor en nuestra vida? O tal vez esta otra pregunta ¿Estamos leyendo las señales que Dios nos da? ¿Le estamos aceptando esas señales? ¿Las estamos entendiendo? ¿Por qué hay que hablar de señales? Tenemos que hablar de señales porque estamos en esta tierra y porque muchas veces no es evidente la presencia de Dios, no es evidente la voluntad de Dios. Eso es lo que hace difíciles las cosas. No sabemos exactamente cómo tenemos que obrar. Yo me he encontrado a lo largo de los años personas que me dicen yo quisiera que Dios me hablara más claro. Así también había gente que le decía a Cristo, danos una señal, una señal en el cielo.

Tú recuerdas, por ejemplo, que en alguna oportunidad Josué, según relata la Biblia, detuvo el sol. Bueno, ese es el relato. Así es como aparece el relato. Qué explicación tiene eso. No me la pidas en este momento. El relato bíblico dice que Josué detuvo el sol. Fue una señal en el cielo. También la Biblia nos cuenta que Elías le anunció al rey Ajab no va a caer la lluvia mientras yo no lo mande. Una cosa que parece imposible para una voz humana. Pero así habló el profeta Elías. Y efectivamente, durante tres años y seis meses no cayó una gota de agua. Y cuando Elías volvió a hacer oración, cayó un aguacero impresionante. Esas son señales en el cielo. O qué tal Moisés. Le piden a Moisés alimento. Estaban en el desierto. Los israelitas le piden a Moisés alimento. Y entonces Moisés habla con Dios y viene ese alimento que lo llamaron pan del cielo, el maná. Esa es una señal en el cielo. Entonces, recordando a personajes como Josué, como Elías, como Moisés, incluso como el mismo Noé, según el relato del Génesis, la gente le pide danos una señal, muéstranos, muéstranos que tú eres tú. Y posiblemente también nosotros tenemos un deseo semejante. Dame una señal, Señor, muéstrame dónde estás. Muéstrame qué quieres realmente. La respuesta que Cristo le da a aquella gente de su tiempo, posiblemente nos deja un poco perplejos.

Dice Jesús No se les dará ninguna otra señal sino la del profeta Jonás. Porque así como Jonás estuvo en el pez tres días y tres noches, así también el Hijo del Hombre. Pues básicamente estaba contando su muerte y su resurrección. Podemos decir que en buena parte esa es la señal universal. Es decir, el hecho de que el cuerpo de nuestro Señor Jesucristo nunca ha aparecido, esa es como una señal universal. Una vez escuché un sacerdote que dijo una tontería. Dijo si aparecieran los huesos de Jesús, mi fe seguiría intacta. Es una tristeza que alguien diga eso y que lo diga un sacerdote da más tristeza. Oremos por él. Pero lo cierto es que esa es como una señal universal. El cuerpo de Jesús, ya desde la época de Jesús, nunca apareció. Y esa es una señal universal y es una señal universal también, porque lo que más disgustaba a las autoridades judías de aquel tiempo era que se predicara la resurrección. Y por supuesto que la manera más sencilla, el modo más directo, como aquellas autoridades hubieran podido negar la resurrección, era mostrar el cadáver de Jesús y decir mire, aquí está. Pero nunca nadie pudo mostrar el cadáver de Jesús. De manera que la señal de la muerte verdadera y de la resurrección innegable de Cristo es una gran señal.

Pero volvamos un poco a la vida nuestra. Nuestra vida, la tuya y la mía. ¿Cuáles son las señales, las señales que Dios nos da a nosotros? Posiblemente el problema no es que Dios no dé señales. Tal vez el problema es que nosotros no sabemos encontrar, no sabemos leer las señales. Y por eso te quiero invitar a que el día de hoy cambiemos un poco. Llamémoslo la estrategia. Dejemos de pedirle a Dios que nos dé señales, pidámosle a Dios que nos dé ojos para reconocer su presencia, que nos dé oídos para reconocer su Palabra. Si nosotros tenemos ojos para ver sus señales y oídos para escuchar su Palabra, empezaremos a darnos cuenta que señales de su presencia, de su amor, de su providencia, están por todas partes. De hecho, en las vidas de los santos, lo que encontramos es eso. Que muchísimos de ellos estaban absolutamente convencidos de cómo Dios los iba guiando. No es que la tuvieran fácil, pero descubrían la presencia de Dios, descubrían el plan de Dios, lo podían leer incluso cuando nadie más entendía nada. Así que ya sabes, dejemos de pedir tantas señales y empecemos a pedir ojos. Amén.

Publícalo en Facebook! Cuéntalo en Twitter!

Derechos Reservados © 1997-2025

La reproduccion de estos textos y archivos de audio, para uso privado o publico,
está permitida, aunque solamente sin fines de lucro y citando la fuente:
http://fraynelson.com/.

 

Volver a las homilías de hoy.

Página de entrada a FRAYNELSON.COM