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Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.

¿Cómo estamos recibiendo las señales que Dios nos da cada día en nuestra vida?

Homilía o281002a, predicada en 20021014, con 10 min. y 25 seg.

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Transcripción:

Hermanos, no le podemos quitar al Evangelio estas páginas o estos pasajes duros en los que Jesús hace sus denuncias. Hoy, por ejemplo, se queja y denuncia la incredulidad, la dureza de los hombres de su tiempo. Llama a esos hombres una generación perversa, dura para convertirse. No pensemos que Jesús, nuestro amable y bondadoso Jesús, deja de ser amable o deja de ser bondadoso porque empiece a denunciar. Más bien, lo que tenemos que pensar es que también la denuncia es un acto de amor. Denunciar, hacer ver la llaga es también un acto de amor, aunque no es tan fácil, porque uno puede denunciar por descargarse uno, por desahogarse uno, no tanto por buscar el bien de la otra persona. Cuando la denuncia es una manera de desahogarse. Tal vez no es la denuncia que le gusta a Dios. En cambio, cuando la denuncia brota del amor y lo que busca es el bien de la otra persona, Jesús es el primero en decirnos y en mostrarnos con su ejemplo que esa denuncia también es según Dios. Así que la primera enseñanza que podemos sacar para el día de hoy es también denunciar. Es un acto de amor.

Hace poco sucedió una historia muy triste en un grupo de seglares consagradas que existen en la ciudad de Bogotá. Vino a resultar que una de estas mujeres que tienen la vida entregada a Dios, resolvió abandonar el grupo, irse. Y el motivo es que ella llevaba tiempo con unas conversaciones con grupos protestantes, de manera que le hicieron un remolino en la cabeza y decidió salirse no solo de su grupo de consagradas, sino salirse de la Iglesia Católica. Es un hecho muy triste, pero lo más triste es pensar que había gente que sabía que eso estaba sucediendo y no se lo hicieron ver a ella, ni tampoco se lo hicieron ver a las autoridades, a las personas que pudieran ayudar a que eso se arreglara. Dejar que los problemas se agraven, dejar que la gente se hunda, dejar que las vocaciones se pierdan, dejar que la vida se desperdicie. Cómo puede ser un acto de amor. Muchas veces hay que incomodar a las personas y hasta se podrán disgustar con nosotros. Pero es necesario hacer ver los problemas. Es necesario, a tiempo, de buena forma y con amor. Pero es necesario denunciar porque la falta de denuncia nos hace inútiles para servir a nuestros hermanos.

Por otra parte, ¿de qué se queja Jesús? No será de una tontería, porque Jesús en todo lo que hace, lleva la marca de un amor muy grande y muy profundo. No es por una tontería por lo que Jesús se está quejando. Se queja por la dureza de los corazones. Se queja porque siempre le están pidiendo una señal más. Cuántas señales había dado Jesús en su misma predicación, en la santidad de su vida, en los exorcismos, en los milagros. ¿Cuántas señales había dado? Y siempre le estaban pidiendo una señal más. Y Jesús dice Pues no, no más señales. Jesús no es un mago para entretenernos con la habilidad de sus dedos. Jesús no es un cuentero para entretenernos con el torrente de sus palabras. Jesús no es un curandero para andar sanando cualquier dolencia que se nos ocurra. Para ver si tiene o no tiene poder de hacerlo. Jesús hace todas esas señales, no para que nosotros nos quedemos mirando las señales, sino para que entendamos que el Reino de Dios ha llegado. Por eso dijo en una ocasión. Si yo expulso a los demonios con el dedo de Dios, es porque el Reino de Dios ha llegado. Por eso, como dice esa parábola famosa, cuando el maestro levanta el dedo y apunta a la luna, siempre hay gente que se queda mirando al dedo y no mira hacia donde apunta el dedo, no mira hacia la luna. Cuando nos quedamos mirando solamente los milagros, las señales incluso extraordinarias que hace Dios, nos quedamos mirando el dedo y no miramos hacia donde apunta el dedo, hacia la luna. Jesús no quiere que nosotros nos quedemos mirando el dedo, mirando milagros, mirando exorcismos. Jesús quiere que entendamos que todas esas señales son simplemente señales de la visita de Dios. Dios viene. Dios viene a reinar. Y eso significa la renovación de todas las cosas, empezando por nuestros corazones.

Por eso la segunda enseñanza del día de hoy, que la podemos formular con un cuestionamiento, con una pregunta, ¿Hemos entendido las señales que Dios nos ha dado? Incluso con otra pregunta anterior, ¿Realmente hemos recibido las señales de Dios? Ustedes creen, mis hermanos, que tener salud, poder trabajar tal vez, tener fe, tantas bendiciones que llegan a nuestros hogares, todo eso es ¿por qué? Todo eso es señal de Dios para nosotros. ¿Cuántas señales de amor nos ha dado Dios? Todos los días se regala en su bendita palabra, todos los días se ofrece en el Santo Sacrificio sobre el altar. Todos los días nos protege con sus ángeles, todos los días nos derrama su Espíritu Santo. Cuántas señales nos ha dado y nosotros todavía poniéndole un signo de interrogación al amor de Dios. ¿Será que sí me quiere? ¿Será que Dios sí me ama? Si Dios me diera esta señal, yo creería en su amor. Eso no le gusta a Jesús. Eso no le gusta a Dios. Por eso tenemos que preguntarnos ¿Qué estamos haciendo con las señales de Dios? ¿Se las estamos recibiendo, se las estamos agradeciendo y se las estamos entendiendo? ¿Estamos recibiendo esas señales acogiéndolas y entendiéndolas como señales de la llegada del Reino de Dios? Es una pregunta que nos invita a vivir de una manera más atenta, más humilde, más agradecida y también más obediente.

Y una tercera y última enseñanza para el día de hoy. Jesús dice Aquí hay uno que es más que Salomón. Salomón tenía fama de ser el hombre más sabio del mundo. Aquí hay uno que es más que Jonás. Jonás tenía fama de la predicación más eficaz de todo el Antiguo Testamento. Porque Nínive era una ciudad tan grande que se necesitaban tres días para atravesarla, según el relato bíblico. Y Jonás convirtió a toda una ciudad con su predicación. Salomón, el hombre más sabio, Jonás, el predicador más grande. Jesús dice Aquí hay uno que es más que Salomón. Aquí hay uno que es más que Jonás. ¡Qué grandeza la de Jesús! Terminemos esta meditación admirándonos de Jesús, sintiéndonos felices de Jesús. El que es más sabio que Salomón y el que logra más que Jonás. Es más sabio que Salomón porque la verdad que Jesús nos revela no alcanza la inteligencia por sus fuerzas. Es la verdad de un amor sin fronteras. Y su obra es mejor que la de Jonás, porque lo que Jesús hace no es otra cosa sino transformarnos, volvernos a crear con su gracia, con el poder de su Espíritu. Vamos a creer en Jesús. Vamos a creerle a Jesús, el que es más grande que Salomón, el que es más fuerte que Jonás, el que tiene una sabiduría más grande que toda palabra humana y el que tiene una fuerza mayor a todo poder, a todo gobierno, a todo proyecto humano. Amén.

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