Esta es tu casa!

Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.

Si tienes que quejarte, quéjate ante Dios, reconoce y proclámalo como Señor de tu vida; todo cambia cuando tomamos esta actitud.

Homilía o263005a, predicada en 20220928, con 5 min. y 43 seg.

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Transcripción:

En la primera lectura de la misa de ayer nos encontrábamos a Job, este personaje del Antiguo Testamento, en un trance terrible de amargura, casi podríamos decir de desesperación. Este es un hombre que realmente no le ve propósito a su vida y que, incluso dice: Mucho mejor que yo hubiera muerto antes de nacer. Son palabras supremamente duras que, como explicábamos en su momento, sin embargo, traen una enseñanza para nosotros. La primera lectura de hoy está tomada nuevamente de Job, pero esta vez nos encontramos a un Job ligeramente más tranquilo. Es el capítulo noveno, la lectura de ayer era del capítulo tercero.

Este es el capítulo noveno del libro de Job y encontramos que este hombre ya tiene un poco más de sensatez. Sigue la tristeza, sigue la amargura, claramente, él está lleno de lleno de fracaso, lleno de desconcierto. Sin embargo, sin embargo, hay una luz de sabiduría que llega hasta su corazón. Y como es un hecho que cada uno de nosotros quizás tendrá que enfrentar en su propia carne situaciones muy difíciles, como lo que le pasó a Job, como es un hecho que de todas maneras tenemos cerca a personas que quizás han sufrido o van a sufrir, solo Dios lo sabe, situaciones pavorosas. Yo creo que este libro de Job bien leído, bien orado, bien meditado, es una lección muy grande para nosotros y es muy importante.

Por ejemplo, mire esta luz de sabiduría que aparece en el capítulo noveno. La luz de sabiduría es esta, dice Job: Yo sé que el hombre no es justo ante Dios. Y dice Job también: Él es tan grande. Y dice también: Y aunque pasara a mi lado, yo no me daría cuenta. Es interesante, es interesante porque estas expresiones nos están mostrando la conciencia que Job tiene de la grandeza de Dios. Pero si vamos a verlo con más detalle, nos damos cuenta que Job se queja de Dios ante Dios. Óigame, eso se queja de Dios porque no entiende lo que le está pasando. Situación que nos puede llegar también a nosotros. Ninguno de nosotros está inmunizado contra esa situación, contra esa experiencia. Entonces, se queja de Dios, pero ante Dios, es decir, no lo niega, no niega ni que Dios exista y, sobre todo, no niega que Dios es el Señor.

Repito, el libro de Job tiene más de 40 capítulos y la entrada así abierta, clara, victoriosa de Dios en el libro de Job, está hacia el capítulo 38 y apenas estamos en el capítulo noveno. Pero date cuenta que Job reconoce que Dios existe, y date cuenta que Job reconoce que Dios es el Señor, Él existe y Él es el Señor. No le entiendo sus caminos, no le entiendo su lenguaje, no le entiendo su propósito, no sé qué es lo que realmente quiere, pero Él es Dios y Él es el Señor, y Él es más grande que yo, Él es el Señor. Es decir, Job no deja de proclamar el señorío de Dios. Es algo parecido a lo que nos encontramos en aquel salmo que hemos oído en la Pasión de Cristo, porque Cristo estaba orando cuando estaba en la cruz, Cristo oraba y decía, entre sus salmos decía: «Dios mío, Dios mío ¿por qué me has abandonado?». Es la misma idea de lo que encontramos aquí con Job. Se queja de Dios, pero ante Dios.

Y lo mismo que en ese salmo, lo mismo que en ese salmo, en el libro de Job el desenlace es muy diferente, es un desenlace de alabanza y de esperanza. Pero entonces, ¿cuál es el requisito que aún en la noche más espesa, en la noche más densa y más triste? Hay que reconocer que Dios es Dios, que es más grande, que posiblemente yo no lo entiendo, que yo no sé lo que está haciendo, pero yo sigo proclamándolo, Tú eres Dios y tú eres el Señor. Es una lección muy importante, muy importante, porque uno puede pasar por momentos, repito, de amargura, de decepción, de frustración, lo importante es si tienes que quejarte, quéjate ante Dios, reconoce que Él es el Señor, proclámalo como Señor de tu vida, todo cambia cuando tomamos esa actitud.

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