Esta es tu casa!

Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.

Ora conmigo: “Dame Señor el verdadero Pan, el Pan que en verdad necesito” Amén.

Homilía o273006a, predicada en 20181010, con 6 min. y 36 seg.

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Transcripción:

El Evangelio del día de hoy está tomado del capítulo número 11 de San Lucas. Nos presenta ese momento tan espiritual, tan fraterno y tan bello, en el que los apóstoles le piden a Jesús: «Enséñanos a orar». Y Jesús les regala una parte de su propio corazón, o tal vez mejor, les da su corazón en oración. Debemos entender, todos mis queridos amigos, que eso es exactamente el Padrenuestro, es el Corazón de Cristo en oración. Se han escrito libros enteros sobre el Padrenuestro, hay tantas meditaciones tan preciosas, grandes santos como Agustín, grandes santos como Cipriano, grandes santos como Santo Tomás de Aquino, han escrito meditaciones luminosas y profundas sobre el Padrenuestro.

De ninguna manera, podemos hacerlo en el breve espacio de esta reflexión, pero yo quiero centrarme en una frase, solo una. Y la razón para centrarme en esa, es porque hay una notable diferencia entre la versión del Padrenuestro que nos da Mateo y la que nos da Lucas, en esta frase particular. En Mateo se encuentra el Padrenuestro en el capítulo sexto de su Evangelio, en Lucas, como ya dijimos en este capítulo número once. Y la frase a la que me refiero es la que tiene que ver con el pan, porque dice la versión de San Mateo: Danos el pan. Y en griego dice «epiousion», el pan «epiousion», una palabra muy difícil de traducir del griego. Ese «usion» es el acusativo de usía que significa sustancia, y por eso, una traducción al latín dice «panem supersubstantialem», el pan supersubstancial, nos quedamos sin saber realmente a qué se refiere.

Normalmente lo que se ha hecho en la traducción del Padrenuestro es omitir un poco esta parte de la versión de Mateo y quedarnos un poco más con la versión de Lucas, porque lo que dice Lucas es: Danos cada día nuestro pan del mañana, esa es realmente la traducción literal. Entonces fíjate, un Evangelio dice: Danos el pan supersustancial. Y la otra traducción o el otro texto, la otra recensión dice: Danos cada día el pan del mañana. La manera como se suele traducir esto, a la lengua castellana es: Danos hoy nuestro pan de cada día, «Panem nostrum quotidianum da nobis hodie», dice la versión oficial en latín.

Pero si lo pensamos bien, realmente no es exacto lo que ahí se dice, y sobre todo la parte del supersustancial, lo que aparece en Mateo ha quedado prácticamente omitido. ¿Qué puede querer decir ese pan que es supersustancial? Y ¿qué puede querer decir la traducción literal de Lucas: Danos cada día el pan del mañana? Por una parte, lo sustancial es aquello que es realmente necesario. Pero, por otro lado, lo supersustancial, lo sustancial es lo que es de verdad. Yo creo que todos hemos tenido la experiencia no sólo con el pan, sino con otros alimentos de comer cosas que sentimos que no tienen como sus ingredientes, no tienen sabor, no tienen su fuerza nutritiva. Entonces, lo sustancial alude a lo que es necesario y a lo que es verdadero.

Y cuando se habla del pan del mañana, como encontramos en San Lucas, da la impresión de que alude a eso, porque el pan del mañana no es solamente lo que voy a necesitar para alimentarme mañana, sino que hay un gran mañana. Y ese gran mañana, después del hoy de la vida presente, es el alimento eterno que es Dios mismo. Él es el verdaderamente necesario, Él es el verdadero. Entonces, ese elemento de verdad parece que queda perdido en la traducción, ese elemento de que hay un pan, que es el pan que yo realmente necesito, no es tal vez el pan que mis concupiscencias, mis veleidades, la propaganda del mundo difunde para mí, tal vez no es ese. Tal vez no es el pan más popular, tal vez no es el pan más deseado, tal vez no es el pan que yo mismo anhelo y codicio, pero es el pan que es necesario y es el pan que es verdadero.

Por eso, en cierto sentido, esa frase del Padrenuestro tratando de tomar de Lucas y de Mateo se podría traducir: Danos ya nuestro verdadero pan. Me parece fundamental esa parte del verdadero. Esto no es para entrar en discusión, esto no es para descalificar nuestra liturgia, no es para aprender, es para profundizar. Danos ya nuestro verdadero pan, danos ya nuestro verdadero pan, el pan de verdad, el alimento de verdad. No, repito, lo que yo tal vez anhelo y estoy equivocado, no, tal vez lo que yo codicio y lo codicio mal, no tal vez lo que me han enseñado a desear y me han enseñado mal. Dame el pan, el pan que es de verdad, el pan que en verdad necesito, tal vez el pan que ni yo mismo conozco. Qué súplica tan preciosa, y ante mis ojos digo, qué necesaria, qué indispensable en nuestro tiempo.

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