Esta es tu casa!

Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.

En varias ocasiones el lenguaje de Jesucristo es una invitación a reconocer todo lo que Él puede darnos y que hasta ahora no hemos sabido ver.

Homilía o272006a, predicada en 20201006, con 14 min. y 6 seg.

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Transcripción:

Indudablemente resuenan las palabras de nuestro Señor Jesucristo, la parte mejor. Yo pienso que Cristo tenía una pedagogía tan preciosa. Recordemos ahora algunos pasajes en los que Él despierta el deseo espiritual en la gente. Yo creo que eso para uno de sacerdote y para todos los que estamos en la evangelización es muy importante, porque despertar el deseo, despertar las ganas, es preparar un corazón para que lleguen cosas maravillosas. Le voy a recordar unos pasajes. Todos los hemos oído varias veces.

El llamado del apóstol Bartolomé, que ya todos sabemos que se llamaba Natanael. Natanael el apellido era Bartolomé. Ya sabemos Bartolomé quiere decir el hijo de Tolomé de Ptolomeo. Natanael se encuentra con Cristo y Cristo le dice Antes de que Felipe te llamara, te vi debajo de la higuera. Pero antes de decir esas palabras, Cristo había dicho otras. Ahí tenéis a un israelita de verdad en quien no cabe el engaño. Y entonces Natanael le responde ¿De dónde me conoces? Y Cristo le dice: Cuando estabas bajo la higuera, te vi. Estar bajo la higuera ¿qué significa? La higuera es un árbol muy frondoso, muchas hojas, mucho follaje, y es un lugar ideal para ofrecer sombra. Y a la sombra de esos árboles solían sentarse los maestros de la ley. Entonces Jesús, en alguna de sus andanzas había visto seguramente, y algo tal vez había oído de la manera como Natanael enseñaba a otros, y había visto que su corazón era limpio, era bello, y por eso Cristo dijo Ahí tenéis a un israelita de verdad. Es de los pocos elogios que dice Cristo. Los elogios de Cristo en los Evangelios se cuentan con los dedos de una mano. Natanael le dice ¿de dónde me conoces? Cristo le dice: Cuando estabas bajo la higuera, te vi. Y Natanael responde: Tú eres el Mesías de Dios. Y Jesús le dice: Por haberte dicho que te he visto debajo de la higuera ¿crees? Has de ver cosas mayores. Esa es la frase que me interesa. Has de ver cosas mayores. Es decir, ¿qué quiere decir esa frase? Quiere decir que Cristo, pues si le recibe lo que dijo a Natanael, pero le está diciendo esto, se pone mejor, esto va para más, está despertando el deseo. Has de ver cosas mayores.

Segundo ejemplo le dice Cristo al centurión. No dejemos ese ejemplo del centurión para después. Miremos la manera como Cristo le habla a la samaritana. El ejemplo de la samaritana es mejor para este momento. Cristo le dice a la samaritana Dame de beber. La samaritana ya sabemos lo que le responde ¿Cómo tú, siendo judío, me pides de beber a mí, que soy samaritana? Jesús le dice: Si supieras quién es el que te pide de beber, le pedirías tú a él, y él te daría agua viva. Fíjate lo que le dice Jesús. Si supieras, eso es como diciéndole, te lo estás perdiendo. A mí me gusta cuando oigo a Jesús hablar así, porque yo pienso que Jesús nos está hablando al corazón a nosotros y nos está diciendo Date cuenta de lo que te estás perdiendo. Mira lo que te estás perdiendo.

Estos días que estamos en la Semana Teresiana por los cincuenta años del doctorado de la Declaración de Doctora de la Iglesia de Santa Teresa de Jesús. Pues comentábamos sobre la conversión de ella y cómo la conversión de ella fue darse cuenta de todo lo que se estaba perdiendo. Ella se dio cuenta que se estaba perdiendo de lo mejor del amor de Cristo. Entonces fíjate lo que le dice a la samaritana, mira esa maravilla que le dice, si supieras quién es el que te pide beber. Y más adelante, en el diálogo, le suelta otra frase que también es así parecida, le dice Si conocieras el don de Dios. Yo creo que cualquiera que oye esa frase dice caramba y entonces no conozco el don de Dios. Y se supone que esa mujer pues tenía sus situaciones particulares, pero ella era creyente, ella creía en Dios. Y Cristo le dice si conocieras el don de Dios. Te lo estás perdiendo. Ahí se refería al Espíritu Santo.

A los apóstoles también les dice Vayan a orar. Los mandó a retiro espiritual el día de la Ascensión, a ver, a orar, vayan a orar. Es lo que han de hacer. Los mandó a orar y les dijo: Esperen la promesa del Padre, la promesa del Padre, qué será, cómo será la promesa del Padre. Y se pusieron a orar junto con María Santísima y otras mujeres se pusieron a orar. Eso es hermoso. Al centurión le dice: En Israel no he encontrado tanta fe. Pero se supone que el centurión era pagano, pero ya había puesto fe en Cristo. Entonces Cristo dice No he conocido tanta fe. Como quien dice usted mismo no sabe la fe que tiene, hermano, usted mismo no sabe las posibilidades que tiene. Y yo creo que es muy importante que hoy nos hagamos esta pregunta de qué me estoy perdiendo y de cómo se pierde uno de las cosas. Mire, uno se pierde de las cosas por egoísta, por mentiroso, por el pecado. Si nosotros mantenemos dolor, o mantenemos resentimiento, o mantenemos nuestra pereza o nuestra lujuria, lo que sea. Por estar abrazando nuestros ídolos, nos estamos perdiendo el abrazo de Dios. ¿De qué me estoy perdiendo? Ese es el título de esta homilía. ¿De qué me estoy perdiendo?

Fíjate que aquí, en este Evangelio de hoy, ahora llegamos al Evangelio de San Lucas, Capítulo Diez. Me parece que es correcto. Dice el Señor a Marta, tu hermana escogió la mejor parte, la parte mejor. Invitando a Marta, no a que pelee con su hermana. Espero que no haya salido una pelea de esas palabras de Cristo. Pero invitando a su amiga Marta a que aprenda de María. Ella escogió la parte mejor. Hay un detalle que hemos comentado en otra homilía. Eso fue también este año, me parece. Y es que el caso de Marta es importante porque es uno de los ejemplos que nos da San Lucas de la independencia de varias mujeres. A veces hay la idea de que en la Biblia todas las mujeres eran como dependientes. Dependientes del papá o dependientes del esposo. Pero si te das cuenta, en esta familia estaban Marta, María y Lázaro. Lázaro era el varón de esos tres hermanos. No se habla de los papás de ellos. Seguramente habían fallecido. Y mira como dice el texto, entró Jesús en una aldea, una mujer llamada Marta lo recibió en su casa. La dueña de casa era Marta. Y Lucas nos dice en otro pasaje que acompañaban a Jesús varias mujeres, entre ellas María Magdalena. Otra llamada Susana, mujer de un cierto administrador llamado Cuza. Había otras mujeres que estaban en el grupo de los discípulos, pero Lucas nos da este pequeño detalle. Mujeres que ayudaban a Jesús con sus bienes. Ellas no estaban simplemente acompañando o simplemente entusiasmadas, que tenían que estarlo por la elocuencia, la santidad, la pureza, todo lo que tiene Cristo. No, ellas estaban colaborando con sus bienes y por lo menos en el Evangelio de Lucas no se habla de ningún hombre que ayudara con sus bienes. Es un dato curioso que ahí le dejo. Bueno, pero volvemos a Marta. Marta entonces era una mujer que tenía independencia y ella realmente era como la dueña de casa y era la que mandaba en esa casa, entre esos hermanos. Pues tú que eres la importante de esta familia, ten presente que tú también tienes algo que aprender. Tienes todo, tienes la casa y administras la casa y manejas la casa. Muy bueno. Muy bueno todo. Bonita tu casa. Le quedaron muy bien sus astromelias todo maravilloso. Pero usted tiene algo que aprender, la parte mejor.

Y bueno, ya voy terminando porque es que esta homilía tiene que acabar en punta. Si no estaría contradiciéndome. La homilía tiene que terminar en que usted se pregunte ¿De qué me estoy perdiendo? Y si ya encontré la parte mejor. O no será que por amarrarme a mi egoísmo o a mi resentimiento, o a mi impureza, o a mi pereza, o a mi mentira. ¿No será que por amarrarme a eso me estoy perdiendo la parte mejor? María encontró la parte mejor que es siempre junto a Jesús, que es siempre recibiendo su palabra. Degustándola, saboreándola. No te olvides que el don de sabiduría de los siete dones del Espíritu Santo tiene que ver con el saber y tiene que ver con el sabor. Tiene que ver con el sapere, pero también tiene que ver con el sapor que es el sabor. Entonces, la parte mejor. Ahí te dejo esa pista que la tienen que oír también mis oídos y mi corazón. La parte mejor es aprender a saborear la palabra, a guardarla en el corazón. Qué hermoso cuando un niño, cuando una niña, qué hermoso cuando desde temprana edad a saborear.

Hablando de niñas, me estoy acordando de Esther. Acuérdese que hay tres libros en la Biblia que tienen nombre de mujer Judit, Esther y Rut. En el libro de Ester se cuenta cómo Ester, esta mujer llamada Ester. Está en una situación dificilísima donde puede resultar muerta. Y en medio de ese trance que no se lo voy a contar, porque para eso usted tiene su Biblia. En medio de ese trance, Ester se pone a orar y en la oración ella dice desde niña conocí tu palabra, la parte mejor, la parte mejor. Y es muy curioso o muy importante recordar que para los judíos el aprender a leer no era obligación. Algunos dicen que en la época de Jesús, por ahí un diez por ciento de la gente sabía leer y escribir. Entonces, cuando Ester dice que ella conoce la Palabra de Dios, ella ¿cómo la conocía? Ella la conocía oyendo y memorizando. Oyendo y memorizando, guardando en el tesoro de su memoria la parte mejor. Ellos tenían la palabra. Nosotros tenemos no solo la palabra, sino la presencia real de Cristo en la Eucaristía. Y ahí terminó. ¿Conoces la parte mejor? ¿La estás buscando con ardor? ¿Saboreas lo que Dios te da? o ¿Por estar amarrado por ahí, a cualquier ídolo o a cualquier trampa del demonio, te estás perdiendo los mejores tesoros? Creo que son inquietudes muy válidas y es necesario que sigamos esta Celebración, pero con ese deseo renovado, el deseo renovado de decirle sí al Señor y recibir la parte mejor.

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