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Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.
Siempre tendremos explicaciones para amar poco a Jesús ¿Cuáles son los riesgos que no hemos querido tomar? Cristo quiere que nuestro amor hacia Él sea resuelto porque Él fue el primero en vivirlo.
Homilía o271008a, predicada en 20221003, con 6 min. y 33 seg. 
Transcripción:
Hoy queremos recordar una enseñanza básica básica sobre el amor. El amor en general, pero muy en particular el amor cristiano. Y esa enseñanza es que amar implica arriesgar. Amar implica arriesgar. No hay remedio. Miremos cómo sucede esto en el plano puramente, llamémoslo natural. ¿Cómo sucede esto? Sucede de la siguiente manera. Amar implica arriesgar.
Pensemos, por ejemplo, en un chico y una chica. Se conocieron, son amigos. Él piensa, parece que le caigo bien. Ella piensa, parece que le caigo bien, parece que le gusto. Están en ese momento en el que comparten, en el que conversan mucho, en el que claramente les gusta estar juntos. Pero él y seguramente ella, quieren algo más. Lo que tradicionalmente decimos pasar de ser amigos a ser algo más. ¿Y qué puede ser algo más? Pues hoy toca pasar un riesgo. Entonces, un día este hombre asume el riesgo y entonces la invita a tomar algo y va llevando la conversación. Seguramente ella ya sabe para dónde van las cosas y en un momento dado pues le abre su corazón y le dice yo tengo sentimientos hacia ti. Eres importante, eres única en mi vida. Bueno, no sé, las palabras que seguramente él le va a decir a ella. Él está tomando un riesgo. Está tomando el riesgo porque quiere dar un paso más. ¿Y cuál es el riesgo que está tomando? pues simple y sencillamente que ella puede decir no. Ella puede decir como estamos, estamos bien y realmente no me interesa. Lo dirá suavemente, dulcemente, caritativamente, pero lo dirá, y lo que va a decir es no, y ese no, le va a doler muchísimo a él, y ese no, va a ser terrible para él, pero él tomó ese riesgo.
Otro ejemplo también del plano natural, los papás con los hijos. Cuando ese papá está dedicándole tanto tiempo a ese hijo, jugando con él, buscando cuál es el mejor colegio al que puede llevarlo. De hecho, incluso económicamente, invirtiendo muchísimo pero muchísimo en él. Pero no es lo más importante. Cuando ese papá está tomando todos esos gastos y todos esos esfuerzos, tiene la certeza de que ese hijo va a aprovechar esos esfuerzos, los va a agradecer. Certeza, certeza. Certeza completa. Certeza infinita no tiene. Está tomando un riesgo. Y es importante descubrir que el amor supone siempre ese riesgo.
Y yo creo que el más expuesto de todos, el que ha tomado los mayores riesgos, es precisamente Cristo. Cuando nosotros vemos a Cristo tan completamente devastado por la terrible pasión que cayó sobre Él, todos esos dolores, azotes, espinas, insultos, escupitajos, ¿tenía Cristo la absoluta garantía de nuestra respuesta, de nuestro sí, de nuestra gratitud? Y no digo solo en pasado. Digo también en presente. Ese Cristo que está vivo en nuestro Sagrario, ese Cristo que está vivo en el altar, ese Cristo que se presenta bajo el aspecto humildísimo del pan y del vino. ¿Tiene Él la garantía de nuestro sí?
Por eso me gusta tanto la expresión que usamos en la Iglesia Católica. Cristo está expuesto en el Santísimo Sacramento. Desde esta perspectiva entendemos lo que nos cuenta el Evangelio de hoy, la muy conocida, la muy hermosa parábola del buen samaritano. Siempre tendremos explicaciones para amar poco, para amar menos. Y nuestras explicaciones siempre van a gravitar, van a orbitar en torno a yo tengo que cuidarme, yo tengo que cuidar lo mío. Los argumentos, seguramente de ese sacerdote y de ese levita que pasaron pero que siguieron de largo, son argumentos de esa clase. Yo no voy a correr ese riesgo. Tengo otras cosas que hacer. Pobre hombre, pobrecillo hombre. Pero yo sigo en lo mío. Amar implica tomar un riesgo. No es un riesgo loco. No es un riesgo tonto. No es un riesgo irresponsable, pero es un riesgo.
Te invito a que terminemos esta reflexión preguntándonos delante de Dios ¿Cuáles son los riesgos que no hemos querido tomar? Hagámonos esa pregunta. Que sí podríamos tomar. Porque, repito, no se trata de hacer locuras ni tonterías. ¿Cuáles son los riesgos que sí podríamos tomar? pero que no hemos tomado por cobardes, por egoístas, por cómodos, porque nos resulta más fácil encontrar una excusa que encontrar un camino para servir. Dios quiere otra cosa. Dios quiere de nosotros un amor audaz, y ese amor nos lo da Él mismo, porque Él fue el primero en vivirlo. Que la gloria sea para Él.

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