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Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.
El misterio del mal no se esclarece con razones sino entrando en el misterio de la soberanía desbordante de un Dios poderoso y bueno.
Homilía o263002a, predicada en 20121003, con 4 min. y 51 seg. 
Transcripción:
Definitivamente el libro de Job debemos entenderlo en clave de una discusión y de un drama. En el fondo es el drama del corazón humano cuando se ve presionado por el problema del mal, es la famosa pregunta, es la terrible pregunta ¿por qué pasan cosas malas a la gente buena? Y es una pregunta que no tiene fácil solución, nosotros quisiéramos que toda buena obra fuera recompensada y quisiéramos que toda mala obra fuera castigada. Pero la vida parece burlarse de esta convicción y en más de una oportunidad descubrimos que a los malvados les va bien, mientras que a personas inocentes les suceden cosas realmente terribles.
No hay una respuesta universal para ello y, en parte, el libro de Job es como la demostración de lo corta que se queda la mente humana cuando intenta responder a esta clase de preguntas. Las distintas respuestas, de hecho, respuestas populares en esa época y, tal vez, también en la nuestra, las respuestas que los amigos de Job le van dando a este hombre sobre por qué le han caído tantas desgracias, esas respuestas repiten una y otra vez el mismo estribillo. Debe ser que algo muy malo te sucedió, algo muy malo está dentro de ti, algo malo has cometido y el mal que te sucede es el pago por ese mal que hiciste. Con mucha elegancia, con mucha retórica, con palabras, tal vez, muy floridas, en el fondo los amigos lo que hacen es repetirle a Job ese estribillo.
Y a medida que va avanzando el libro, dos cosas van quedando claras. Primera, que Job es un hombre que ha obrado en buena conciencia, en ese sentido, su mal sigue siendo inexplicable. Pero, por otro lado, lo que también va apareciendo es que la vida misma es mucho más misteriosa de lo que nosotros creemos. Es decir, Dios, creador de todo, parece reservarse unos niveles de libertad que son muy distintos de los nuestros. Y eso es lo que ya asoma en el capítulo noveno en el que nos encontramos en este momento. El mismo Job dice: Yo me doy cuenta de la distancia que me separa de Dios. Me doy cuenta de que no puedo ajustarme a Dios. Nadie es justo frente a Dios.
Qué interesante tomar este texto para descubrir lo que quiere decir la palabra justicia en el Antiguo Testamento. Cuando allí se habla de lo justo, se está diciendo que es lo ajustado al plan de Dios. Y ¿quién puede ajustarse al infinito de Dios? ¿Quién puede realmente estar tan cerca de Él? Así como cuando uno se ajusta el cinturón, así como cuando uno ajusta algo que estaba desajustado. El ser humano va descubriendo su propia pequeñez, va descubriendo que el plan de Dios le desborda, va descubriendo que el misterio de Dios no necesariamente tiene que abrirse ante nosotros, o dicho de otra forma, que Dios no tiene que darnos demasiadas explicaciones para que nosotros admitamos que Él es el Señor.
Y este será el tono de la respuesta final que recibe Job. Más que decirle Dios: Mira, la razón por la que hay males en el mundo es esta y esta y esta otra, lo que más bien sucede es que Job queda como integrado, queda como invitado a entrar en un misterio que le desborda y que finalmente, aunque él no lo pueda comprender, es un misterio de confianza y es un misterio de bondad. Para nosotros, cristianos, esa nube, ese ámbito en el que somos invitados a entrar en el misterio divino, es precisamente la Cruz. Cuando nosotros vemos que lo peor de lo peor le sucedió al mejor de los mejores, es decir, a Cristo, entramos verdaderamente en ese misterio, y entrando en ese misterio que parece confuso, finalmente vemos una salida y vemos que ahí está la Pascua del Señor.

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