Esta es tu casa!

Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.

Si quieres simplemente agradar a los hombres ya no serás discípulo de Cristo, escoge el camino de fidelidad a Él. El Evangelio te lo dio Dios y ante Él tienes que responder.

Homilía o271005a, predicada en 20181008, con 6 min. y 59 seg.

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Transcripción:

Hay dos enseñanzas muy importantes que nos deja San Pablo en la primera lectura de hoy, tomada de la Carta a los Gálatas en el Capítulo Primero. La primera enseñanza es aquello de que el Evangelio viene de Dios, aunque la predicación yo la escuche de los hombres. El Evangelio viene de Dios. Y la segunda es si yo quisiera agradar a los hombres, ya no sería discípulo de Cristo. Nos vamos a dar cuenta de que hay una relación muy profunda entre estas dos afirmaciones. La primera, que el Evangelio viene de Dios y la segunda, que si yo quisiera agradar a los hombres, ya no sería discípulo de Cristo. Digo que hay una relación, porque si el Evangelio me lo ha dado Dios, ante Dios debo responder por lo que yo haga con el Evangelio. Si el Evangelio fuera simplemente un asunto humano, si fuera simplemente una teoría de hombres, entonces tal vez yo podría negociar con ellos, tratar de quedar bien con ellos. Pero si el Evangelio es de Dios, ante Dios, debo responder de lo que yo haga con el Evangelio. Y lo que yo hago con el Evangelio está en primer lugar en mi manera de vivir. Pero está en segundo lugar para quienes tenemos el ministerio de la predicación. Está también en mi manera de hablar. Por supuesto que la manera de vivir es lo primero. Una vida escandalosa, una vida en pecado, una vida incoherente. Por supuesto que vuelve al Evangelio una burla en medio de las naciones. Eso está perfectamente claro. Totalmente claro. Pero hay que cuidar también las palabras, porque a veces el miedo se adueña de nosotros y a veces vamos exactamente en la dirección opuesta a la que tomó San Pablo. Porque San Pablo dice que si yo quisiera agradar a los hombres, ya no sería discípulo de Cristo. Y parece que muchas veces el deseo de agradar a los hombres toma la delantera.

¿Cómo se expresa eso en nuestro tiempo? ¿Qué significa eso de agradar a los hombres hoy? Tal vez la manera más fácil de descubrirlo es seguir la estrategia pedagógica que nos ha enseñado Santa Catalina de Siena. Muchas veces la mejor manera de entender un concepto es compararlo con el concepto opuesto. Así, por ejemplo, cuando yo quiero entender por qué es importante un mundo justo, me ayuda mucho ver el daño que causa la injusticia. Utilicemos entonces esa estrategia pedagógica de Santa Catalina en este caso. ¿Qué es eso de agradar a los hombres? Pues lo vamos a entender si vemos el contrario, ¿Qué es lo de desagradar? ¿Qué es lo que desagrada a las personas? A las personas les desagrada usualmente que nosotros les llevemos la contraria. Que una persona tome una ruta y que yo le diga mira, no estoy de acuerdo con lo que estás haciendo. Sobre todo en nuestro tiempo, suele entenderse la amistad como una especie de acuerdo sin límites. Si eres mi amigo, tienes que estar de acuerdo conmigo. Si eres mi amiga, tienes que probar lo que yo hago. Si eres mi amigo, tú no me puedes desagradar y yo no te puedo desagradar. Vivimos en una época, y lo he dicho varias veces, en la que la amistad se suele entender más bien como complicidad. Entonces, desagradar es romper ese pacto, esa complicidad, esa especie de acuerdo sin límite con la otra persona. Parece que las palabras más difíciles de decir fueran yo si soy tu amigo, pero no estoy de acuerdo contigo. Yo si soy tu amigo pero lo que estás haciendo no está bien. Yo si soy tu amigo, yo sí te quiero pero esa no es la ruta. Esas palabras son extraordinariamente difíciles de decir en nuestro tiempo.

Y por no decir esas palabras, muchas personas se callan. Entonces se calla aquella mamá que sabe que su hija está utilizando anticonceptivos para no tener un problema con la hija. Se calla ese párroco que sabe que en su asamblea hay muchas personas que probablemente llevan una vida muy egoísta, están centrados únicamente en su riqueza y están pagando salarios de hambre, y ellos son muy ricos y le dan regalos muy costosos al sacerdote. Pero el sacerdote ha ido conociendo las conciencias de esa feligresía y se da cuenta que son explotadores. Ha entrado en las casas de esos amigos ricos y ha visto cómo maltratan al personal de servicio y sin embargo se queda callado porque no quiere desagradar. Desagradar es lo que también tendría que hacer aquella amiga que le escucha una confidencia a otra amiga y ésta le dice mira, estoy saliendo con fulanito de tal y el tal fulanito es casado, está hablándole de un adulterio, pero ésta no quiere desagradar.

Y lo que nos está diciendo San Pablo es si el Evangelio te lo dio Dios, ante Dios tienes que responder por ese Evangelio. Por supuesto, eso supone que tal vez nos van a mirar mal, que tal vez nos van a criticar, que no van a estar de acuerdo con nosotros. Eso va a suceder. Pero aunque suceda eso, aunque eso pase, el camino es ser fieles al Señor. Eso es lo que nos muestra San Pablo. Y quiero terminar recordando aquellas palabras de San Juan Pablo Segundo. Inauguró su pontificado allá en el año Mil novecientos setenta y ocho diciendo: No tengas miedo. Porque es el miedo el que finalmente nos impide desagradar. Pero ¿a quién quieres agradar y a quién quieres desagradar o a quién no quieres desagradar? Porque tal vez no quieres desagradar a los hombres y terminas desagradando a Dios. Piénsalo bien. Ora, descubre el poder del Evangelio, es para ti y es para mí.

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