Esta es tu casa!

Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.

Amar la la Iglesia concreta, con sus defectos y con sus posiblidades.

Homilía o273001a, predicada en 20001011, con 19 min. y 3 seg.

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Transcripción:

Vamos a tomar para nuestra reflexión la primera lectura de hoy, la de la carta a los Gálatas. Está tomada del capítulo segundo de esta carta y es un retrato, podríamos decir bastante completo de aspectos de la vida, diríamos de la vida cotidiana de aquellos primeros creyentes. Hay una cantidad de cosas, una cantidad de datos que están metidos en estos versículos. Son los versículos 1, 2 y del 7 al 14. Es tanto lo que tiene esto aquí que yo creo que no voy a alcanzar a decirlo, eso tiene muchísimo contenido, es una descripción de la que podemos aprender mucho.

Resulta que Pablo se convierte en Damasco, había sido enviado desde Jerusalén por los sumos sacerdotes, y él, una vez convertido, según dice él mismo en esta carta a los Gálatas, sin pedirle permiso a nadie, empezó a predicar. Él se sintió autorizado por su experiencia de Cristo resucitado para dar testimonio de que este Cristo es el Mesías. Primer dato del día de hoy, subía a Jerusalén, ¿a qué va Pablo a Jerusalén? Ya tenía buenos frutos como predicador, como apóstol, ¿a qué va Jerusalén? Dice más adelante que les expuso el Evangelio que predica a los gentiles, aunque en privado a los más representativos, a los más importantes les habló de lo que él predicaba. Por si acaso, mis afanes de antes o de entonces eran vanos.

Eso es importantísimo, mejor dicho, esto es fundamental para entender lo que significa la unidad de la Iglesia. La unidad de la Iglesia no está en la elocuencia, ni en la inteligencia, ni en los milagros, ni en el que más trabaje. La unidad de la Iglesia requiere de la unidad con esos, los que en ese momento estaban ahí en Jerusalén, los más representativos, y luego los menciona, en otras ocasiones habla de Pedro, Santiago y Juan. Va allá, se encuentra con ellos y les dice: Yo estoy haciendo esto. ¿Es simplemente un informe? No, por si acaso mis afanes eran en vano. Este no es un simple informe, es ir, en cierto modo, a pedir una aprobación, a recibir una luz. Y esto está haciendo Pablo, que era quien era, es muy grande esa enseñanza. Es necesaria la comunión no solo con el Espíritu Santo, no solo con las grandes e ilustradas ideas, es necesaria la comunión con esos, con esos hombres, con esos testigos.

Yo creo que de ahí, de ahí podemos deducir eso que se menciona, por ejemplo, en las constituciones de nosotros los frailes predicadores, definitivamente la unidad está relacionada con la obediencia. No se puede conservar la unidad sin la obediencia. Es necesario ver que lo que yo predico, que lo que yo estoy haciendo, concuerda, encaja, empata, recibe aprobación. Y esto dice, tal vez, uno de los hombres más santos, más iluminados, más carismáticos, más espirituales de todos los tiempos. O sea que esto es fundamental, la relación con personas reales. Bueno, pero estamos demasiado derechistas en esta predicación. Dice el apóstol Pablo: «Subí por una revelación». Otro dato, ese dato también está muy importante ¿qué tal eso?

Decía Fray Timothy, el maestro de la Orden: Bueno, y si llegaran a nuestros conventos los santos, a pedir posada o a pedir que los admitiéramos, la orden hoy tiene cómo recibir a gente tan incómoda como Jerónimo Savonarola, que no es santo, pero, o no sabemos si lo sea, y mucha gente que sí lo cree, y yo me estoy como pasando a esa opinión, recibiríamos a un Savonarola. Cabe en la Orden Dominicana una Inés de Montepulciano con sus maneras de obrar, de actuar, con sus acciones proféticas, cabe o de pronto la sacamos. Cabe una Catalina de Siena o no, un padre predicando sobre Catalina de Siena, que ustedes saben que eso es como tocar la niña de los ojos aquí de este servidor, decía que no, que Catalina de Siena estaba probado que era histérica, histérico se iba poniendo era Fray Nelson, que tuvo que hacer un acto particular de fe en esa celebración eucarística. Démonos cuenta, démonos cuenta de eso.

Entonces, sí, muy bonito la institución y la obediencia y la jerarquía, y yo soy el superior, y el consejo dispuso, y el capítulo hizo, y por lo tanto nuestras leyes afirman. Muy bonito toda esa estructura, pero fíjese que esta es una Iglesia que es estructurada, que aparece estructurada, pero que también aparece abierta a las revelaciones, a lo inesperado. ¿Cómo conjugar esas dos cosas? Pues claro, no hay fórmulas absolutas, pero yo creo que los verdaderos santos han sido gente así. Santo Domingo no aparece riñendo con la jerarquía, pero tampoco aparece cerrado al paso del Espíritu, a lo extraordinario, a lo sobrenatural, si lo queremos llamar de esa manera. Por eso digo, este es el segundo dato: «Subí por una revelación. Subió a Jerusalén, Jerusalén que en ese momento era como el epicentro de lo institucional, subí al epicentro de lo institucional y subí por una revelación, como quien dice, por una manifestación que tiene poco de institucional y que tiene todo como de carismático.

Luego viene una cosa muy simpática y es que el mismo Pablo, con todo lo que lo queremos y lo admiramos, el mismo Pablo hace su diagnóstico de la situación, dice: «Vieron que Dios me ha encargado de anunciar el Evangelio a los gentiles como a Pedro, de anunciarlo a los judíos». Pues esa es la versión de Pablo, porque si uno mira los Hechos de los Apóstoles, uno ve que eso tampoco es tan completamente así. Efectivamente, el primero que anunció el Evangelio a los gentiles fue Pedro, en el capítulo décimo, cuando la cuestión aquella que eso fue también otra revelación que venía un gran tapete, un gran manto que traía una cantidad de animales y luego volvía y subía. Y bueno, toda la historia aquella que le llevó a Pedro a descubrir que el Señor no le pedía a los gentiles que guardaran las observancias judías, los no judíos no estaban obligados a eso, el primero fue Pedro.

O sea que este diagnóstico que hace Pablo, esta es la versión que da Pablo de los acontecimientos, pero el primero que predicó eso fue el apóstol Pedro. Y efectivamente, en el concilio llamado de Jerusalén, cuando se reúnen para discutir esta cuestión, Pedro toma la palabra y dice: «Vosotros mismos sabéis cómo, desde el primer momento, Dios me eligió para que por mi boca oyeran los gentiles el Evangelio». O sea que ese dato también es interesante. Esa distribución de que Pablo para los gentiles y Pedro para los judíos, esa es la versión que da San Pablo del asunto. Pero eso no es completamente cierto, porque ya vemos que Pedro, que aquí aparece en las palabras de Pablo, aparece como encargado de confirmar a los judíos convertidos al cristianismo, ese mismo Pedro aparece en los Hechos de los Apóstoles, encargado de confirmar a otros convertidos de lo que no era el judaísmo.

Por ejemplo, cuando va allá a imponer las manos a los que habían sido evangelizados por el diácono Felipe. Allá estuvo Pedro confirmando, llevó el crisma y les dio la confirmación a esos samaritanos. Ya habían sido convertidos, ya habían sido bautizados, no eran judíos, eran samaritanos y fue Pedro el que los confirmó en la fe. Esto para decir que la versión de Pablo no es una versión completa sobre el ministerio de Pedro. Pedro tenía, definitivamente, una misión de confirmar en la fe y así lo ejerció, no solo para los judíos como aquí se aparece, sino también para para los convertidos de fuera del judaísmo. Bueno, se pusieron de acuerdo en que Pablo y Bernabé seguían para los gentiles, y Pedro y los demás para los judíos.

Otro datico sigue ahí: «Una cosa nos pidieron, que nos acordáramos de sus pobres». Esto también es interesante, otro dato que nos sirve. La solidaridad atraviesa todos los aspectos de la vida humana, no es solamente comunión de oraciones. Bueno, oramos los unos por los otros, eso está bien, pero también que circulen los cheques, tiene que ir cediendo la solidaridad en todos los aspectos. Y así hizo Pablo efectivamente, reunió una cantidad de pólizas y CDTs de todo el Mediterráneo y las llevó a Jerusalén y les dijo: Bueno, esto es para los pobres. Esa es la famosa colecta de la que habla Pablo en su segunda Carta a los Corintios, sobre todo, esa es la famosa colecta. Y de esa colecta se habla mucho en el Nuevo Testamento. Él hizo una gran colecta, gracias a Dios no lo atracaron, no lo robaron, no le quitaron ese poco de plata y pudo llevar ese dinero a Jerusalén. Lo grave del caso fue que cuando llevó ese dinero a Jerusalén, entonces allá lo apresaron y vino un poco de tiempo preso, como cuenta al final de los Hechos de los Apóstoles.

Pero la enseñanza que quiero destacar es que esta es una Iglesia que tiene conciencia de que la comunión y la comunidad atraviesan todos los aspectos de la vida, se dan la mano, intercambian oraciones, se dan consejos, los unos le predican a los otros, pero también está la solidaridad, está la comunión en los pobres, en los pobres, así como se convierte, así como se comparte el tesoro de la Palabra, el tesoro de la Eucaristía, el tesoro de la oración, hay que compartir ese tesoro que son los pobres. Todas esas son presencias de Cristo. Cristo en la Palabra, Cristo en la Eucaristía, Cristo en la oración, Cristo en los pobres, hay que compartir a Cristo. Cristo es el bien que todos nosotros compartimos en la Iglesia y hay que compartirlo en sus diversas expresiones.

Y un último dato para no prolongarnos demasiado está ese momento en que tuvieron que corregir al Papa. Ahí hubo que decirle: Bueno, usted empezó a simular, usted empezó a simular. Pedro tal vez llevado por ese, por ese encargo de lo que hemos dicho, confirmar a todos en la fe, Pues ahí siempre existe el riesgo de que el poder se vuelva diplomacia. Ese riesgo existe, tratar de estar de acuerdo con todos, no pelear. Entonces a ustedes les digo que sí y a los otros también, que sí. Y si alguien alega, se le dice, pues tiene toda la razón. Y así todo el mundo está tranquilo, todo el mundo contento, cada uno en su sitio, nadie pelea con nadie.

Eso no sirve, eso no sirve, porque aquí puede aparecer un Pablo que diga: Bueno, si usted siendo santandereano, o siendo, aquí es judío, si usted siendo judío vive a lo gentil y no a lo judío, entonces ¿por qué quiere judaizar a los gentiles, por qué quiere llevarlos a eso? O sea que de ahí surgen otros datos. Mire, ya Cristo había muerto, había resucitado, el día de la resurrección sopló y les dio el Espíritu Santo. Se le había aparecido particularmente a Pedro, había rezado por Pedro. Ya antes le había dicho: «Yo he rezado por ti para que tu fe no desfallezca», qué no había hecho por Pedro. Luego les mandó el Espíritu Santo, luego le mandó un ángel que lo sacara, pero Pedro todavía no era perfecto. Eso quiere decir que nosotros tenemos chance también, porque nosotros hay un poco de cosas que no nos han hecho todavía, no nos han mandado el ángel que nos saque de los cuatro piquetes de soldados. Todavía hay cosas que no nos han hecho, o sea que hay chance. Dios da oportunidades.

Todavía aquí está Dios convirtiendo a Pedro, vea, este es el último dato que tenemos, aunque la tradición cuenta esa famosa anécdota del Quo Vadis. Cuando estuve en Roma yo dije, tengo que ir a ese lugar donde Pedro se arrepintió. Ustedes saben que Pedro vio que la cosa se estaba poniendo muy, muy cruel, estaba color hormiga en Roma. Entonces dijo: Yo más bien como que dejo la cosa tranquila y me voy saliendo. Y dice la anécdota que entonces se le apareció el Señor y Pedro con esa cara de buena persona le dice: Bueno, ¿y a dónde vas? Eso es lo que significa Quo Vadis, ¿no? ¿A dónde vas? Y le dice Cristo: a Roma a que me crucifiquen de nuevo. Y entonces Pedro, que ya iba lejos, entendió el mensaje, hasta el final Pedro estuvo convirtiéndose, claro que cada vez la embarraba menos. Fíjese, no era tampoco que quedara cierto, no era corcho en remolino que quedara en el mismo punto, cada vez la embarraba menos.

Yo creo que eso tiene que darle a uno cierta esperanza, cierta esperanza, cierto. Uno no debe ser conchudo, no debe ser conchudo, no debe aprovecharse de la misericordia de Dios, aprovecharse mal, pues, o no debe menospreciar o maltratar la misericordia de Dios, pero sí debe contar con ella. Fíjese, Dios le dio todas esas oportunidades a Pedro. Entonces yo dije, como yo tengo también algo de Pedro y he traicionado tanto al Señor, yo debo ir a ese sitio donde Pedro se arrepintió. Pero luego vi el mapa y vi que eso estaba muy cruel, porque estaba bastante lejos de donde yo me encontraba. De manera que yo hice acto profundo arrepentimiento en otras basílicas, pero no fui hasta ese sitio. Para qué les digo mentiras, hasta allá no fui. Pero sí me di cuenta de lo grande que es esto, hubo que corregir a Pedro, hubo que corregir a Pedro.

Ese dato es importante y Pedro, por lo visto, aceptó la corrección y entonces, ya luego se organizó de otra manera. O sea que también, por más que el superior tiene el encargo de confirmar en la fe y organizar tantas cosas, también hay que corregir. Si hay que corregir al Papa, pues creo que consiguientemente habrá que corregir también a otras personas, de pronto haya que corregir a un provincial, de pronto haya que corregir a un capellán, de pronto haya que corregir a una priora. Así que hay que corregir a una serie de personas, de pronto hay que hacerlo. Hay que hacerlo de una manera valiente, pero de una manera también humilde, abierta en el nombre del Señor, eso también hay que hacerlo. Es una cosa que hay que hacerla también ¿para qué? Para que nosotros no pensemos que nuestros superiores, a pesar de todo lo que los queremos, son perfectos, son ideales, no, también ellos tienen que seguir en su proceso de conversión, como se ve en este retrato del capítulo segundo de los Gálatas, eso es maravilloso.

Yo simplemente les puedo invitar a que vuelvan sobre él, vuelvan sobre ese texto, vuelvan sobre él, lean, descubran una Iglesia real con problemas reales, no idealicemos tanto a los primeros cristianos. Qué se oye por allá, los primeros cristianos. No, señor, hubo una cantidad de gente que no dio gran testimonio de Cristo. No pensemos que cuando se desataban esas persecuciones, todos iban al martirio. No, hubo una cantidad de gente que no, que, simplemente le daba miedo y que decía no, mejor que digan aquí corrió, que aquí murió. Y no, yo más bien me espero a la otra persecución. O sea que no todo el mundo, no todo el mundo era tan perfecto, no idealicemos esos tiempos. Desde el principio la Iglesia es profundamente humana, tiene sus miserias, tiene sus grandezas, tiene la presencia de Dios, Dios va obrando, va transformando, va santificando. Y también caemos y somos débiles y no nos entendemos, pero Dios saca adelante su obra.

Con esta Eucaristía con la que se edifica y alimenta a la Iglesia, pidamos al Señor que nos dé amor concreto a esa Iglesia, así como es concreta, tangible, la presencia de Cristo en la Hostia Santísima, así también que sea nuestro amor a la Iglesia, un amor concreto a las personas concretas, con sus defectos y con sus posibilidades.

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