Esta es tu casa!

Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.

La incapacidad para acoger a los niños, como se ve con extrema crueldad en el caso del aborto, siempre termina en rechazo al Reino de Dios.

Homilía o261007a, predicada en 20200928, con 17 min. y 53 seg.

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Transcripción:

Queridos hermanos, la discusión de los discípulos parece interminable. Más de un pasaje nos habla de cómo estaban ellos siempre con ese tema. ¿Quién es el más importante? ¿Quién es el más importante? Uno puede preguntarse por qué esa pregunta era tan importante para ellos. Y hay dos respuestas que conozco sobre por qué para ellos era eso tan importante. Primera respuesta. Resulta que la manera como ellos veían las cosas era la siguiente, Jesús es un gran líder. Jesús es el Rey y va a ser coronado y reconocido como rey. Y cuando Jesús sea rey en la corte, que Él va a tener como rey es muy importante tener un buen lugar. Por eso también tenemos un pasaje en el que Juan y Santiago, los hijos del Zebedeo, le piden a Jesús: Queremos sentarnos uno a tu derecha y otro a tu izquierda cuando estés en tu reino. Ellos tenían una idea muy política, muy mundana, si se quiere, del poder de Cristo. Que Cristo hablara del perdón de los pecados y del Reino de Dios.

Ellos lo asociaban todo con una demostración fantástica de poder que Cristo iba a dar y que por consiguiente había que prepararse para ese momento. Entonces ellos estaban ya haciendo planes. Haz de cuenta. Es una comparación muy rústica. Haz de cuenta. Los amigos de un candidato presidencial tratan seguramente de tener un lugar muy especial en los planes, en los proyectos, en el corazón del candidato. Porque el día que no sea candidato, sino que sea el presidente, pues tendrá que repartir ministerios y todas estas responsabilidades que traen también sus privilegios. Entonces, una razón por la que ellos discutían sobre quién es el más importante parece ser que tiene que ver con esa manera como ellos miraban la misión de Cristo.

La segunda razón por la que ellos parece que discutían entre sí sobre lo más importante es porque ellos venían de muy distintos pasados. Tenían antecedentes muy diferentes y por eso las tensiones entre ellos eran una cosa cotidiana. Una vez vi un material de preparación a la Primera Comunión, en el cual se hablaba de la Eucaristía como la fiesta de los amigos de Jesús se queda muy corto cuando habla de fiesta. Es una expresión realmente inapropiada. Si pensamos que en la Eucaristía está renovándose ante nosotros y estamos uniéndonos al sacrificio de Cristo en el Calvario. O sea que ya por ahí empezamos mal. Pero además, esa imagen un poquito moralizante para tratar de enseñar a los niños a que no peleen. Entonces eran los amigos de Jesús, los amiguitos de Jesús. Vamos a ser todos amigos y se puede hacer uno la idea de que los discípulos tenían una especie de convivencia que era una maravilla. Los evangelios no muestran eso.

Había muchas razones de tensión entre ellos y una manera de imponerse sobre el otro es declararse o considerarse uno como más importante. Ahí tenemos esa situación. Por ejemplo, algunos de ellos tenían muchísima instrucción. Es el caso de Natanael, llamado también Bartolomé. Mientras que había otros que eran simples pescadores. Algunos de ellos eran de tendencia, hoy diríamos de izquierda, como Simón el Zelota o como Judas Iscariote. Mientras que había otros que eran más bien de tendencia colaboracionista con el imperio, como Mateo, que había sido cobrador de impuestos. Entonces esto, imagínate por ejemplo, la relación entre Mateo, cobrador de impuestos y Simón el Zelote guerrillero Mateo colaborando con los romanos y Simón el Zelote tratando de matarlos. Pues estoy exagerando, quizás un poco, pero es para que hagamos una idea, tengamos una idea de las tensiones. Entonces, con todas esas tensiones, estos tenían sus peleas y tenían sus problemas. A ver cuál es el más importante.

Frente a toda esa pelea por el poder, Jesús toma un niño de la mano y les dice: El que acoge a este niño en mi nombre, me acoge a mí. El que me acoge a mí, acoge al que me ha enviado. Hay que acoger el Reino de Dios como un niño. Acoger el Reino de Dios como un niño. No son cualidades lo único que tienen los niños. Los niños también suelen tener algunos defectos. A veces pueden ser muy dispersos o pueden ser egoístas, o pueden ser descuidados, o sucios, o poco corteses o desagradecidos. Seguramente los papás y mamás entre ustedes saben muy bien de los defectos de los niños. No porque los niños sean pequeños, no tienen defectos. Como alguien decía, los niños pequeños a veces no tienen más defecto porque no son más grandes Hay que esperar a que crezcan otro poquito para que los defectos también crezcan otro poquito. Pues eso nos indica algo. Pero hay cosas muy buenas que podemos y debemos aprender de los niños. El niño tiene capacidad de asombro. El niño tiene capacidad de recibir como un regalo. El niño tiene capacidad de confianza. Muchos niños tienen una gran capacidad de alegría. Entonces, date cuenta. Date cuenta que hay una serie de cualidades de los niños que nos muestran cómo debemos nosotros recibir el Reino de Dios con asombro, con gratitud, con alegría, con confianza. Porque el que está haciendo demasiados cálculos de qué gano yo con esto o qué gano con lo otro aquí, qué hago con esto, qué hago con lo otro. Realmente esa persona que está haciendo tantos cálculos finalmente está tratando de buscar su propio poder, su propia gloria.

Entonces la enseñanza tal vez central es esa nosotros somos llamados a recibir el reino de Dios de esa manera. Si quiero recibir a Cristo, tengo que recibirlo como lo recibe un niño. Pero también está la enseñanza de que para recibir como un niño hay que aprender a recibir a los niños. De hecho, lo que dice Cristo es eso El que acoge a un niño como éste me acoge a mí. O sea que la enseñanza es doble atención a esto. Por una parte, debo aprender a recibir el Reino de Dios como un niño, pero por otra parte, debo aprender a recibir a los niños para recibir al Reino de Dios.

Y es muy interesante que digamos esto hoy, porque hoy, precisamente veintiocho de septiembre, hay toda una disputa en redes sociales, como hay una disputa en tantos ámbitos de la sociedad entre aquellas personas que por fin se quitan la careta. Bendito sea Dios. Las caretas están cayendo. Esa careta de que el aborto era para defender a la mujer, esa careta de que el aborto era como una especie de derecho. Eso está cayendo, gracias a Dios está cayendo esa careta. Te acuerdas que siempre nos decían el aborto pero solo en tres causales. Nos creían estúpidos, creían que no nos estábamos dando cuenta que lo único que ellos querían era abrir una rendija, porque abriendo la rendija se mete la cuña y metiendo la cuña se abre la puerta, que es lo que ha sucedido en todas partes y algunos entre ellos este servidor, lo hemos anunciado. Pues bien, no hay nada que rechace de una manera más brutal, más cruel y más homicida que rechace a los niños. No hay nada peor que el aborto. No puede haberlo. Es la máxima crueldad contra la máxima inocencia. Por eso no hay crimen, peor humanamente hablando, que el aborto. Y por eso uno empieza a entender por qué las personas que van en esa línea abortista muy pronto se vuelven con rabia, rabia satánica, se vuelven contra la iglesia. Destruir las iglesias, atacar a los sacerdotes a profanar la Eucaristía, a burlarse de la Virgen, a blasfemar a destajo. ¿Por qué? hoy lo entendemos con este Evangelio. Porque si hoy aceptar el Reino de Dios como un niño. Y para eso hay que aprender a aceptar a los niños, no hay nada que rechace más a los niños que el aborto. Repito, es la máxima crueldad contra la máxima inocencia.

Entonces, ¿qué te esperas de ahí? ¿Qué puedes esperar de ahí? El que rechaza a los niños, sobre todo a los más inocentes de entre todos los niños que son los no nacidos. El que rechaza así a los niños. ¿Qué quieres que te diga? ¿Qué quieres que te diga? necesariamente le está gritando. Le está escupiendo un no en la cara a Dios. Y eso es lo que sucede precisamente con el aborto. Finalmente, terminemos con otra idea. Cristo nos hace una advertencia porque no se queda solo en el caso de los niños. Mira lo que dice el más pequeño de vosotros es el más importante. Esa es la sociedad que quiere Cristo. Y de esto sí que nos ha hablado muchísimo el Papa Francisco. Soy perfectamente consciente que hay palabras del Papa que son demasiado ambiguas y bueno, hay reparos que se pueden tener como frente a tantos otros seres humanos. Hay reparos que se pueden tener frente al Papa, pero yo te quiero decir que más claro no nos ha podido hablar. Yo diría que el segundo lema de Francisco del, Papa Francisco es esta frase: El más pequeño de vosotros es el más importante.

El primer lema de Francisco es su lema episcopal, que es también el lema pontifical. Y ese lema es tomado del comentario de San Beda por la conversión de San Mateo. Dice San Beda leyendo porque se compadeció de él, lo eligió. Ese es el lema episcopal y pontifical de Francisco. Ese es su primer lema. Pero el segundo lema de él, diría yo que es este el más pequeño de vosotros es el más importante. O sea que así como debemos respetar la vida y defender la vida del no nacido, tenemos que preguntarnos cuál es el menos importante y cuál es el menos importante en esta sociedad, el que parece más inútil, el que parece que no ofrece nada, el que no parece simpático, el que no va con la corriente de opinión de todos. Todos estos son ejemplos de personas que con mucha frecuencia consideramos como menos importantes, entre comillas, menos importantes y por eso el cristiano que quiera ser verdaderamente provida no puede limitarse solamente a los niños no nacidos. Hay que pensar en qué hacemos y cómo estamos tratando al anciano, cómo tratamos a la persona que no nos cae bien y que en nuestro corazón la relegamos a la mínima importancia. Si en tu corazón hay personas que tú sientes que desprecias. Personas que tú sientes que excluyes. Jesús está repitiéndote esta frase el más pequeño en tu corazón, en tu valoración, tiene que ser el más importante. Dale el bote, dale la vuelta a la manera como miras.

Entonces, la gente que más te fastidia, tal vez porque te ha hecho daño, tal vez porque no comparte sus ideas, tal vez porque reprueba su comportamiento. Esos son los que tienen que estar de alguna manera como más importantes en tu propio corazón. A mí me parece que el desafío que nos pone Jesús el día de hoy. Es impresionante porque esto vale para cada uno de nosotros. Seamos sinceros, mis hermanos, cada uno de nosotros tiene su gente que es menos importante. Y repito, esto pasa en la familia. Un dolor salvaje tuve en mi corazón con lo que vi que pasaba en una cierta familia. Estaban organizando sus vacaciones. Esto fue en otro país. Y todos felices organizando sus vacaciones que incluían un largo viaje por tierra y un hotel de lujo y muchas cosas. Pero como resulta que en casa tienen por allá una tía, no sé si era tía abuela. En fin, una persona que es muy limitada en su movilidad, pues conseguimos alguien que venga y atienda a mi tía, ella que se quede ahí las vacaciones de la tía para cuando esas no existen, esas no existen. Ella como está amarrada a su silla de ruedas. O tal vez era cuadrapléjica, qué se yo. Ella como está ahí, entonces no puede haber vacaciones para ella. Claro, alguien me dirá: Pero y entonces ¿qué tipo de vacaciones puede haber para mí? Yo sé que no todo puede ser con estas personas. Estoy de acuerdo. Incluyendo el trabajo mismo, la vida laboral. Pero no se puede pensar en alguna manera algún tipo de descanso, algún tipo de reunión, algún tipo de vacación donde también esta persona pueda ver otra cosa y no solo el techo de su habitación. No se nos puede ocurrir algo.

Entonces por eso la importancia de lo que dice nuestro Señor Jesucristo. La importancia de que nos hagamos estas preguntas ¿Dónde están las vacaciones de los que presentan una deficiencia si la llamamos una deficiencia mental? ¿Dónde están esas vacaciones de esas personas? ¿Dónde están ellos en nuestra alegría? Cuántas veces empezamos a silenciar a las personas porque nos parecen tontas, o nos parecen anticuadas o nos parecen inexpertas. A veces se silencia y se desprecia la voz de los niños. Por algo Jesús tomó el niño aquí. Entonces fíjate que el primer incluyente en el verdadero sentido de la palabra incluyente, es Jesucristo, porque hoy se quiere hacer pasar por incluyente a que incluyamos el pecado, que eso es una cosa totalmente diferente. El verdadero incluyente. Esa es la otra lección que nos da este evangelio. El verdadero incluyente es Jesucristo y el verdadero incluyente es que pensemos bueno, ¿y qué pasa con esas otras personas que muchas veces ni siquiera volteamos a mirar? Son preguntas muy serias, son preguntas que Jesús nos hace y que nosotros no debemos despreciar. Esas preguntas nos golpean y tienen que golpearnos como personas, como familias, como países. Mira en dónde han metido su garra, el comunismo, en donde tú puedes mirar los países donde ha hecho su terrible daño el comunismo. Y siempre te encontrarás que en las vísperas de la entrada del comunismo siempre ha habido regímenes de poder excluyentes. Es que la humanidad no está hecha para ese tipo de exclusión.

Entonces, cuando se centra todo en una clase social que es la que siempre gana, la que siempre puede, la que siempre disfruta, y hay otra clase social que nunca tiene, que nunca puede y que siempre es engañada. Estás preparando una bomba. Luego no te quejes, por favor. Luego no te quejes cuando te llegue el bombazo, cuando te llegue el problema, cuando te llegue el comunismo y después de que llegue a ver, a ver, a sacarlo, a ver, a sacarlo. Qué cosa tan terrible. Y son años y son décadas. Y hay gente que se ha muerto esperando el final de ese régimen comunista y no llega. Entonces por eso estas preguntas tenemos que hacerlas con seriedad, como personas, como familias y como sociedad. Grandes enseñanzas que nos da nuestro Señor Jesucristo.

Entonces, ¿qué aprendimos hoy? Tres cosas. Primero, ¿por qué discutían los discípulos sobre quién es más importante? Ahí le queda a usted esa pregunta no se la voy a responder ahora, si quiere, después mira el video, oye la homilía. Segundo, los niños. Hay que recibir el Reino de Dios como un niño y hay que recibir a los niños. Eso explica la rabia diabólica de los abortistas en contra de la iglesia y en contra de Dios. Claro, están cerrándose completamente al Reino de Dios. Y tercero, el tema del más pequeño es el más importante. ¿Qué significa? Que cuando nosotros nos examinamos debemos preguntarnos quiénes son esos menos importantes en mi propia casa, en mi propio corazón, y luego también en mi país e incluso en el mundo. Amén.

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