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Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.

El libro de Job: precioso ejemplo de teología narrativa.

Homilía o261003a, predicada en 20121001, con 5 min. y 17 seg.

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Transcripción:

Queridos hermanos, durante los estudios de filosofía nos acostumbramos a plantear ciertas cuestiones de un modo particularmente teórico. El lenguaje propio de los filósofos suele ser bastante abstracto. Cuando hablan del conocimiento, el ser o la realidad, es una construcción teórica que tiene su utilidad, que puede ayudar a afianzar ciertos principios, ciertos criterios. Pero definitivamente no es la única forma de hacer preguntas y preguntas muy profundas. El libro de Job que estamos empezando a leer el día de hoy. Nos muestra otra manera de plantear preguntas. Una manera, si se quiere, más cercana al transcurrir mismo de la vida. Quizás el libro de Job es un ejemplo de lo que se ha llamado teología narrativa.

De lo que se trata es de eso, de una narración, una narración que suscita profundas preguntas como por ejemplo ¿qué es amar a Dios? ¿Qué se puede esperar de Dios? ¿En dónde está nuestro bien? Dios necesita que alguien lo defienda. Dios necesita justificarse. ¿Cómo funciona lo lógico y lo bueno? A veces lo bueno no coincide con lo lógico. A veces lo lógico no coincide con lo bueno. Creo que lo más interesante que vamos a encontrar en el libro de Job. Es el hecho de que nuestras explicaciones resultan insuficientes. Los personajes, además de Job, que van a aparecer durante muchos capítulos, son sus amigos. Pero el papel de estos amigos en el libro es sobre todo ayudar a que uno critique la manera como uno suele presentar a Dios. De modo que todo el libro es como un ejercicio de depuración de la imagen de Dios.

Todo el libro es como una especie de ascenso necesariamente parcial, porque Dios es infinito, pero un ascenso que quiere que nuestra imagen de Dios se pueda limpiar, se pueda purificar. Espero que con la ayuda del Señor, en los días que vienen y en la lectura que nosotros mismos hagamos de estas páginas, podamos tener también una transformación. Conviene recordar aquí que hacia el final del libro, la exclamación de Job es la siguiente: ¡Yo antes te conocía de oídas, pero ahora te han visto mis ojos! Las páginas del libro no fueron pérdidas, por lo menos no fueron pérdidas para Job. En el trayecto de esos más de cuarenta capítulos, Job tuvo un verdadero ascenso en su conocimiento y en su amor a Dios. Lo deseable es que también nosotros, al recorrer esas páginas, tengamos un ascenso semejante.

Pero todavía más, lo deseable es que cuando nosotros pasemos por experiencias de devastación, por experiencias de desengaño, por experiencias de desierto, de contradicción, de persecución, de fría indiferencia alrededor nuestro, en vez de estacionarnos, avancemos en vez de quedarnos lamentando que fue insuficiente lo que conocíamos de Dios. En vez de quedarnos así, emprendamos la marcha hacia ese Dios que no deja de sorprendernos y sigamos caminando hacia ese Dios que nos saluda siempre desde el futuro.

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