Esta es tu casa!

Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.

Los que pasamos por momentos difíciles aprendamos a decir: ¡Dios tiene ideas más grandes que las mías y Él puede estar más cerca de mí de lo que yo mismo me imagino!

Homilía o263003a, predicada en 20160928, con 5 min. y 11 seg.

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Transcripción:

La primera lectura hoy está tomada del capítulo noveno del libro de Job, hemos explicado que todo este libro es como una larga parábola. Recordemos que Cristo en el Evangelio nos enseñó muchas cosas a base de narraciones, y esas historias que nos cuenta Cristo, le sirven para ofrecernos comparaciones sobre qué es y qué no es el Reino de Dios. Podemos decir que el libro de Job es como una especie de parábola que nos plantea graves problemas, graves temas de teología, pero no a la manera de los tratados que puede hacer un hombre como Santo Tomás o como San Buenaventura, sino más bien al estilo de las parábolas que usó Cristo.

En el caso presente, pues, la historia de Job va evolucionando. Vimos en un primer momento que a Job le sucedieron muchísimas desgracias y que con todas esas desgracias encima, su primera reacción fue sumamente noble, él aguantó, aguantó y dijo: Dios me lo dio, Dios me lo quitó. Pero nos damos cuenta que el mismo Job se ve luego agobiado por la magnitud de su dolor. Y esto es hermoso, hermoso en el sentido de que nos damos cuenta que la Biblia es un libro para gente real y la gente real pasa por momentos muy duros y cuando las personas están aplastadas por el dolor, seguramente dicen cosas como las que dijo Job: ¿Para qué nací? Por qué no me morí, chiquito, estaría tranquilo descansando en una tumba. Ese es el lenguaje que utiliza Job, y eso es lo que muchas personas sienten.

Pero este libro no nos quiere dejar simplemente en el momento de la desesperación, lo mismo que tantos salmos tienen palabras muy fuertes, esto no debe extrañarnos, porque es que la Biblia es como una mano tendida que Dios nos da para agarrarnos ahí donde puede sostenernos y atraernos poco a poco con correas de amor hacia su corazón. Entonces, este Dios que nos agarra, que nos sostiene, sacándonos de nuestra miseria, es el que se manifiesta aquí y es un proceso el que viven las personas.

Fíjate, por ejemplo, ese salmo que también rezó Cristo en la Cruz: «Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?» Si uno encuentra una persona que dice, Dios me abandonó, seguramente uno le diría: Oiga, pero no hable así, tenga fe. Nuestra actitud sería regañar, pero esa persona tal vez Dios la está llevando por un camino como el camino que describe ese salmo, el Salmo 22. Y ese camino va desde el dolor del que dice, Dios me abandonó, hasta la confianza absoluta del que dice, Dios es mi victoria. O sea que el salmo le ayuda a hacer un camino. Lo mismo el libro de Job, el libro de Job toma las palabras de aquellos que están agobiados de dolor, pero los va conduciendo a partir de ahí, y a través de ese mensaje y a través de ese camino, los lleva a una confesión real de la gloria divina.

Fíjate nada más en la lectura de hoy, repito, capítulo noveno de Job, cómo ya el tono le cambió a este hombre, cómo él se da cuenta de que Dios es mucho más grande que su cabeza, mucho más grande que la cabeza de Job, son las ideas y los planes de Dios. Entonces Job, que en el momento de la explosión dijo: ¿Yo para qué nací? Ahora ya cambia. Y ahora empieza a decir: Dios es grande, Dios puede estar muy cerca y yo no me estoy dando cuenta. A mí me gusta mucho esa frase que dice Job: Si pasa a mi lado, yo no me doy cuenta. Dios puede estar muy cerca de mi vida. Dios puede estar muy cerca de mí y yo no me he dado cuenta. Dios puede tener planes que yo no alcanzo a escrutar ni alcanzo a entender. Dios, Dios puede estar también en esto. Fíjate cómo va cambiando, el mismo que antes estaba ebrio de dolor y que estaba explotando en su indignación, ahora ya tiene una palabra diferente.

Sigamos en este camino, también nosotros, los que hemos pasado por circunstancias difíciles, tenemos que aprender de este libro para decir: Dios tiene ideas grandes que son más grandes que las mías, y Dios puede estar más cerca de lo que yo mismo me imagino.

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