Esta es tu casa!

Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.

La misericordia implica la capacidad de salir de nuestras seguridades, comodidades, prejuicios y agendas apretadas, para empezar a amar y a servir de verdad.

Homilía o271007a, predicada en 20201005, con 17 min. y 17 seg.

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Transcripción:

Mis hermanos queridos, esta parábola absolutamente inmortal, que además le da título a un mensaje reciente de la Curia Vaticana. Bonus samaritanos El buen Samaritano. Ese documento. Este es un pequeño paréntesis. Se refiere precisamente a eso, ser buenos samaritanos con las personas que más sufren, es decir, las personas agonizantes. Porque el mundo no quiere ser buen samaritano, sino quiere ser una especie de asesino caritativo. Eso se llama la eutanasia. Entonces, claro, no puedo leer este texto sin acordarme de ese documento que sacó la Congregación para la Doctrina de la Fe, documento que se llama Bonus Samaritanos, el Buen Samaritano. Pero vamos al texto del Evangelio y nos encontramos que lo que sucedió en aquel lugar. En lo que cuenta esa parábola se puede describir bastante bien con esa expresión que le gusta tanto al Papa Francisco. Iglesia en salida. Salir de nosotros mismos, salir de nuestras seguridades, de nuestras comodidades, de nuestros prejuicios.

Veamos cómo en esta parábola aparece tres veces ese salir de nosotros. Volvamos al texto y démonos cuenta cómo la verdadera práctica del amor siempre implica salir de nosotros. En primer lugar, el sitio donde sucedió ese atraco. Porque se trata de eso, atracaron a una persona. Es un sitio peligroso. Seguramente aquellos que evitaron al enfermo estaban también evitando el peligro. Querían estar seguros. Es decir, evitar todo posible riesgo. Y si uno puede evitar todo posible riesgo evitando meterse con gente peligrosa, evitando la simple posibilidad de que lo ataquen a uno. Este es un tema difícil porque no todos los riesgos se pueden tomar. Pero si uno intenta quitar todo riesgo de su vida, seguramente está perdiendo también la vida. Hemos conocido el caso de varias personas, por ejemplo, que se encierran tanto físicamente incluso, pero sobre todo emocionalmente. Se cierran tanto como quien dice, para evitar que nadie, nadie, nadie me vaya a herir, a fastidiar, a interrumpir. Entonces hacen un muro alrededor suyo, un muro emocional. También un muro físico en algunos casos, y a medida que esos muros se van levantando, lo que parecía que iba a ser un palacio de seguridad se convierte en una cárcel de seguridad.

A veces estamos tan seguros que estamos prisioneros. A veces estamos tan seguros que estamos muertos en vida como el que está en una tumba. Entonces la salida implica siempre el tomar un riesgo. Vamos a dar dos o tres ejemplos de esos riesgos. Pensemos en el caso de una persona que ha recibido una ofensa y esa persona tiene gran dificultad para perdonar. Muchas veces la gran dificultad para perdonar es me van a tomar por un tonto, Van a creer que yo no me di cuenta. Me la van a repetir después. Fíjate que perdonar va en la línea de tomar ese riesgo, porque perdonar implica de alguna manera perdonar implica tomar el riesgo de que de que se aprovechen de mí, de que me crean tonto, de que crean que no me di cuenta, que lo repitan después conmigo. Entonces ese es un ejemplo de un riesgo que uno no quiere tomar. Ejemplo totalmente diferente.

Una amiga que vive en Francia me comentaba sobre la situación académica en ese país. Pero no es solo en ese sitio, es en muchos otros. Resulta que el método académico, el criterio académico de educación superior en muchos lugares de Francia, si no en todos, es que para subir tu puntaje como profesor cotizarte mejor y eventualmente ganar más dinero, tú tienes que acreditar que estás más preparado y para acreditar que estás más preparado. Eso lo miden básicamente en términos de los escritos que tú publicas, los famosos papers. Entonces, si tú eres un profesor que tiene poquitos papers, pues quiere decir que tú no subes mucho tu puntaje. Si tú eres un profesor que ha publicado muchos papers, ojalá en revistas indexadas internacionales con grandes calificaciones ellas mismas. Entonces empieza a subir tu sueldo. Y me comentaba esta amiga colombiana, me decía ella que también es docente en ese país, me decía es una desgracia para los estudiantes porque ningún profesor quiere atender a los alumnos, porque resulta que perder tiempo con los alumnos significa que yo no mejoro mi puntaje. Si yo estoy metido todo el tiempo en mi computador, citando otros documentos y logrando que sean aprobados ciertos artículos, mi sueldo sube, mi puntaje sube. Pero si yo empiezo a sentarme toda una tarde a hablar con un estudiante y a ver qué es lo que no entendió y a ver cuál es su campo de investigación. Gasté toda la tarde y no gané ningún puntaje. Entonces, repito, esto no pasa solo en Francia, pero el ejemplo que conocí tengo documentado es el de Francia. Entonces, qué pasa, que los profesores no quieren, entre comillas, perder tiempo con nadie. Ellos quieren solamente mejorar su rating, mejorar su calificación o como se llama en otros lugares, mejorar su escalafón.

Servir siempre incluye perder algo, siempre incluye tomar un riesgo, porque date cuenta que si un profesor dice: caramba, yo soy en primer lugar docente, yo puedo atender a la gente. Está corriendo un riesgo, cierto. ¿Cuál es el riesgo que está corriendo? Que su puntaje no va a subir de la misma manera y por consiguiente no va a tener las mismas ventajas económicas de otros. Servir siempre tiene un riesgo. Y el último ejemplo que quiero dar es el de un famoso presentador y actor británico. Mejor no decimos su nombre, que tiene una novia. Más bien debo decir una amante hace bastante tiempo. Y entonces en una entrevista que le hicieron esto, lo he comentado otras veces, le preguntaban Bueno, ¿y de matrimonio qué? Digamos que la entrevista daba para hacer esa clase de pregunta en ese tono. Bueno, ¿mi matrimonio qué? Y entonces dice él, muy tomado de la mano de su novia, amante, muy tomado de la mano, dice: No, nosotros no pensamos casarnos. ¿Qué vamos a ganar con casarnos? Criar hijos es algo que toma veinte años o más. Yo no tengo veinte años para perder. Así, así, tal cual. No tengo veinte años para perder.

Efectivamente, una mujer que quiera criar está tomando. Está asumiendo un riesgo tremendo porque una gran parte de su inteligencia, de su tiempo, de sus fuerzas, de sus talentos, se va a ir en tratar unos diminutos seres humanos que a veces son problemáticos, son gritones, son cansones. Claro que quienes describen las cosas de ese modo nunca hablan de las inmensas satisfacciones que también tienen los papás. Las inmensas satisfacciones que tienen los profesores, los maestros. Lo que te quiero decir es que servir siempre es un riesgo, porque lo más cómodo es meterse uno únicamente en su mundo y tener todo controlado y levantar cada vez más y más la muralla. Y te repito, antes de que te des cuenta, lo que parecía un paraíso de ventaja se convierte en una tumba de tus sueños. Hay otro riesgo que se toma aquí y que también lo tomo yo de las predicaciones del Papa Francisco.

Ese otro riesgo que se corre es el terrible riesgo. Terrible, lo digo ya entre comillas, el terrible riesgo de que me dañen la agenda. Efectivamente, el prójimo siempre será un entrometido en mi vida. Entonces, como ha dicho varias veces el Papa, resulta que cuando uno quiere servir ya el tiempo de uno no es solamente de uno. Entonces mi agenda se va a interrumpir mis presupuestos se van a interrumpir. Yo te quiero hacer una pregunta. ¿Tiene permiso el pobre para interrumpir tu presupuesto? ¿Le has dado permiso? Hace poco estaba instalando algo de software en uno de mis aparatos. Hoy está uno con tantos aparatos. Esta transmisión se hace con una tableta y se graba con un celular. Y bueno, hay una cantidad de cosas. Estaba instalando y me llamó la atención la cantidad de autorizaciones que le piden a uno. Permite esto y permite esto. ¿Leyó las condiciones de servicio? ¿Está seguro de lo que está haciendo? ¿No se arrepentirá después, pero seguro? No ¿Seguro? Sí. ¿Sí o no? ¿Diga? Y uno, finalmente, ya con miedo, dice Sí, sí, instale. A ver, instale. Eso será porque. Qué más hace uno si no le da permiso, no lo puede instalar. ¿Por qué hago esta comparación? Porque a mí me parece que hay una aplicación que se llama Misericordia. Es una aplicación que no está en la Play Store. Es una aplicación que no es de iPhone ni de iOS ni de Android.

Es una aplicación que está en el corazón de Cristo y la misericordia pide permisos para instalarse cuando la aplicación la app doble p por favor, que suene la doble p, la app cuando la aplicación se va a instalar en tu corazón, la aplicación llamada Misericordia empieza a pedir permisos. ¿Me permite meterme con su calendario? ¿Me permite meterme con su presupuesto? ¿Puedo afectar sus depósitos de memoria? Eso es lo que está diciéndote la misericordia. Y si la misericordia no te ha pedido esos permisos, es que nunca la instalaste. O probablemente te pidió, pero tú le dijiste: No acepto, no acepto, No acepto. Y si le dijiste No aceptó, tampoco se instaló. Hoy Cristo nos está invitando a que instalemos la App de la Misericordia. Hay que instalar la misericordia, pero la misericordia te va a alterar calendarios, te va a alterar presupuestos, te va a alterar depósitos de memoria, te va a alterar tus fotos y videos. Porque claro, cuando uno entra de lleno en el tema de la misericordia, yo me considero un principiante o menos, pero estoy en esas. Créeme que estoy en esas. Cuando uno entra en el mundo de la misericordia, uno se da cuenta que las fotos y vídeos cambian, porque es que según el mundo ¿para qué son las fotos y videos? Casi todas son con un propósito egoísta y narcisista. Eso está estudiado por los psicólogos. Eso no lo digo yo. Los psicólogos dicen que incluso hay un problema en el excesivo uso de los dispositivos móviles porque se presentan desbalances afectivos muy serios. Si tú, por ejemplo, haces toda una sesión de fotos donde según tú eres el bonito. Les presento el bonito. Pero resulta que la gente no le da el número de likes que tú creías. Eso crea desbalances afectivos y bueno, hay muchos otros problemas, pero ese no es el tema de hoy.

El tema de hoy es instalar la app de la Misericordia y para eso tienes que darle los permisos. Y si eso no está sucediendo, si tú no sientes que te interrumpe en tu horario, si tú no sientes que te interrumpe en tu presupuesto tu memoria. Y dije fotos y videos, ¿para qué publico yo fotos? ¿para qué publico videos? Uno tiene que preguntarse eso realmente ¿Cuál es el bien que esto está creando? ¿En quiénes? Si eso no te importa, quiere decir que la app nunca se instaló en tu corazón. Entonces Iglesia en salida hermano, hay que salir de esa comodidad, hay que salir de esas murallas, hay que salir de esa situación. Y lo último que quiero mencionar con respecto a esta situación es el tema de lo que sucede al final de esta parábola. Este hombre estaba caído, caído. ¿Qué quiere decir eso? Pues que no podía moverse. Estaba mal herido.

Entonces, ¿cómo lo tuvo que llevar a la posada? ¿Cómo fue ese movimiento? Pues vamos a ver si el texto nos dice algo. Dice aquí: montándolo en su propia cabalgadura lo llevó a una posada. O sea que hay un momento en el que no es solo mi tiempo, no es solo mi dinero. Hay un momento en el que hay que cargar a la persona. Hay un momento. Ahora no lo tuvo cargado todo el tiempo. No. Porque también hay unos niños mimados que toca tenerlos cargados todo el tiempo. Y eso tampoco es. Pero hay momentos en que sí hay que cargar a la persona. Y lo que te quiero decir es que hay momentos en que la persona no sabrá y no podrá hacer nada por sí misma. Ese es el momento para cargar a la persona y a eso es a lo que nos invita aquel documento que mencioné antes de la Congregación para la Doctrina de la Fe, es decir, de la Curia vaticana. Ese documento habla precisamente del enfermo terminal, y lo que dice es eso. Lo que dice es que muchas veces no va a poder hacer nada. Esa persona que depende, por ejemplo, de tantos recursos médicos, incluso costosos. Entonces la pregunta es ¿la sociedad está dispuesta a darle a ese que no puede levantarse, que no puede hacer nada por sí mismo? Me llamó la atención la declaración de un obispo español con este tema de la eutanasia, que está candente en España. Decía este obispo buen hombre me pareció en muchas cosas. Y también en estas declaraciones, dice este obispo. El fondo del problema de la eutanasia es que queremos eliminar a los que no son productivos. Es decir, el que no me reporta, el que no produce utilidad a ese nada, nada. Entonces, ¿qué es esto de cargar? Esto de cargar es salir de la lógica de la transacción, esa lógica de que yo doy cuando estoy esperando recibir y es empezar a entrar en la lógica de la gratuidad.

Y lógica de la gratuidad, es que yo tengo ocasión de dar sin recibir una cosa que me llama la atención de esta parábola y con esto termino, es una parábola infinita. Uno podría ver tantos y tantos detalles, pero quiero destacarte un detalle si tú observas en esta parábola, no aparece una sola palabra del hombre que fue herido, Ni una sola palabra. Y quiero destacar, no dice por ningún lado. Y cuando el hombre estaba tendido en su cama en la posada, le dijo al que lo había recogido: Gracias. No aparece ni siquiera la palabra gracias, ni siquiera esa palabra aparece. Es decir, que el amor tiene que tener esa característica, debe tener esa característica de llegar incluso sin la mínima retribución, que es un reconocimiento y un gracias. A eso nos llama el Señor, a que rompamos barreras de prejuicio, a que rompamos barreras de seguridad falsa, a que rompamos barreras de comodidad y a que rompamos barreras de la lógica de la transacción. Dios, el Señor, venga con su amor, venga con su poder y haga su obra en nosotros, porque solo Él podrá darnos un corazón diferente, un corazón que empiece a amar como ha sido amado.

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