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Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.
Celo por la casa y la causa de Dios!
Homilía o273003a, predicada en 20121010, con 4 min. y 34 seg. 
Transcripción:
Nos está acompañando en la primera lectura de estos días la carta a los Gálatas. Este documento, que proviene, como otros más, del apóstol San Pablo, es, sin embargo, singular. Singular porque nunca el apóstol utilizó un tono tan recio, casi podríamos decir, agresivo. Yo creo que es bueno tener un poco de contexto para apreciar la actitud de Pablo y lo que tiene que enseñarnos en esta carta. Ante todo, Galacia pues es una región de ese mundo antiguo, de esa Asia Menor en donde Pablo estuvo predicando. Y fruto de esa predicación surge una comunidad, una comunidad que ha podido beber de las fuentes de la predicación de uno de los más grandes testigos del Evangelio en todos los tiempos, así nace la comunidad de los Gálatas.
Todo parecía relativamente bien, pero sucede que, en un determinado momento, otros predicadores llegan a sembrar en esa misma comunidad. Parece que el mensaje principal de esos otros predicadores era que la gente, es decir los Gálatas, los cristianos de Galacia, tenían que circuncidarse y tenían que cumplir toda la ley de Moisés. Y si no cumplían la ley de Moisés, en realidad, no se salvaban. Parece que estos predicadores pertenecían al grupo de los cristianos de Jerusalén que se habían sostenido con mucha fortaleza en la fe gracias al testimonio del apóstol Santiago, llamado el menor. Pero el hecho de que éstos vinieran de la comunidad del apóstol Santiago y el hecho de que tuvieran esa cercanía con el mundo judío, no quiere decir que ese Santiago estuviera de acuerdo con lo que ellos estaban enseñando.
De hecho, encontramos en la Biblia, encontramos en el libro de los Hechos de los Apóstoles cómo este apóstol Santiago se pone del lado de Pablo en el momento en el que el asunto de cómo recibir a los paganos en la Iglesia se discute. Pero siempre sucede eso, que hay gente que se toma las atribuciones de un embajador y no es ningún embajador. Entonces, estos que venían de la comunidad del apóstol Santiago, el menor, allá en Jerusalén, y que amaban y por lo visto tenían cierta nostalgia de su ley judía, entonces empezaron a predicar este mensaje, a predicarlo allá en Galacia. Y esto es lo que despierta el desconsuelo, la ira, la contradicción en San Pablo. Él dice: Pero si ustedes han conocido a Cristo, si ustedes han conocido de qué se trata el Evangelio. Qué importante ese celo de Pablo por la causa del Evangelio. Qué importante que nosotros también bebamos de ese celo para que no nos dejemos engañar, qué importante que nosotros, alimentados por ese mismo fuego, preservemos la verdad de la salvación.
A mí, por ejemplo, me da mucho dolor cuando la gente, después de estar unos meses o unos años en un grupo de oración católico, se van para un grupo protestante porque les parece que es lo mismo. Y yo digo: ¿Pero es que nunca conocieron lo que era la Eucaristía, cómo pueden mutilar el mensaje de Cristo así? Y lo mismo la gente que ha visto tantos tesoros de amor en su familia y en la infancia que han vivido y luego le dan la espalda a Cristo y siguen tranquilos y se desentienden de la fe. Así que este es un día para recuperar el celo, el celo por la causa de Dios. Este es un día para recuperar la importancia del amor divino en nuestras vidas. Vamos a creer en ese amor, vamos a defenderlo, vamos a propagarlo.

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