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Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.
La Iglesia necesita verdaderos contemplativos.
Homilía o272001a, predicada en 19961008, con 3 min. y 50 seg. 
Transcripción:
A veces le parece a uno que la santidad es como una especie de artículo de lujo, porque están tan ocupadas las personas tratando de sobrevivir, tratando de conseguir el pan de cada día, tratando de responder a las necesidades urgentes que olvidan responder a las necesidades importantes. No soy yo el primero que hace esta distinción entre lo urgente y lo importante. Ni soy el primero en denunciar que hoy se confunden muy a menudo. No solo se confunden en el mundo o fuera de la Iglesia. En la iglesia misma se confunden. Ocupados en las cosas del Señor, se nos llega a olvidar el Señor de las cosas. Estamos tan procupados haciendo cosas por Dios que se nos puede olvidar el Dios por el que hacemos las cosas. Y sin embargo, esta preocupación gratuita por Dios se convierte como en un maravilloso espejo, como en un fruto espléndido de su gratuita preocupación por nosotros. Que nosotros nos ocupemos gratuitamente de Dios, que descansemos en Él. Se convierte así como en un fruto excelente de ese gratuito ocuparse de Él por nosotros. Cuando nosotros cultivamos los dones de contemplación, cuando aspiramos a la escucha sabrosa de la Palabra de Dios, no solo estamos ofreciendo a nuestra vida lo que más necesita, sino estamos también manifestando cuál es la gracia que nos ha hecho cristianos y estamos también sirviendo de modo especial, de modo singular, a la Iglesia. Porque aquí pasa como en un edificio, lo que menos se ve es el sótano y sin embargo son los sótanos del edificio los que sostienen el resto de la construcción. Así pasa con el afán contemplativo, así pasa con el ardor enamorado que busca a Cristo sobre todas las cosas, que busca escucharle, adorarle, contemplarle. Si ese celo, si ese anhelo, si esa sed no está en la Iglesia, quiere decir que el anhelo último no va a ser el anhelo contemplativo, sino va a ser algún interés de alguien. Y una Iglesia que sirve por intereses de alguien, quien quiera que sea, tarde o temprano paga ese descuido porque caerá sobre ella aquella palabra de Pablo: Todos buscan sus intereses personales, no los de Cristo Jesús. Por eso te suplicamos Cristo renueva en nosotros el ardor en la escucha de tu Palabra. Regala a tu Iglesia una generación de verdaderos contemplativos, gente que refleje en su modo de orar y amar algo de la gratuidad con la que tú has querido ocuparte de nosotros.

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