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Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.
Tambien hay Gálatas entre nosotros.
Homilía o281006a, predicada en 20181015, con 30 min. y 8 seg. 
Transcripción:
Volvamos, hermanos, a la primera lectura de la carta de Pablo a los Gálatas. Con el favor de Dios, busquemos comprender qué es lo que estaba sucediendo en ese momento y cómo se aplica a nuestra propia época. ¿Cuál era la situación en esa comunidad de Galacia? Por eso se llaman los Gálatas. ¿Cuál era la situación? Pablo había estado predicando allá con un buen fruto. Había surgido una comunidad. Pero Pablo se retira y llegan otros predicadores con un mensaje distinto, parecido pero distinto. Básicamente lo que traen esos nuevos predicadores es el mensaje de que hay que practicar la ley de Moisés. No van a poder salvarse, enseñaban a aquellos predicadores. No van a poder salvarse si ustedes no obedecen la ley de Moisés. Empezando por la circuncisión. Y parece que esa predicación iba teniendo efecto también en ellos. De modo que ya había gente que estaba circuncidándose y empezando a practicar la ley de Moisés. Cuando Pablo se entera de esta situación, se siente decepcionado. Podríamos decir traicionado, triste y profundamente disgustado. De ahí surge la carta más dura de San Pablo, que es esta carta a los Gálatas. Si uno compara con otros escritos de Pablo, inmediatamente se da cuenta que es una carta muy fuerte. En otras cartas, Pablo siempre saluda a la comunidad. Les reconoce algunos bienes espirituales que han cultivado. Con los Gálatas, no. Empieza la carta y empiezan los regaños. Pero es por eso, porque Pablo siente que ha perdido su tiempo.
La primera lección para nosotros es que hay que tener mucho cuidado con los predicadores, porque lo bueno que haga uno se puede perder cuando llega otro y las consecuencias pueden ser funestas. La palabra es muy poderosa. Por algo habla el apóstol Santiago del poder de la lengua. La palabra es poderosa y la misma palabra que puede ayudarnos y edificarnos y llamarnos a la santidad, pues también puede convertirse en una herramienta de confusión o de mediocridad. Así que hay que escoger muy bien los predicadores. ¿Vale eso para nuestra época? Claro que sí. Porque en nuestra época también encontramos gente confundida y también encontramos personas que, como se dice popularmente, bailan al son que les toquen. Entonces cuando estaba Juan Pablo Segundo, por dar un ejemplo, que fue tan claro en algunos temas de familia, de pareja, de defensa de la vida. Todos con Juan Pablo. Llega Benedicto, sigue en la misma tónica, fortalece mucho de lo que dejó Juan Pablo Segundo. Siguen bailando a ese ritmo. Llega el Papa Francisco y una parte, por lo menos de su enseñanza, no es tan clara. Eso no lo podemos negar. No se puede tapar el sol con un dedo. Y entonces ya la gente considera que ahora sí están autorizadas cosas que antes no. A nadie se le ocurría en la época de Juan Pablo Segundo hablar de diaconisas, por ejemplo. Pero ya tenemos incluso un cardenal diciéndonos, sí, tal vez puede haber diaconisas. Y la gente se va acomodando según el que mande. No parece que estuvieran apegados al Evangelio, sino más bien apegados a su conveniencia, siguiendo el ritmo de lo que les pongan por delante. Muchas veces incluso falsificando las intenciones y las palabras de nuestros pastores. Hay gente que está interpretando la actitud misericordiosa de Francisco. La está interpretando como que ahora sí se puede. Y no cabe duda de que hay personas que están aprovechando esta situación para hacer avanzar a la máxima velocidad posible porque no se sabe que Papa venga después. Hacer avanzar a la máxima velocidad posible sus propios intereses.
Por ejemplo, vamos a ver hasta dónde podemos inyectar homosexualidad, por una parte, por otra. Entonces hay unos cuantos sacerdotes teólogos que están en esas, inyectando por todas partes, aprovechando el tiempo corto que queda. Corto para la vida de la Iglesia. O sea que ahí vemos una conexión con la lectura. ¿Qué fue lo que pasó en tiempo de los Gálatas? Pablo predicó, por supuesto, lo que es el Evangelio. Pero luego llegaron otros predicadores y parece que los gálatas eran demasiado dóciles. ¿Qué quiere decir eso? Que oían con mucha atención a San Pablo. Qué bien. Qué bonito. Sí, señor. Vamos a hacer eso. Pero luego llega otro y les dice otra cosa. Qué bien. Qué bonito. Vamos a hacer eso. También eso está pasando en algunos laicos. Hay gente que se considera muy espiritual, pero revuelven todo con todo, como que todo les da lo mismo. Son también de los que oyen a cualquier predicador. Entonces, la devoción a la Virgencita, que alegría. Los primeros viernes, que alegría. Meditación trascendental, qué bueno. Nueva era, bienvenida. Revuelven todo con todo, no tienen discernimiento, no son capaces de decir ese no es el Evangelio, eso no es lo que yo he recibido. Por eso Pablo se esfuerza en darles ese lenguaje a ellos. Por eso los regaña tanto como sacudiéndolos como un papá que reconviene a sus hijos y les dice despierten, dense cuenta lo que está pasando.
Dios es tan bueno que muchas veces saca frutos bellos de circunstancias tristes o difíciles. Eso lo vemos muchas veces en la historia de la Iglesia. Como en tiempos de crisis surgen, por ejemplo, grandes santos. Dios suele aprovechar las circunstancias exigentes para hacer obras maravillosas. Con lo cual, ciertamente uno se da cuenta que es Él y solo Él el que podía hacerlo, porque nadie más podía. Este principio general del amor compasivo y poderoso de Dios, ese principio se cumple también con esto de los Gálatas y con otros escritos de San Pablo. El pobre apóstol sufre. Podemos imaginarnos la frustración que padecía, pero de todo se vale Dios. De esas circunstancias tan difíciles surgieron escritos preciosos particularmente luminosos. Que son de gran enseñanza, no solo para aquellos cristianos que ni siquiera sabemos si le entendieron al fin, pero en cambio si son gran enseñanza para la Iglesia de todos los tiempos.
Destaquemos un punto de lo que dice Pablo hoy. Pablo hace una comparación entre dos maneras de obrar de Dios. Utilizando esta traducción, una manera es la manera natural, lo que viene de la naturaleza, lo que da de sí la naturaleza humana. Ese es el caso del hijo de la esclava. Dios le había prometido a Abraham y a Sara que iban a tener descendencia. Pero eso como que no se cumplía. Entonces se le ocurre a Sara que tenía una sirvienta, esclava incluso la llama la Biblia, a su cargo y para ella. Una mujer llamada Agar, se le ocurre a Sara que como Agar es de ella. Yo sé que este lenguaje es repugnante, pero esa era la cultura de esa época. Como Agar es mía, si Abraham tiene un hijo con Agar, entonces ese hijo también es mío. Un razonamiento muy extraño, pero ese razonamiento uno se lo encuentra varias veces en el libro del Génesis, lo cual parece demostrar que era un modo de pensar en aquella época. Es una cosa que a uno no le cabe en la cabeza, pero así pensaban ellos. Entonces, obviamente se da la relación entre Abraham y Agar y de ahí viene un niño. Pero Agar era una mujer fecunda, una mujer que tenía su cuerpo con todos los ritmos propios de la fecundidad. En cambio, Sara había sido estéril toda la vida y ya no tenía sus períodos. Y cuando Dios le hizo la promesa a Abraham lo grandioso va a suceder, no a través de Agar, que es natural. A ver, si se une un varón y una mujer. Es perfectamente posible que haya un embarazo si ella es fecunda y si él es fecundo. Eso es según la naturaleza.
Pero la manera de Dios era mucho más alta. Y eso es lo que destaca el apóstol Pablo en el pasaje de hoy. Por eso hace el contraste entre el hijo de la esclava y el hijo de la libre. La libre, pues, es Sara, el hijo de la esclava nace de modo natural y representa la esclavitud. El hijo de la libre nace en cambio de un milagro. Es algo sobrenatural. Pablo dice es el hijo de la promesa. A través de la distinción entre estos dos hijos, el uno llegó a llamarse Ismael y el otro llegó a llamarse Isaac. A través de la diferencia entre estos dos hijos. Pablo quiere que aprendamos la diferencia entre esos dos modos de actuar de Dios, porque esos dos modos pasan por el mismo corazón y pasan por el mismo cuerpo que es el cuerpo de Abrahán. Esos dos modos de obrar. De modo que, por un lado, Dios obra según la naturaleza, pero por otro lado, Dios obra también por encima de la naturaleza. Y lo que quiere destacar Pablo es que en el nacimiento de Isaac y en el cumplimiento de la promesa, hay algo que está por encima de la naturaleza.
¿Por qué hace esta diferencia? Porque Pablo quiere luego hacer la comparación entre lo que es vivir según la ley y lo que es vivir según el Evangelio. El Evangelio se sitúa por encima de nuestra naturaleza. El auxilio que Dios nos da por encima de nuestra naturaleza es lo que en teología llamamos la Gracia. Ese amor que como un regalo, como donación de sí mismo, Dios infunde en nosotros y que nos hace capaces de aquello que era imposible para nosotros. Del mismo modo que era imposible para Sara concebir, Sara no podía concebir. Era imposible para ella. Había sido estéril toda la vida y estaba pasada de edad. Pero esta mujer estéril y pasada de años, sin embargo, va a recibir una fuerza nueva. Entonces, la catequesis que está haciendo Pablo a partir de este ejemplo bíblico es la diferencia entre la naturaleza y la sobrenaturaleza, entre la naturaleza y la fuerza de la promesa divina, entre la naturaleza y la gracia. Es decir, lo que les está mostrando a los Gálatas es que el Evangelio se sitúa por encima de la ley, porque el Evangelio está en la lógica de la promesa, está en la lógica del regalo que trasciende nuestras fuerzas. Precisamente la tragedia de la ley es que es una palabra que viene de Dios, pero a la cual tendríamos nosotros que cumplir con nuestras solas fuerzas humanas, según nuestra naturaleza. Y si hay algo que demuestra el Antiguo Testamento es que nuestras fuerzas humanas, nuestra naturaleza no llega, no llega allá. Por eso la ley es trágica, por eso el Antiguo Testamento acaba en tristeza y en fracaso. Nadie, nadie sabe hasta cuándo. Ya no vemos nuestros signos, ni hay profetas y nadie sabe hasta cuándo.
El Antiguo Testamento termina en tristeza y no podía ser de otro modo, nos explica San Pablo. Porque la ley de Moisés es una propuesta divina que hay que ejecutar con fuerzas humanas y por eso no se alcanza. Pero si no alcanzamos nosotros con nuestras fuerzas, desde la humillación de ese que podríamos llamar nuestro fracaso, viene esa súplica que finalmente tiene como respuesta el don del amor divino, el don de la gracia. O sea que la catequesis que les está haciendo Pablo a los Gálatas es la catequesis sobre lo que es la Gracia. Es como si dijera date cuenta que el régimen de la ley es el régimen de la naturaleza. Y date cuenta que con las solas fuerzas de la naturaleza humana no es posible. Como quien dice, la ley es un callejón sin salida. El camino de la ley de Moisés es un camino que va al fracaso porque no se puede cumplir el querer de un Dios con las fuerzas de un hombre. Y así está infundiendo en ellos una enseñanza. Necesitamos la gracia. No bastan las fuerzas humanas, necesitamos la gracia. Y eso se puede aplicar a nuestro caso, claro. Toda la moral cristiana resulta incomprensible y resulta imposible sin este elemento. El elemento de la promesa de Dios, el elemento de la gracia divina, el elemento de la sobrenaturaleza, sin eso no es posible. Le voy a dar tres ejemplos que son muy actuales y que son causa de sufrimiento entre los cristianos hoy.
El primer ejemplo tiene que ver con el Santo, uno de los santos que fue canonizado ayer, San Pablo Sexto. Pablo Sexto enseña sobre la santidad de la sexualidad humana. Básicamente lo que viene a decir Pablo Sexto en su documento más controvertido que es la Encíclica Humanae vitae. Lo que viene a decir Pablo Sexto es que la sexualidad humana no es un entretenimiento ni es un negocio. Que la sexualidad humana en el proyecto de Dios, está unida a la santidad del matrimonio y está unida al regalo de la fecundidad. Y que si nosotros separamos la sexualidad humana de la fecundidad, separamos la sexualidad humana de la santidad del matrimonio, termina convirtiéndose en un entretenimiento. Que ese es el florecimiento de la pornografía y todo tipo de vicios en nuestra época o en un negocio. Y esa es la industria del aborto y esa es la industria de las clínicas de fecundación in vitro. O sea que fue un Papa profeta, Pablo Sexto. Pablo Sexto está hablando de la santidad de la sexualidad humana, que sólo puede encontrar su verdadero curso y ruta si está unido a la santidad del matrimonio y al don de la fecundidad. Hay muchos matices que habría que hacer, pero quedémonos con esa apretada síntesis. Vaya usted a predicar eso, de inmediato. No, padre, eso nadie lo cumple. Eso nadie lo vive. De las industrias que está prosperando es la de preservativos para todo el mundo. El primero que compra es el gobierno para hacer política con eso. Entonces parece imposible. ¿Y por qué parece imposible? Porque lo estamos mirando solo desde las fuerzas humanas. Porque estamos tratando de presentar una enseñanza que en el fondo es divina. Es la santidad del cuerpo y la santidad de la sexualidad humana.
Pero a veces no se enfatiza lo suficiente en la necesidad de la gracia, que implica, entre otras cosas, una vida de amistad con Dios. Una vida donde se le conoce a Él, se le celebra a Él, se le ama a Él. El que no conoce al Señor, el que no conoce su amor, el que no ha experimentado su fuerza, en el fondo siente que su sexualidad es como un potro salvaje que va donde quiere y que hace lo que se le da la gana. Está poseído por una especie de pasión que le domina. Por eso Santiago dice que nosotros no alcanzamos lo que pedimos en la oración y dice por las pasiones que batallan en su interior. Entonces la persona que tiene su sexualidad como una fiera indómita, esa persona que no ha domado su sexualidad ni puede domarla porque no conoce el amor de Dios, porque no conoce a papá Dios, porque no conoce su fuerza, porque no conoce su gracia y su unción. Esa persona se va a reír de Pablo Sexto. Esa persona se va a reír de la enseñanza de la Iglesia. Esa persona va a decir eso es imposible, Padre. Aterrice, estamos en el Siglo Veintiuno. Dejen de estar diciendo bobadas, que eso nadie lo va a cumplir. Es por eso, porque seguimos pensando en términos de agarre, seguimos pensando en términos de las solas fuerzas de la naturaleza humana. ¿Y cómo llega uno a la lógica de la gracia? Conoce el amor de Dios. Conoce a tu Padre Dios, el que se ha extasiado con la belleza, con la hermosura, con la dulzura del amor divino. Ese ve las cosas de un modo diferente.
Segundo, no mencionaré su nombre, pero ustedes seguramente saben de quién estoy hablando. Con gran escándalo de miles y miles y miles de personas, abandonó en público y dejó tirado su sacerdocio. Un hombre que era un gran predicador. Grande por lo menos en la capacidad de recoger multitudes. Ciertamente, yo le he oído a varias personas que decían. Llevaba varios años en que su predicación era pura motivación. Pero lo que quiero destacar es que este hombre, al dejar tirado su sacerdocio, incluso antes de recibir cualquier dispensa de Roma, al abandonar así su sacerdocio, dice me cansé. Y concretamente dice me cansé del celibato. La expresión que él utiliza es más vulgar y no hay necesidad de repetirla aquí. Efectivamente, la fidelidad sacerdotal, lo mismo que la fidelidad matrimonial, lo mismo que el verdadero amor de papá o de mamá, es algo que supera las fuerzas humanas. Pero yo hago una pregunta ¿Qué ejemplo está dando ese sacerdote, por ejemplo, frente a las parejas? Si él puede decir me cansé y deja tirado todo, ¿Qué le vamos a pedir a los que están casados? También ellos podrían decir me cansé y dejó tirado todo. Pero de nuevo, ¿Cuál es el problema? Que ahí estamos contando únicamente con las fuerzas humanas. Si el sacerdote y que Dios me mire con misericordia, me trazó la señal de la cruz. Porque San Pablo dice el que esté en pie, mire, no caiga. Si el sacerdote está enamorado del Señor, apasionado por la causa de Cristo, gozoso de su amor, testigo de su fuerza, es decir, si tiene una experiencia de la gracia, no va a hablar como habló ese hombre. Ese es otro ejemplo.
Y el tercer ejemplo tiene que ver con el perdón. Hoy muchas personas se están separando porque dicen me cansé. Otros que se cansaron, me cansé de perdonar, me cansé de luchar. Pero si hacemos oración, si buscamos por este lado, si buscamos quien le hable a tu pareja. No, no, no, ya no quiero más. También estos se cansaron. Entonces fíjate, el dominio de nosotros mismos, por ejemplo, en la sexualidad, la fidelidad a nuestros compromisos. Por ejemplo, una religiosa con sus votos, un sacerdote con sus compromisos propios del ministerio y del orden sacramental. O esto de seguir amando es imposible para el ser humano. Pero es que yo no estoy diciendo nada nuevo. Esto fue exactamente lo que dijo Cristo. No hace mucho salía en la Santa Misa. Mateo Capítulo Diecinueve, esta y textos paralelos. Jesucristo dice, porque los apóstoles le comentaron pero ¿quién puede salvarse? Jesucristo dice: No es que nadie puede salvarse. Esa es la respuesta de Cristo. Nadie puede salvarse. Para los hombres es imposible. Es Dios, es la gracia de Dios. Y vivir humillados, pidiendo la gracia, celebrando la gracia y proclamando la gracia, ese es nuestro camino. Vivir humillados, humildes, entonces, si no te gusta la palabra humillado, que hay personas que no les gusta. A mí sí me gusta, tal vez porque me ayuda a crucificar algo la vanidad, la soberbia. Vivir humildes, suplicando la gracia, celebrando la gracia y proclamando la gracia. Eso es ser cristianos.
Resumen ¿Qué hemos hecho en esta homilía? Hemos reflexionado en el pasaje de la Carta a los Gálatas y hemos sacado dos breves enseñanzas. Primera. Cuidado con los predicadores. Aférrese al Evangelio. Y hoy más que nunca. Yo pienso, por ejemplo, las religiosas que tenemos aquí. ¡Ay, Dios mío! Todo lo que le toca vivir a una religiosa. Pero equivocarse de predicador, equivocarse de doctrina espiritual. Las comunidades lo pagan muy caro. Hace veinticinco años o un poco más. Me invitaron unas dominicas distintas de las que estaban aquí. Me invitaron unas dominicas para que yo diera un curso para las novicias. Y yo recuerdo que yo fui a la capilla del Noviciado, que era el lugar donde teníamos por supuesto algunas oraciones y todo aquello. En la capillita del noviciado, que era muy pequeñita, bonita, tenían una pequeña biblioteca. Como yo tengo pues esa tendencia hacia el estudio, la academia, de una vez me pongo a ver, de chismoso decimos en Colombia, pongo de chismoso. Hay una cantidad de libros. Todo en términos de psicologismo. Todo era psicología, todo era tú puedes, todo era promoción del corazón humano, equilibrio de la afectividad y algunos abiertamente de tipo Nueva era. Eso se paga caro. Las comunidades, sobre todo las comunidades religiosas, deben tener un centro muy claro en las cosas. De esas novicias no quedó ni una. Y esa comunidad, no les miento, ha perdido mucho más del noventa por ciento de sus jóvenes. Ese es el precio que se paga.
Entonces hemos visto dos cosas. Primero, cuidado con los predicadores. Aferrados al Evangelio, por favor, aferrados a la sana doctrina. Hay muchos que no valoran la doctrina. Hay que aferrarse.
Y segundo, la necesidad de la gracia. No nos quedemos con la sola naturaleza, no nos quedemos con la esclava, no nos quedemos con Agar, vayamos a la promesa de Dios. Y caminando humildes supliquemos la gracia y recibamos la gracia y celebremos la gracia divina. Amén.

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