Esta es tu casa!

Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.

Se puede estar cerca para dañar, para omitir o para hacer el bien. Cuidado.

Homilía o271002a, predicada en 20121008, con 4 min. y 23 seg.

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Transcripción:

¿Quién es mi prójimo? Esta es la pregunta que llena el Evangelio del día de hoy. Una pregunta que debería llenar también nuestro corazón. Si recordamos que Cristo dijo: El mandamiento más importante es amar a Dios sobre todas las cosas. Y hay uno que es igualmente importante amar al prójimo como a sí mismo. Precisamente porque Cristo estaba enseñando estas cosas, un escriba, es decir, un estudioso de la ley judía, se atrevió a preguntarle a Cristo ¿Quién es mi prójimo? Y entonces la respuesta de Cristo no es una teoría, sino más bien una narración. Lo que cuenta el Señor es la historia de un encuentro, o mejor, la historia de varios encuentros. Porque aquel hombre que fue atracado primero se encontró con el mal, luego se encontró con la indiferencia y finalmente se encontró con el bien.

Yo creo que estas tres palabras son muy importantes para nosotros, porque podemos estar cerca de las personas, cerca para su daño, cerca para su mal. Pensemos en el caso de un mal amigo. Esos amigos que infunden en otros o que propician en otros las malas costumbres. El amigo que enseña a fumar. El amigo que enseña a ver pornografía, la amiga que acompaña a abortar y que paga el aborto. Esos están cerca, pero están cerca para dañar, no para ayudar. Están cerca para dañar. Hay otra manera, estar cerca, pero desde la indiferencia. Qué es lo mismo que estar lejos. Es lo que suele suceder cuando, por ejemplo, en la gran ciudad estamos solos en medio de la multitud. Físicamente, cerca de muchas personas, pero en realidad muy distantes. A veces pasa también dentro de las familias. Hay incluso parejas que, aunque están juntas y aunque duermen en el mismo lecho, sienten que sus corazones están a kilómetros de distancia. O a veces, como en la parábola que cuenta Cristo, sencillamente no tenemos ojos para descubrir la necesidad de la otra persona.

Observa, el primer tipo de prójimo el que está cerca para dañar, no sabe descubrir el bien. El que está cerca desde la indiferencia, no sabe descubrir la necesidad. Pero hay algunos que descubren la necesidad en el hermano y descubren el bien que necesita y se ponen en la tarea. Y esos son los que verdaderamente hacen la obra del buen prójimo. Es muy interesante que Cristo haya puesto como ejemplo a un samaritano, porque los samaritanos y los judíos no se entendían. De modo que los judíos veían muy lejanos a los samaritanos. Como construye Cristo su relato, este hombre que va de Jerusalén a Jericó, tiene toda la posibilidad de ser un judío. Él, que muchas veces ha despreciado al samaritano, ahora solo encuentra ayuda en un samaritano. Yo creo que también es una lección para nosotros. Creo que cometemos un grave error cuando por una etiqueta, por un prejuicio, mantenemos lejos a aquellos que podrían ser prójimos nuestros o nosotros prójimos de ellos. Que estas preciosas lecciones del amor de Cristo queden profundamente grabadas en el corazón, porque, entre otras cosas, de ellas depende nuestro cielo.

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