Esta es tu casa!

Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.

Cuando uno se cree el más importante se cree el único que tiene razón, el único que hace las cosas bien y termina excluyendo a los demás.

Homilía o261008a, predicada en 20220926, con 3 min. y 58 seg.

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Transcripción:

Los juegos infantiles que tengo a mi lado nos dan un buen contexto para el mensaje que nos trajo el Evangelio de hoy. Ahí están los discípulos discutiendo sobre quién es el más importante. Y cuando uno ha leído los evangelios, hay un momento en el que uno se cansa y dice oye, pero qué era lo que le estaba pasando a esta gente, qué clase de inmaduros eran esos apóstoles que se la pasaban discutiendo semejante cosa. Pero tal vez no nos damos cuenta que esa discusión luego se prolonga de muchas maneras en nuestra realidad humana y cristiana. Por ejemplo, queremos ser los primeros en muchas cosas. Queremos ser los que ganamos más dinero, queremos ser los que tenemos el mejor carro, la mejor tecnología. Hay personas que miran a su pareja casi como una especie de prueba de estatus. Mira la novia que conseguí. Mira esa mujer. Mira ese novio que me conseguí. Mira todo lo que me compra, lo que me gasta. ¿Y qué estamos diciendo con ese lenguaje? ¿Qué estamos diciendo, hermanos? Estamos diciendo que seguimos en la tónica de los apóstoles. Es decir, seguimos buscando quién es el más importante.

El primer punto es no nos creamos muy superiores a esta gente, porque también nosotros tenemos nuestras propias búsquedas de quién es el más importante. Y esto pasa también en la Iglesia, es estar buscando hacer carrera. Lo que han denunciado varios Papas, incluyendo nuestro Papa Francisco, es estar buscando quién tiene el mejor puesto, la oficina más grande, quién asciende más rápido, quién gana primero el título de monseñor o el que tiene la parroquia con mayores recursos. Todo eso sigue siendo lo mismo. Exactamente lo mismo. Seguimos discutiendo quién es el más importante, pero la Iglesia nos propuso en realidad dos mensajes tomados del Evangelio y están seguidos.

Uno es cuando Cristo dice el que se haga como un niño, ese es el más importante. Ese es el primer mensaje. Pero luego está que los discípulos le dijeron oye, mira, había uno que estaba expulsando demonios en tu nombre y hemos querido impedírselo. Y Cristo les dice: No se lo impidáis. Y aquí aparece una segunda enseñanza. Y es que cuando uno se cree el más importante, uno se cree también como el dueño de la cancha, el único que tiene razón, el único que hace las cosas bien. ¿Y qué crees que sigue de esa manera de pensar? Lo que sigue forzosamente es excluir a los demás. Entonces, primer punto. Esa mentalidad de que queremos ser los más importantes, eso sigue también en nuestra vida, eso sigue también en nosotros. Dejemos de estar criticando solamente a los apóstoles. Nosotros tenemos el mismo estilo. Y en segundo lugar, cuidado con esa mentalidad, porque el que está buscando ser el más importante, con mucha frecuencia se convierte en capaz de excluir a los demás. Yo soy el único que sé. Mis ideas son las únicas que importan. Mis oraciones son las únicas eficaces. Yo soy el único que conoce cómo hacer las cosas. Te das cuenta. Dos enseñanzas preciosas en un Evangelio que es breve pero que tiene tanto para darnos. Que Dios nos bendiga y que nos libere de esas mentiras. A ver si entramos de una vez por todas en el camino del Evangelio.

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